sábado, 16 de noviembre de 2013

Capítulo 31: Una nueva armadura.


[“Mi cuerpo retrocede hasta chocarme con la puerta y las dos estatuillas de murciélagos emiten un chillido tan largo y agudo que tengo que taparme los oídos. El chillido dura lo suficiente para que el sacerdote negro esté delante de mí y cuando se acaba ya no puedo hacer nada para impedir lo que me va a suceder: me cuelga el collar y recibo una descarga eléctrica que me adormece y en mi mente noto como si algo espirase todos mis recuerdos.” –Uko]


Narra Uko.

La verdad es que Dinaria es muy fuerte. Esquivo la mayoría de sus ataques físicos pero me es difícil acercarme a ella y pegarla cuerpo a cuerpo, ya que en cualquier momento podría atacarme con sus poderes. Ese es otro problema: aquí todos tienen magia en su cuerpo e interior (exceptuando a los esclavos “Sin alma”) menos yo. ¿Alguna vez la he tenido? Porque no lo tengo almacenado en mi cabeza. Sigo esquivando los golpes de la chica del calor hasta que deja de atacarme.

-Se acabó lo fácil, chaval. –dice, jadeante. Me preparo para algo letal y doloroso. Dinaria no se mueve de su sitio y se rodea de ondas de calor. Mi cuerpo empieza a sudar y a deshidratarse. Necesito agua. Un nuevo recuerdo llega a mi mente: estoy en la mazmorra y formo una llama de agua flotante. Agua flotante… Me pongo de cuclillas y me apoyo con las manos en el suelo. Repito varias veces las dos palabras anteriores y veo que globos de agua sucia empiezan a ascender de la arena. Atraigo unos cuantos para que exploten en mi cuerpo, hidratándolo y los restantes se quedan en su sitio, aumentando de masa y volumen. Extiendo mis brazos y manos hacia delante y hago que se dirijan hacia mi contrincante, a toda velocidad. Dinaria se crea una barrera de ondas caloríficas para impedir mi ataque y protegerse. Tres del bando de globos son destruidos pero consiguen crear unas pequeñas grietas.. Los demás consiguen romper la barrera y mojar a Dinaria. El agua se evapora pero hace que su calor corporal disminuya rápidamente, y se queja del dolor que recibe al tener contacto con el líquido hidratante. Aunque se esté tambaleando, Dinaria se prepara para lanzar otro ataque mágico, pero el Maestro y el Caballero dan por finalizada la pelea. La terraza donde están sentados desciende y los dos se acercan a nosotros. Thask me entrega una caja y Dinaria se cruza de brazos, enfadada.

-Esta es tu comida, no la desperdicies. –dice autoritariamente.–Dentro de una semana os reuniremos aquí para entrenar duramente. Asiento y mi compañera me dice que volvamos a la celda con los demás. Me despido de los dos hombres y sigo a la chica, que está enfadada porque haya ganado yo y no ella.

-Toma. –le digo, abriendo la caja y dándole la mitad de los alimentos: 3 panes, una botella de agua de
2l y una lata de conserva.

-No sé por qué la desperdicias, si eres el afortunado que va a tener comida durante toda la semana.

-Porque no ganaríais, y tenéis que estar alimentados para tener fuerzas y ganar.

-Hmmm, de acuerdo. –responde Dinaria, poco convencida cogiendo su parte de alimentos y envolviéndola con su chaqueta.

Pasa una semana y gracias a los entrenamientos diarios en el coliseo, me siento más fuerte, aunque sigo teniendo recuerdos perdidos. El Maestro Gorb nos ha enseñado técnicas de combate mágico y físico, y también  que no tenemos que dejarnos manipular por los sentimientos del enemigo en una pelea, cuando el ganar es el objetivo principal. Hirun, Dinaria, Golm y yo entramos a la arena esperando al Maestro. Aparece en su terraza y nos dice que si hoy sale todo bien, recibiré algo importante. Lucho duramente contra Hirun y le derroto. Al terminar, los murciélagos de Gorb traen unas cajas metálicas. Tres de las 4 se abren y unas piezas metálicas se adhieren a los cuerpos de mis compañeros. Son armaduras.

-En poco tiempo has conseguido estar a la altura de tus compañeros. Asique este es tu premio. –dice el maestro. La caja metálica se abre y las piezas metálicas se unen a mi cuerpo. Están cubiertas de un lodo escurridizo y marrón.

-Las armaduras protegen nuestro cuerpo, y cada una es de nuestro elemento. –Me explica Golm. Veo que la suya es de cemento, la de Dinaria de calor y la de su hermano mellizo, de gas. Estamos protegidos de pies a cuello, la cabeza no.

-Me gustaría probarla.

-Bien, si quieres, seré tu oponente. –Me responde Gorb y me sorprende. Me esperaba luchar contra algo de sus monstruos, pero no contra él directamente.

-Ten cuidado con los murciélagos. –me susurra Hirun al oído.

Me pongo en guardia y cuando el maestro está listo, creo un torbellino de agua para que lo empape e inmovilice por unos minutos. Gorb se quita la túnica y la lanza al aire. De esta aparecen 20 murciélagos. 4 destruyen mi torbellino y otros 6 se dirigen hacia mí. Escondo la cabeza detrás de mis brazos y uno cae al suelo torpemente, pero otro me muerde en el hombro y grito de dolor. Lo cojo y lo tiro al suelo, luego le doy un pisotón y desaparece. Me quedan dos. Les lanzo bolas de lodo y uno se protege con sus alas, mientras el otro que venía a morderme, se la traga entera y se desvanece, como el anterior. Uso mi ataque que usé contra Dinaria y atrapo a los dos que me quedaban y había perdido de vista. Y también contra los que protegen al maestro, pero las esquivan velozmente. 3 de los 6 escupen un chorro morado que hace cenizas todo lo que toca. Me preparo para esquivar sus rayos pero un cuarto empieza a emitir un chillido espeluznante como el de la primera vez que estuve aquí. Eso hace que mis 5 sentidos se distraigan y que uno de los rayos queme el lodo de mi armadura del pie. Junto mis manos y las separo, haciendo que lance un enorme chorro de agua sucia, derribando a los 4 murciélagos. Los dos últimos se desvanecen y detengo en seco el chorro, desviando su trayectoria hacia el suelo.
-Excelente. –dice Gorb, aplaudiendo. Miro a las gradas para ver cómo se lo han tomado mis compañeros y bueno, no es que les haya sorprendido del todo ni enfadado, pero parecían estar muy atentos.

domingo, 27 de octubre de 2013

Capítulo 30: El coliseo


[“Thask le manda algo en irlandés y el inhumano me coge de la muñeca, no muy amablemente. Me lleva a un pasillo con una puerta en el final de este. Es una celda, lo sé porque tiene unas barras en la ventanilla de la puerta. La abre y me quedo por unos instantes mirando al esclavo, y este, con una cara horrible me empuja al interior de la mazmorra.

Está oscuro y no puedo ver muy bien, pero mis ojos se acostumbran a la oscuridad y me parece ver a 3 individuos. Uno de ellos enciende una llama y me la lanza.” –Uko]


Narra Uko.

No digo nada y el sacerdote repite su comentario: “Tu tío y yo éramos grandes amigos”, añadiendo un “Es verdad”. Esto último se queda retumbando en mi mente y me alejo de ese hombre lo suficiente como para tener el valor para negárselo.

-No le creo. –digo.

-Perdóname por no haberme presentado. Mi nombre es Gorb y soy el Maestro de Artes Oscuras. Tú debes de ser el sobrino de mi examigo de la infancia, Shep. Te he reconocido por los ojos, son idénticos a los de tu tío.

-¿A qué viene esto?

-Sigues sin creerme, por lo que veo. Entonces observa atentamente a esto. –dice con una voz serena, tocando el círculo de su colgante. Este se ilumina y proyecta una pantalla gigante. La pantalla está de color negro hasta que el Maestro Gorb vuelve a tocar su colgante y se sienta en el sillón de su mesa de escritorio. Aparece una imagen de dos chicos jugando a las damas.

-Aquí estábamos tu tío y yo jugando a las damas de críos.

Aparecen más imágenes y el maestro Gorb las va describiendo.

-Y esta es la última de mis recuerdos antes de la guerra de “Mad Thured”. Mis padres y familia murió y Shep vino a calmarme. Después de la discusión que tuvimos, ambos estuvimos en distintos bandos. Yo Fomóre y él Tiatha Dé Dannan. –la pantalla se apaga y el hombre se acerca a mí, quitándose el collar de su cuello.

Mi cuerpo retrocede hasta chocarme con la puerta y las dos estatuillas de murciélagos emiten un chillido tan largo y agudo que tengo que taparme los oídos. El chillido dura lo suficiente para que el sacerdote negro esté delante de mí y cuando se acaba ya no puedo hacer nada para impedir lo que me va a suceder: me cuelga el collar y recibo una descarga eléctrica que me adormece y en mi mente noto como si algo espirase todos mis recuerdos.

-N…no podrán manipularme para siempre. –susurro.

Cuando me despierto, me encuentro en una habitación con poca luz y de paredes oscuras con la puerta igual a la de la celda. El recuerdo de la muerte de mi tío aparece en mi cabeza y me vuelvo a arropar con la sabana que tenía, quedándome dormido de nuevo. La segunda vez que me despierto es por la escasa luz que ilumina la pared y proviene de fuera. Un esclavo entra con una antorcha colgante sobre su hombro derecho. Me desarropo y me levanto para que me saque de aquí. El sin alma me esposa las manos de nuevo y salimos de esa habitación. Me conduce hasta el pasillo de la mazmorra y me mete en la celda. No hay nadie y pienso que se han confundido de celda. Me quedo esperando a los demás, cuando veo que algo metálico refleja unos pocos rayos de luz. Lo cojo y observo que tiene forma de llave. Compruebo metiéndola en la cerradura para saber si cabe en esta, y sí. Sí que cabe asique abro con cuidado la puerta y miro a mí alrededor: ningún guardia en mi camino. Me dirijo hacia el pasillo central y de este al gran portal del final. Pongo mi mano derecha para abrirla y se abre, gracias a la estrella negra que tengo tatuada. Cuando la veo, me trae un mal recuerdo, no el de mi tío, sino en el que discuto con una chica de pelo rubio, Las dos puertas se abren al mismo tiempo y lo que había allí, detrás de esas puertas tan altas es enorme: un coliseo.

En el centro hay una chica de pelo rojo llamativo luchando contra un monstruo gigantón. La bestia le lanza una especie de moco grande y la chica lo esquiva con facilidad. El moco se dirige hacia mí y cuando veo que está cerca, retrocedo mi pierna izquierda,  me agacho de espaldas y levanto mis brazos, separándolos para que la cadena de las esposas se tense. Voy a perder el equilibrio cuando la pegajosa y ácida sustancia de moco consigue destrozar la cadena. Caigo al suelo y me levanto, y veo que la chica pelirroja me mira enfadada. La reconozco por la cara: es Dinaria.

-¿Qué diablos haces aquí? –exclama. Se gira hacia la bestia y cuando llega a su vientre, le lanza una gigantesca onda de calor. Dinaria gana. Se oyen unas risas y aplausos desde arriba. Entro a la arena y veo que son Gorb y Thask. Estan juzgando y comentando en combate de Dinaria contra aquel monstruo gigante y baboso, pero se quedan callados cuando me ven. La joven pelirroja acaba con los minutos de silencio, exigiendo:

-¡Eh! ¿Y mi comida?

-La tendrás si derrotas a vuestro nuevo compañero de la mazmorra. –le responde Thask, desafiante.
Dinaria se queja y flexiona sus manos juntas hacia delante estirando sus brazos. –De esta no saldrás con buena cara, novato. Pero te lo pondré algo fácil. –me masculla con voz ganadora. Genial. Acabo de llegar a aquí y solo me tratan malamente. La chica corre hacia a mí, con su puño derecho preparado para soltarme un puñetazo, pero se lo esquivo por poco. Usa su otro puño y consigue darme en la cara, pero le agarro con fuerza su brazo izquierdo y ahora soy yo quien pega un puñetazo, en su tripa.

Este combate será complicado para mí, ya que estoy en desventaja y no tengo ningún poder para atacar a Dinaria como ella hace.

domingo, 13 de octubre de 2013

Capítulo 29: Los jóvenes de la mazmorra.


[“-El objetivo de ellos ahora es hacer que Uko sea invencible contra nosotros. Yo creo que deberíamos de ir avanzando y fortaleciéndonos a la vez.
-Tu opinión es buena, pero nos pondríamos en peligro más aún. No descarto lo de avanzar, pero opino que deberíamos de entrenar en vuestra tierra. –Nos dice nuestra maestra a los 3. Mis amigos y yo compartimos unas miradas de aceptación a las propuestas y asentimos a Catrin y Ogmios.” –Sophie]


Narra Uko.

No sé cuánto tiempo llevaríamos bajando por esa senda de escaleras en forma de espiral o caracol. Están sujetas por un enorme cilindro de carbón. El caballero va detrás de mí con una antorcha, lo sé porque me he girado para ver qué había a mis espaldas, y ahora sé también que cualquier huida hacia el exterior es inútil, ya que los escalones que voy pisando se evaporan como el humo. Thask acerca su antorcha al carbón y tengo que ponerme en el borde de las mareantes escaleras para no quemarme por culpa de las chispas que salten. Me saltan una a la mejilla izquierda y tengo que acercar mi mano izquierda mojada a la quemadura para aliviar el dolor. Poco tiempo puedo usar mi poder por que este se evapora rápidamente. Seguimos bajando hasta que veo una luz a lo lejos. Es morada e ilumina con poca intensidad. Nos acercamos más y veo que sale de una especie de arco de bóveda, decorado con una estatua de una extraña especie de dragón, fino y estrecho, con el cuerpo de gallo, patas de paloma, cara de Fomóre (la raza del bando enemigo), cuernos de minotauro y lengua de serpiente. Cruzamos el arco y oigo un rugido. Se me pone la piel de gallina, trago saliva y no quiero ni pensar que el bicho de la entrada tiene vida propia. El caballero Thask llama a un esclavo, tocando la campanilla que hay a nuestra izquierda, y un ser sin alma se acerca a nosotros. Thask le manda algo en irlandés y el inhumano me coge de la muñeca, no muy amablemente. Me lleva a un pasillo con una puerta en el final de este. Es una celda, lo sé porque tiene unas barras en la ventanilla de la puerta. La abre y me quedo por unos instantes mirando al esclavo, y este, con una cara horrible me empuja al interior de la mazmorra.

Está oscuro y no puedo ver muy bien, pero mis ojos se acostumbran a la oscuridad y me parece ver a 3 individuos. Uno de ellos enciende una llama y me la lanza.

-Cógela con cuidado. –dice, y así hago, aunque la llama se humedece a causa del agua húmeda mojada en mi mano de antes. La pongo en el centro e ilumina un poco como para que pueda ver el aspecto de los demás. No tienen pinta de ser monstruos o seres diferentes a los humanos. Intento hacer una llama flotante de agua, pero lo único que hace es que gotee. Unas poquitas gotas caen a la llama central y la voz de antes se queja. Por la voz, es una chica. Extingo mi llama y la dueña de la llama calorífica hace que esta sea más luminosa y potente. Por fin puedo ver las caras de los otros “presos”. Son dos chicos y una chica.

-¿Quiénes sois? –pregunto, sentándome en el suelo.

-Me llamo Golm. Hace unos meses que me encerraron aquí. –dice el chico que está a la izquierda de la chica. Coge una piedra del suelo y se la pasa a su compañera.

-Yo soy Dinaria. Soy la que más tiempo lleva aquí, 5 meses. Termina y le pasa la piedra a su compañero restante. Se parecen en la cara.

-Mi nombre es Hirun y soy mellizo de Dinaria. Yo llevo 2 meses aquí.

La información que me han dado no es muy útil, ya que mi mente está llena de preguntas. Hirun me pasa la piedra, tirándomela y da en una de mis mejillas. Me sangra un poquito. Los 3 se quedan mirándome y comienzo:

-Yo… yo me llamo Uko y estoy aquí desde hoy. ¿Por qué estáis aquí?

Dinaria va a hablar y le lanzo la piedrecilla.

-Eso es algo que no te podemos contar ahora.

Se hace el silencio hasta que un esclavo abre la puerta y me saca de allí. Me pone unas esposas y me lleva hasta unas escaleras que están al final del pasillo principal, al lado de un portal enorme. Son más anchas y hay antorchas que las iluminan. Subo, tirado por el sin alma, y rápidamente llegamos al final de los escalones y a un portal rojizo. El esclavo golpea a la puerta unas cuantas veces y se abre.

La habitación donde me encuentro ahora es enorme y más luminosa que la mazmorra y pasillos de esta base, además de tener una terraza enorme en el fondo y 7 estatuillas de murciélagos en las paredes de mi izquierda y derecha. También hay 1 en cada lado del ventanal que comunica la habitación con la terraza, y 2 en la pared de la entrada, en cada lado del portal. Doy unos pasos hacia delante y las plantas de mis zapatos notan un suelo diferente: una enorme alfombra granate con una estrella idéntica a la que tengo tatuada en su centro. Me acerco al ventanal y cuando estoy a punto de abrirlo, oigo unos chillidos de las estatuillas. Inexplicablemente, cobran vida, salen de la pared y se mueven rápidamente sin control. Me agacho cerca de la mesa para que no me vean y a los pocos minutos el alboroto aéreo cesa. Me levanto y no veo a ninguno de los 20 murciélagos en sus estatuillas. Parpadeo y doy unos pasos hacia atrás, cuando me choco con alguien. Suelto un mini grito de susto y me giro para saber quién es.

Es un hombre mayor, alto, de pelo gris liso y largo. Sus ojos son negros (no se le ve el iris ni la parte blanca del ojo, asique parece que solo lleva la pupila) y no tiene cejas. Viste una túnica morada oscura y dos mechones largos de pelo destacan de ella. Por último, veo que lleva un colgante, dónde un círculo negro cuelga de este. Sus ojos opacos se clavan en mí y me dice, con un tono extraño:

-Tu tio y yo éramos grandes amigos.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Capítulo 28: Nuevos planes


[“Entré al comedor y vi que Sophie se disponía a lanzarle un ataque a Uko, y este iba a protegerse.

-¡Parad!

[…] Detengo la pelea mágica lanzando una bola de absorción al punto de colisión entre los dos ataques, y esta los absorbe.

[…]

-¡Ya vale los dos! –digo enfadada. –Sophie sal de aquí. –la chica gruñe entre dientes y sale del comedor. –Y voy a hablar seriamente contigo. –digo refiriéndome a Uko.
 “-Catrin]


Narra Sophie.

Los rayos de sol que traspasaban las ventanas me ciegan los ojos. He estado en vela no sé cuánto tiempo, pero las lágrimas que derramaba ayer han desaparecido, ahora soy diferente. He asumido los hechos y eso me ha hecho más fuerte. Soy la segunda en bajar y desayuno con Deidre, mientras charlamos. Los chicos bajan y miro con otros ojos a Uko. Deidre y Crold salen del comedor para preguntarle a Catrin sobre lo  ue haríamos hoy y aprovecho para soltarle algunas cosas al traidor. Empiezo la discusión levantándome haciendo ruido y le suelto lo primero que se me viene a la cabeza. Discutimos hasta que Catrin detiene la pelea con magia y me ordena que salga de allí. Mi ira no ha desaparecido aún y decido descargarla en mi pirámide de preparación. Acabo con todas las bestias que se ponen delante de mis ojos hasta que Catrin me sava de allí y me ordena que vaya al comedor con los demás. No veo a Uko y relajo mis músculos tensos. Me siento con mi amiga e hijo de Catrin y comienza la charla. El bando de Morrigan nos pisa los talones (literalmente) y tenemos que adelantarnos y vigilar nuestros pasos. Habla de que estaremos unos días en la Tierra para repostar y practicar.

-Pero ¿no sería mejor que continuásemos con nuestra misión? –la interrumpo.

-La chica tiene razón. –le dice Ogmios a Catrin. Miro a la mesa por unos instantes y digo:

-El objetivo de ellos ahora es hacer que Uko sea invencible contra nosotros. Yo creo que deberíamos de ir avanzando y fortaleciéndonos a la vez.

-Tu opinión es buena, pero nos pondríamos en peligro más aún. No descarto lo de avanzar, pero opino que deberíamos de entrenar en vuestra tierra. –Nos dice nuestra maestra a los 3. Mis amigos y yo compartimos unas miradas de aceptación a las propuestas y asentimos a Catrin y Ogmios.

Y llega el tema tabú del día: Uko y su traición.

Catrin les cuenta a Crold y Deidre que Uko ha cambiado de bando y que no debemos confiar en él bajo ninguna circunstancia y razón. Oír eso es como si alguien me clavase un puñal en el corazón o en la espalda, o el mismísimo ex camarada quien lo hace. Antes de que acabe el debate, decido contarles a los demás lo que sucedió ayer en el restaurante derrumbado. Termino de contarles mi relato y Deidre y Crold me abrazan. Les sonrío, aunque en mi mente, quiero olvidar lo sucedido ayer. Los dos magos me agradecen por contarlo y me preguntan si hice algún movimiento en falso. Les digo que no, exceptuando lo que hice para salir y entrar de Bradford. Catrin nos manda que volvamos a nuestro dormitorio para recoger nuestras pertenencias y así hacemos.

Una duda me paraliza un momento:” ¿Y si los malvados consiguen llegar a uno de los portales entre Éire y la Tierra? Eso sería catastrófico. Destrozarían nuestro mundo y si fuéramos a impedirlo sería inútil, ya que destruirían este mundo.” Recojo mis cosas, como así hacen Deidre y Crold y bajamos al jardín de entrenamiento, donde esta Ogmios sacando las armas del armario y Catrin colocando nuestras pirámides en forma de triángulo sobre la mesa. Ogmios se nos acerca con nuestras armas y las clava en el césped.

-Quedaos con la imagen de vuestro objeto y con la magia de vuestro elemento cread una réplica de esta. –nos dice el viejo amigo de Catrin. Obedecemos y la primera vez nos salen algo defectuosas. Lo intentamos varias veces y cuando por fin sale idéntica a la original, Ogmios nos pide que la usemos: atacamos con un arma de nuestro propio elemento, utilizándolo. Supongo que esa es una de las ventajas que tenemos ahora. Ogmios nos da unos cuantos consejos y nos acercamos a Catrin. Nos pide que sujetemos con cuidado la pirámide de nuestro elemento y coloca una piedra preciosa de color verde parecido al del césped. Una esmeralda. Pronuncia un conjuro y una especie de agujero sale de la piedra.

-Lanzaos. –nos ordena. Deidre y yo compartimos unas miradas de duda y me separo de mi pirámide.
Me subo a la mesa con la ayuda de una silla y me lanzo al agujero: una corriente de aire me aspira.

Caigo de pie al suelo y mis camaradas aparecen segundos después de mí. El lugar en el que estamos me es familiar, ya que estamos en el comedor de mi casa. Me acerco hacia una de las ventanas y observo la calle. Tiene pinta de haber niebla.

Narra Uko.

Tras recoger mis cosas, salí de allí con discreción, mientras los demás estaban en el comedor. Me dirigía hacia el lugar de anoche, intentando no pensar en mis ex compañeros y lo que podrían haber visto ayer. Llego al restaurante derrumbado y no veo a nadie. Me siento en una de las mesas a esperar, cuando pasados unos minutos aparece Thask.

-Vaya, que  pronto que estés aquí ¿ya te han echado?

-Algo así. –susurro. -¿Cómo sabias que estaba aquí?

-Te tenemos vigilado gracias al collar. –responde. Pongo mi mano sobre en colgante. –Ni aunque te lo quitases estarías libre de nosotros. Tienes la estrella también. –dice, señalando mi mano derecha.
Deja caer algo al suelo y sale humo, formando un circulo en el propio suelo.

-Baja.

Trago saliva y me acerco al círculo. Hay un agujero en el suelo y unas escaleras que descienden.

-¡Que bajes! –me repite el caballero, cansado de esperar. Empiezo a bajar, con un único pensamiento en mente: “¿A dónde me llevan?”

viernes, 20 de septiembre de 2013

Cápitulo 27: La discusión.


[“-Está bien, soy vuestro.

“¡Mierda, mierda, mierda!” susurro para mis adentros, apunto de llorar. Congelo las lágrimas que descendían por mis mejillas y las destrozo, tirando los restos al suelo. Corro todo lo que puedo para llegar antes que el imbécil de Uko, y durante el recorrido no quiero pensar en nada más, solamente en una buena razón que excuse mi tardanza.”-Sophie.

“Soy vuestro” eran las dos peores palabras que había dicho en mi vida. Ambar rio malvadamente y me quitó el veneno como había “prometido”. No dije nada más y salí de allí como si el mismísimo diablo me hubiese dejado sin alma.” –Uko.]


Narra Catrin.

Otro nuevo día había comenzado, y Ogmios y yo éramos los primeros en levantarnos. Después de que desayunáramos y que hablásemos sobre el día anterior, escuchamos unos pasos desde las escaleras. Era Deidre. Los rayos del sol la habrían despertado cuando yo había corrido las cortinas de su habitación. Aún era pronto para que se levantasen, pero Deidre me ayudó con la cocina y en el comedor, Ogmios y yo le preguntamos que cómo se encontraba.

-Algo mejor, solo me escuecen las cicatrices de los brazos y piernas, -nos dice con una expresión en la cara de que esperaba que le preguntásemos que qué pasó ayer.

-Tal vez sea pronto para preguntarlo, pero ¿recuerdas algo de lo que ocurrió ayer, después de los entrenamientos? –le pregunta Ogmios. Vemos que está callada durante unos minutos, y responde:

-No me acuerdo mucho, pero un hombre con una armadura de cristal nos atacó al señor Benor, dependiente del restaurante fuera de la ciudad y a mí. Crold había desaparecido e imaginé que era un clon, pero ya era demasiado tarde.

-¿Y dónde estaba el verdadero? –le pregunto.

-Eso no lo sé, pero sí sé que vino a salvarme.

-El señor Benor, el padre del amigo de tu hijo, era un humano ¿no? –me pregunta mi viejo compañero y asiento. –El objetivo de aquel sujeto era acabar con los humanos de Éire. El objetivo de Morrigan ahora es aniquilar a los cuatro elementos humanos.

-Tiene razón. Deidre, después de que desayunéis, Ogmios y yo hablaremos con vosotros sobre los próximos acontecimientos.

La chica de la tierra asiente y se marcha a su dormitorio, a esperar que sus compañeros se despertasen. Finalmente los demás jóvenes se levantaron y desayunaron junto a su amiga de pelo oscuro. Terminaron y cuando me dirigía al comedor, vi que Deidre Y Crold salían de allí y se escuchaban voces.

“¿Dónde estabas ayer?” Esa voz era la de Sophie.

“Fui a buscar a Crold y Deidre” Y esta, la de Uko.

-Estan discutiendo, por favor madre, deténgalos o sino llegarán a las manos. –me dice mi hijo, preocupado.

Les doy media hora de tiempo libre y los dos se van al jardín. Yo sigo escuchando la discusión de los jóvenes de Aire y Agua.

-Porque quería investigar el lugar de combate. –dice Uko levantando la voz. Llegarán a los gritos
dentro de nada.

-¿Y qué es eso que llevas? Te lo dio Ambar ¿verdad?

-¿El qué?

-¡Eres un mentiroso y un…!

Entré al comedor y vi que Sophie se disponía a lanzarle un ataque a Uko, y este iba a protegerse.

-¡Parad!

-¡Traidor! –termina de decir Sophie y le lanza los platos, tazas y cubiertos a su amigo. Este trata de protegerse con un escudo de agua. Detengo la pelea mágica lanzando una bola de absorción al punto de colisión entre los dos ataques, y esta los absorbe. Los dos adolescentes me miran con una cara que no sé si es de odio o sorpresa.

Sophie le lanza una ráfaga de aire al cuello de Uko y cae algo al suelo. La chica se acerca al objeto del suelo y ve que es un collar con una pila fina y oscura.

-Eres oscuro. –dice con desprecio.

-¡Ya vale los dos! –digo enfadada. –Sophie sal de aquí. –la chica gruñe entre dientes y sale del comedor. –Y voy a hablar seriamente contigo. –digo refiriéndome a Uko.

Uko se sienta en la mesa y yo cierro la puerta, lanzando un conjuro de aislamiento. Me siento frente él y le digo:

-Pon el colgante encima de la mesa. –El chico obedece y observo con cuidado el collar y la cápsula sin llegar a tocarla. –Enséñame  tus manos y brazos.

Me enseña solamente su lado izquierdo y no lleva nada maligno. Le pido que me de su mano derecha y el chico se opone, diciendo que tenía una herida.

-Vale, pues enséñamela.

Uko no responde ni obedece y tengo que vérsela por la magia. Le lanzo una mini descarga eléctrica y retira su mano izquierda de su muñeca derecha. Una estrella negra destacaba de su piel.

-Sophie tenía razón, Uko, ya no eres uno de los nuestros, sino uno de ellos. Eres oscuro. –hago una pausa y termino: -Recoge tus cosas al salir de esta habitación y márchate con tu nuevo bando. No volveremos a confiar en ti.

El joven se levanta y sale del comedor sin decir ni una sola palabra y con una expresión de dolor. No sé si lo hace para que me lastime por él o por culpa que sentiría en estos momentos. Observo que sus compañeros le preguntan que qué ha pasado, les da una respuesta simple y se marcha a su cuarto. Me acerco a mi hijo y Deidre y les pregunto por Sophie.

-Está en el jardín de los entrenamientos. Nos ha dicho que iba a entrenar más. –responde su amiga.

Les digo que entren al comedor y que cuando vuelva con Sophie empezaremos la “clase”. Ya en el jardín, veo que la pirámide grisada, el elemento Elios (Aire) está encendida, en funcionamiento. Me acerco y toco la cúspide con mi dedo índice izquierdo y una escena en movimiento sale de esta. Es Sophie con su arco a la ofensiva con las bestias más feroces de su alrededor. La observo unos minutos y siendo sincera, admiro su potencial y ataque con el arco y flechas.

-¡Detrás de ti! –le digo. Oye la voz y se queda dudando por unos segundos, pero se gira y da al
blanco: un oso pardo de 1,80 m.

Toco el logo y los 4 triángulos se separan, con un pequeño tornado en el interior de la pirámide. Se va haciendo más grande hasta que Sophie pone pies en tierra.

-Antes de que digas algo, dentro de nada quiero que estés en el comedor con Deidre y Crold, os vamos a hablar Ogmios y yo de asuntos importantes.

-Ahora voy. Y gracias por la ayuda. –dice dejando el arco y las flechas en el armario de las armas.

martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo 26: Un chantaje al traidor


[“-¡Estaba a esto de acabar con ellos! –dice su aliado algo enfadado.

-Caaalmate –le dice la mujer pasando cerca de él y deslizando su mano por la espalda del hombre. –las cosas son más sencillas ahora: en vez de que nosotros tengamos que malgastar nuestras fuerzas con unos críos taaan especiales, dejaremos que uno de ellos lo haga por todos nosotros.” –Narrador Externo  […]

“-¿Y Uko? ¿No había venido a buscaros?

-Sí, hace poco he hablado con él y le he dicho lo mismo que a ti. Solo me ha dicho que iría a asegurarse de que no habría más enemigos cerca del lugar dónde habíamos estado.” –Sophie]



Narra Sophie.

Me agaché cerca de alguna ventana con el cristal roto para escuchar mejor lo que decían:

Anónimo 1: ¡¿Quiénes sois vosotros?! ¡¿Qué queréis de mí?!

“Uko… Mierda, tengo que hacer algo antes de que…” pero mi pensamiento se detuvo porque sabía que era muy arriesgado, y por la voz que escuché de la respuesta:

Anónimo 2: Soy Ambar, no sé si te acordarás de mí, y este es mi secuaz. Queremos proponerte algo benigno para ambos: si te unes a nosotros, podremos encontrar a tu tio y devolverle la vida.

Uko: ¿Y mis compañeros, eh? ¿Cómo voy a fiarme de vosotros, si sé que les haréis lo mismo que habéis hecho anteriormente?

Ambar: Puedes estar seguro de que no les tocaremos ningún pelo si nos obedeces. ¿Qué me dices?

El silencio duró durante unos minutos hasta que la traidora siguió con su “discursillo”.

Ambar: Tus amigos no confían mucho en ti ¿no? Ya que no tuviste un pasado muy social ¿eh?
Mi curiosidad ardía y quería ver lo que iba a suceder, asique me asomé un poquito y pude ver que Uko le contestaba de malas maneras a Ambar, y esta le cogía fuertemente del hombro.

Ambar: Te soltaré si aceptas el trato, o sino morirás dentro de nada por el veneno que te he inyectado en tu organismo, y además de quemar parte de Bradford con tus compañeros incluidos y el bosque. ¿Qué dices ahora?

Veo que Uko se sienta en una de las mesas, cabizbajo y con las manos en la frente. Dice algo que no llego a oírlo y se queda callado. Al cabo de unos minutos, le oigo decir, con una voz muy débil, que parece que se iba a quedar ahogado por el veneno:

-Está bien, soy vuestro.

“¡Mierda, mierda, mierda!” susurro para mis adentros, apunto de llorar. Congelo las lágrimas que descendían por mis mejillas y las destrozo, tirando los restos al suelo. Corro todo lo que puedo para llegar antes que el imbécil de Uko, y durante el recorrido no quiero pensar en nada más, solamente en una buena razón que excuse mi tardanza.

Al llegar, la primera persona con la que me encuentro es Crold, que me saluda y dice:

-Cuánto tardabais, pero ¿y Uko, no volvía contigo?

Al oir eso, noté una doble puñalada en el corazón: me recordaba a la discusión de esta tarde y el duro suceso de hace poco.

-No lo he encontrado. Estoy agotada, asique me iré a dormir sin cenar. –le digo caminando hacia las escaleras. Me giro hacia él y le pregunto:

-¿Cómo está Deidre? Por como la vi antes, no parecía estar muy bien ni muy malherida.

-Mi madre y Ogmios están curándola. Cuando la han visto, sus caras expresaban que tardaría en recuperarse de las cicatrices posteriores a sus heridas.

Le dije que se recuperasen ambos y le deseé buenas noches para todos. Subí a nuestro dormitorio y me quité los zapatos con desgana y sin cambiarme la ropa, me arropé con la sabana. Volví a llorar en silencio mientras algunos recuerdos con Deidre y Uko mareaban a mi cabeza. Por suerte, me quedé dormida antes de que alguno de mis compañeros entrase, aunque ya era demasiado tarde: el dolor ya había atravesado  mi débil corazón.

Narra Uko.

“Soy vuestro” eran las dos peores palabras que había dicho en mi vida. Ambar rio malvadamente y me quitó el veneno como había “prometido”. No dije nada más y salí de allí como si el mismísimo diablo me hubiese dejado sin alma.

-¡Eh! ¡No tan deprisa! –me grita el secuaz de Ambar y me lanza algo. Lo cojo, ignorándole y veo que se trata de una cadena con un frasquito oscuro y alargado.-Abrelo y será de tu firma de que eres uno de los nuestros. Y asi hago, sin gana ni queja alguna y vi que el sello del trisquel que tenía tatuado desaparecía como la sangre que se derrama de una herida. Del frasquito sale un hilillo de humo negro y forma una estrella de 5 estrellas que se adhiere a mi piel con el dolor de como si estuviesen haciéndome un tatuaje.

-Ya puedes marcharte. –me ordena la traidora de la mujer blanca. Lo único que hago es lanzarle una mirada llena de odio hacia ella y todo su bando, y me alejo de allí-Me odio a mí mismo, al mundo entero y a la gente de este extraño mundo. Mi cabeza no deja de repetir la misma pregunta “¿Por qué has hecho esto, imbécil?”

Llego a la casa de Ogmios y veo que la luz de la cocina encendida. Me acerco y saludo muy cansado a Ogmios y Catrin, y también por los demás. Deidre estaba muy enferma como para cenar y necesitaba reposo; Sophie estaba agotada, según Crold y este último había cenado un poco de carne  y también se había marchado a dormir. Yo hago lo mismo que los demás, ya que cenar con las personas que me habían ayudado a formarme un poco como mago no ayudaría mucho.

Me pongo el pijama y en vez de dormirme, me pongo a estudiar el día de hoy, porque sé que no podría dormitar aunque hubiese luchado igual que mis amigos, o compañeros. No dejo de culparme, mis amigos han luchado contra bestias terribles, y yo…yo solo me he dejado engatusar por gente engañadora.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Capítulo 25: Un mal presentimiento.


[“-¡Deidre! ¡Deidre! – dije nervioso, temiendo por su vida. No quería perderla, era la única persona que me había tratado y querido tal y como yo era o aunque fuese un lobo, jabalí, u otro animal…
-Por favor, no...
Un silencio ahogador permaneció allí por unos minutos hasta que percibí unos golpecitos en la barra. Era un señor que vestía una clase de armadura cristalina.
-Parece que la quieres mucho, a esa muchachita ¿eh? -dijo burlonamente.
Eso fue como una puñalada para mi corazón. Ignoré mirarle a la cara y le pregunté que si se llamaba Thask. Él asintió y me dijo que si quería salvar a “mi querida doncella” debía de luchar contra él en un duelo de caballeros. “- Crold]


Narrador Externo.

Los dos jóvenes del fuego y tierra marcharon del restaurante destrozado por uno de los súbditos del Capitán Silver a la casa de su anfitrión  para contarle a Catrin lo sucedido allí.

-¿Cuánto tiempo te vas a quedar ahí tumbado, Thask? –preguntó una voz femenina desde la puerta de la cocina. El caballero se levantó y dijo:

-¿Por qué les habéis dejado ganar?

-Ha habido cambios de planes. –le responde la mujer de piel, pelo y vestido blanco con una sonrisa
malvada.
 


-¡Estaba a esto de acabar con ellos! –dice su aliado algo enfadado.

-Caaalmate –le dice la mujer pasando cerca de él y deslizando su mano por la espalda del hombre. –las cosas son más sencillas ahora: en vez de que nosotros tengamos que malgastar nuestras fuerzas con unos críos taaan especiales, dejaremos que uno de ellos lo haga por todos nosotros.

-Vale, pero ¿y si –le corta su secuaz

-¡Eh! ¡Aquí solo hablarás cuando a mí me concierna y te convenga, así que a callar! –le grita la mujer con un tono autoritario. –Además, te recuerdo que aunque seas uno de los más fuertes caballeros de Silver, ahora estás y estarás bajo mis órdenes hasta que él lo diga.

-Mis disculpas, Srta. Ambar. –le dice el caballero de cristal, arrodillándose frente ella.

-Bien, no perdamos más tiempo. Como decía antes, uno de los jóvenes elementales podría acabar con los tres restantes, y ya lo tengo fichado, -dice la malvada de Ambar con una sonrisa pícara. –Bueno, nuestro plan será…

Mientras tanto, en la casa de Ogmios


Narra Catrin.

Ya estaba oscureciendo y mi hijo y la humana no habían aparecido, asique le había pedido a Uko que fuese a buscarlos por la parte del bosque más cercana a Bradford.
En estos momentos, estaba curándole la herida de la rodilla a Sophie, Tardaría cómo mucho una semana en cicatrizar, y al decírselo, noté que estaba algo desanimada.

-¿Qué te pasa? No tienes muy buena cara.

-El dolor de la herida, que es insoportable ¿y los demás?

-Vendrán dentro de poco.

-Ah. –responde mirando hacia la ventana que mostraba el cielo azulado de la noche. Parecía que esperaba que alguno de sus amigos se hubiese quedado con ella, pero no había sido así, Deidre y Crold se habían ido a dar un paseo pensando en que Uko estaría con Sophie, pero parecía que habían discutido. Esa era mi impresión.

-.¿Habéis discutido?

-¿Eh? ¿Quién?

-Tú y Uko. –respondo con duda. Podría estar equivocada.

-Sí, sí. Por una estupidez. –dice, sin darle importancia.

-Lo mejor será que lo arregléis lo más pronto posible, sino os distanciareis y habrá un momento en el que ya no podréis hacer nada…

La joven rubia volvió a asentir y volvió a ver la noche tras el cristal. Pareció ver algo extraño y se levantó con rápidez.

-Creo que voy a ir con los demás. –dice, corriendo con cuidado hacia la planta baja.

-¡Sophie! ¡No te vayas, espera a que vengan! –le ordeno con intención de que no le pasase nada malo, pero fue tarde: ya salía de casa, con un candelabro de luz nocturna y una túnica.

-A estos jóvenes de ahora no se les puede decir nada, nunca sabrás lo que piensan y harán.


Narra Sophie.

No sé si era un sexto sentido que tenía o esa especie de estrella parpadeante que había visto, pero tenía un mal presentimiento. Mientras salía con mucho cuidado para que nadie sospechase quien era tras la capucha de la túnica, rezaba para que a Crold, Uko, y Deidre no les hubiese pasado nada durante el resto del duro día que habíamos tenido. Pude llegar hasta la calle cercana a la muralla que rodeaba la ciudad y vi que estaba bien vigilada con 2 guardias merodeando las calles cercanas a la enorme puerta y un vigilante patrullando en la torre que había sobre la muralla, e imagino que también habría uno al otro lado de la puerta. No tenía mucho tiempo y quería actuar deprisa: alcé al aire un cesto con agua que vi y lo acerqué a los guardias, que estos lo siguieron hasta que lo coqué con una colmena ¿de lagartijas con alas? Por un momento dudé de mi vista, pero al ver que estos “insectos” atacaban sin cesar a los guardias, aproveché para salir de allí y esconderme detrás de unos arbustos. Después de alejarme de allí, me encontré con Crold llevando a mi mejor amiga sobre sus espaldas.

-¡Chicos! –Dije al acercarme a ellos.-¿Qué os ha pasado?

-Es una larga historia, pero tengo que llevar a Deidre a casa de Ogmios para que la curen lo antes posible. –me responde Crold con prisa.

-¿Y Uko? ¿No había venido a buscaros?

-Sí, hace poco he hablado con él y le he dicho lo mismo que a ti. Solo me ha dicho que iría a asegurarse de que no habría más enemigos cerca del lugar dónde habíamos estado.

-Ah vale, no os entretengo más. Voy a buscar a Uko y volveremos lo más pronto posible. –le digo, mientras cojo rumbo hacia un edificio casi destruido que había cerca.

Me pareció ver unas siluetas de unas personas y una poca luz que emanaba de aquel lugar. Escuché unas voces y me pareció que la de Uko estaba entre ellas.

Pero… ¿Qué hacía Uko allí?

lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 24: Un duelo entre caballeros



[“Todo iba bien hasta que escuché una explosión y que varios objetos se rompían al chocar con el suelo. Salí del aseo inmediatamente y lo que mis ojos vieron era inexplicable: todo (o la mayoría) de los objetos de cristal estaban hechos añicos.

-¡Señor Benor! ¡Crold! –grité, esperando alguna respuesta de ellos, pero no sucedió. […]   Me encontré al señor Benor tumbado con algunas manchas de sangre y pequeños trozos de sangre incrustados en su espalda y pecho. […]

 -¿Y Crold? –le grité, levantándome del suelo y volviendo a mi posición de guardía.
-No está aquí.   “-Deidre]


Narra Crold.

Salí a dar un paseo cerca del bosque entre Provency y Bradford, cuando un caballo de ¿cristal? se interpuso en mi camino de regreso hacia el restaurante del señor Benor. Sus ojos de carbón negro expresaban odio y ganas de pelear. El caballo bufó y relinchó, corriendo hacia mí y traté de esquivar su golpe. Frenó en seco y levantó algo de polvo del suelo. Se giró hacia mí y lo intentó de nuevo.  Me desvié de la trayectoria de su ataque y este volvió a girarse hacia mí. Mágicamente, le salieron unos grandes picos de cristal afilado en sus dos patas delanteras y uno en su frente. Volvió a correr, e intenté esquivarlo saltando por encima  de él, estúpidamente, ya que fue en vano: el caballo levantó su cabeza e incrustó la punta de su cuerno en mi tripa y me tiró por los aires. Aterricé en el suelo de espaldas y eso me dolió aún más, pero había tenido una idea en mente. Me levanté y esta vez era yo el que atacaba. Corrí hacia mi enemigo con todas mis fuerzas, sacando las zarpas de mis patas delanteras y esperando el momento oportuno para atacarle duramente. Llegué hasta el caballo  y clavé mis uñas en los conos de sus patas. Lo tenía en el bote. Este se dispuso a darme una cornada directa, pero la esquivé velozmente. Intentaba retroceder, pero se lo impedí, Levanté la cabeza y escupí todo el fuego que tenía acumulado en mi interior gracias al cuarzo transparente, ya descompuesto en los entrenamientos. Sus ojos de carbón quedaron hechos cenizas y derretí parte de su cabeza. El caballo de cristal se quejó y relinchaba con todas sus fuerzas hasta que por fin cayó al suelo, derrotado.

Relajé mi cuerpo hasta que escuché un grito femenino que salía del restaurante. Noté un gélido escalofrío por todo mi cuerpo y me apresuré como una centella a mi destino.
Se notaba un ambiente oscuro y solitario desde la entrada y aquel escalofrío volvió cuando vi que a una chica de pelo negro, tumbada en el suelo boca abajo, con trocitos de cristal calvados en sus manos, brazos y piernas.

-¡Deidre! – grité corriendo hacia ella. Intenté reanimarla lamiendo con cuidado una de sus mejillas y luego una de sus manos. Al fin pareció reaccionar débilmente. Levantó su cabeza y su mirada débil de sus ojos se posó sobre los míos.

-Tienes que salvarte, Thask es mu-muy fuerte… -dijo débilmente.

-¡Deidre! ¡Deidre! – dije nervioso, temiendo por su vida. No quería perderla, era la única persona que me había tratado y querido tal y como yo era o aunque fuese un lobo, jabalí, u otro animal…

-Por favor, no...

Un silencio ahogador permaneció allí por unos minutos hasta que percibí unos golpecitos en la barra. Era un señor que vestía una clase de armadura cristalina.

-Parece que la quieres mucho, a esa muchachita ¿eh? -dijo burlonamente.

Eso fue como una puñalada para mi corazón. Ignoré mirarle a la cara y le pregunté que si se llamaba Thask. Él asintió y me dijo que si quería salvar a “mi querida doncella” debía de luchar contra él en un duelo de caballeros. No me quedó otro remedio que aceptarlo y combatir. Sabía que tendría las de perder, ya que era un lobo y difícil me resultaría luchar sin ninguna arma. Solamente tenía el fuego de mi interior pero sería un arma inofensiva para mi enemigo.
El caballero Thask desfundó su espada y se puso en guardia, esperando a que yo le atacase, pero no me inmuté y me quedé estudiándole con la vista durante unos minutos.

-Vaya, vaya ¿No tienes muchas ganas de empezar, no?

No le respondí y corrí hacia él con la intención de saltar hacia su cara y quemarla, ya que era  la única parte de su cuerpo que estaba desprotegida. Salté y empecé a escupirle fuego cuando este se protegió su enorme espada de cristal, mientras retrocedía unos pasos atrás dejando la misma distancia que había entre nosotros antes. Jadeé y vi que el caballero corría hacia mí con su espada señalándome. Tenía que alejar a Deidre de allí para que no acabasen con ella por un fallo mío, pero tenía que distraer al enemigo para poder realizar la acción anterior. Cogí aire por la boca y escupí bolas de fuego explosivas al suelo. Explotaron y levantaron el humo suficiente para esconder a mi amiga en un lugar seguro y cercano, el baño. La llevé allí y había restos de cristales, traté de fundirlos pero tardaría demasiado, así que me giré y volví a lanzar algunas bolas de humo, que hacían efecto mientras me tragaba los cristales más pequeños para desintegrarlos en mi estómago ardiente y apartaba los más grandes a un lado. Metí con sumo cuidado a Deidre en el aseo arrastrándola y tirando poco a poco de ella por la parte de la espalda de su camiseta, hasta que la acurruqué en la esquina frente a la puerta. ”Tranquila, te salvaré” le susurré y volví al combate.

El caballero Thask estaba apoyado en la pared cercana al aseo, y al verme dijo:

-Cuanto tardabas, pensaba que habíais escapado como unos cobardes.

Mi paciencia y calma ya sobrepasaban mis límites y deseaba que la ira no me descontrolase, Para ello, acumulé todo mi odio y rabia hacia el enemigo en mi interior.
El caballero me atacó con dagas de cristal afilado y retrocedí esquivándolas. A continuación, corrí hacia él como tal cual perro rabioso y le tiré al suelo, arañándole parte de su armadura y dejando que por fin mi ira estallase: todo mi pelaje ardía de fuego, de un fuego tan abrasador que llegaba a derretir la armadura del caballero de Cristal y su dueño no dejaba de gritar de dolor. No quise llegar a matarlo, pero si a que sufriese el mismo daño que habían sufrido mis amigos. Finalmente, pareció quedar inconsciente.

Me alejé de él y volví al lugar donde había dejado a mi amiga, que no parecía haber sufrido ningún otro nuevo daño. Hice un agujero en la ventana del aseo, derritiendo su cristal y llevando a Deidre sobre mis lomos, salimos de aquel lugar destrozado por uno de los innumerables aliados de Morrigan.

lunes, 29 de julio de 2013

Capitulo 23: El caballero de Cristal


["-!Sophie¡ -exclamó mi amigo, agachándose hacia mí, preocupado
-
¿Qué te ocurre? -N-nada grave... Es solo una herida que me hice en la montaña. -dije nerviosa y sonrojándome un poco. Mi corazón empezó a latir deprisa.
-Ven, siéntate aquí. -dijo él, ofreciéndose como apoyo para que me levantase y para que pudiese llegar hasta la otra litera." -Sophie]


Narra Deidre.

Sophie y yo nos detuvimos para esperar a Crold, pero mi amiga fue a buscar a Uko y me quedé yo sola esperando al hijo de Catrin. Después de que compartiese unos minutos con su madre, se acercó a mí y fuimos a la cocina.

-Te prepararé algún calmante, aunque no sé si te gustará -dije, abriendo uno de los armarios que había sobre las encimeras del lavabo y cocina. Cogí un cazo pequeño y un vaso.

-No te preocupes, con un vaso de agua, miel y azúcar es suficiente. -dijo Crold, acariciando una de mis piernas con su peluda cabeza y ronroneando. Le respondí con un "vale" y le preparé lo que me había pedido. A los pocos minutos de que el lobo del fuego hubiese terminado, me dijo que saldría a dar un paseo.

-Vale. Yo también saldré. ¿Nos vemos en algún punto concreto?

-Sí. En el bar de mi amigo Chris, su padre humano es muy amigo del mío.- salió afuera y me dijo dónde estaba el establecimiento. Nos despedimos, y tras arreglar un poco la cocina y decirle a Catrin que Crold y yo salíamos a dar un paseo, salí de la casa de Ogmios.


Era una tarde con pocas nubes y con poca gente en la calle, la verdad, ya que la mayoría de las familias estarían preparando ya la cena a sus familiares o descansando de un día agotador.
Me dirigí hacia la plaza, no muy lejos de la casa de Ogmios, y observé la fuente y su escultura situadas en el centro de la plaza mayor. La escultura era de una especie de caballo mediano con unas herraduras de madera maciza, y unas hojas y ramas debajo de este. Un chorro de agua salía de su mandíbula abierta. "Qué bonita" pensé. Me acerqué un poco más para poder contemplarlo mejor y vi que en el letrero que estaba en el círculo de piedras con madera que daban forma a la fuente ponía:

"In onóir Mother Nature: Epona, bandia an dúlra agus capaill'

Pude entender un poco hasta la palabra Epona, todo lo demás me parecía a chino. Toqué la descripción con mi mano izquierda e intenté traducirlo, aunque me bastó con la imagen que me vino en mente: una jovenzuela de túnica verde y marrón montada en un caballo y las plantas rejuvenecían a su paso. "Eso solo puede llegar a hacerlo un dios" pensé asombrada.


Continué con mi paseo hasta llegar a la entrada de la ciudad. No parecía estar vigilada y las puertas estaban cerradas. Me quedaba una poca magia restante del duro entrenamiento y la usé para traspasar las enormes puertas. Las atravesé sin dificultad y deshice el agujero. Me adentré un poco hacia la senda que llevaba al bosque que conectaba Bradford con Provency y busqué el bar que me había dicho Crold. "Está fuera de la ciudad, un poco alejado y cerca del bosque que traspasamos. El padre de mi amigo es un humano, por eso no están instalados dentro de la ciudad, para que no les arresten o sean humillados por la gente anti-humanos de aquí." Por fin ví un pequeño establecimiento y corrí hacia este, ya que si estaba mucho tiempo allí fuera, podrían atacarme. Era de madera algo pobre, pero con unas bonitas vidrieras de colores vivos. Entré con algo de temor y duda, pero el dependiente pareció sonreír al verme.


-Pasad, no tengáis miedo. Crold ha estado hablándome de ti desde que ha llegado. –dijo, señalándome uno de los altos taburetes de madera barnizada que tenía en su barra. Crold, estaba tumbado en la barra, masticando algo de color oscuro, unas galletas del lugar, imaginé. Estuvimos un buen rato hablando y comiendo comidas hechas por el señor Benor, hasta que fui a los aseos a despejarme un poco del calor que daban algunas comidas calientes, y empezaba a dolerme la tripa. 

Todo iba bien hasta que escuché una explosión y que varios objetos se rompían al chocar con el suelo. Salí del aseo inmediatamente y lo que mis ojos vieron era inexplicable: todo (o la mayoría) de los objetos de cristal estaban hechos añicos.

-¡Señor Benor! ¡Crold! –grité, esperando alguna respuesta de ellos, pero no sucedió. Un enorme silencio era lo que había, hasta que escuché unos pasos y los ruidos de que restos de cristales se rompían aún más. Deseaba con todas mis fuerzas que fuese el amigo del padre de Crold y este mismo, y que todo hubiese sido un accidente por la explosión de alguna bombona de gas. Pero no fue así, fue algo peor. Un hombre vestido con una armadura de cristal salió de la cocina, Fue verle y preguntarle que dónde se encontraban mis amigos, poniendóme en posición de guardia.

El hombre no respondió, hasta que dijo, tras esbozar una pícara sonrisa:

-Búscalo por ti misma.

Eso fastidiaba, pero aparte de dirigirle una mirada de odio, la desplacé hacia los muebles que habían detrás de la barra: El enorme espejo de pared aún contenía algunos trozos de cristales. Corrí con miedo hacia allí y me encontré al señor Benor tumbado con algunas manchas de sangre y pequeños trozos de sangre incrustados en su espalda y pecho.

-Ya no tendrás que preocuparte más por él. –dijo el caballero de cristal, riéndose.
Apreté fuertemente los nudillos de mis dedos en forma de puño y cerré con fuerza mis ojos, expresando dolor y rabia. Sabía que en ese momento, enfadarme complicaría aún más mi situación.

-¿Y Crold? –le grité, levantándome del suelo y volviendo a mi posición de guardía.

-No está aquí.

-¿Cómo?

-Observa y verás. –dijo el caballero, sacándose de su cinturón una cajita plateada y la abrió. Temía que fuera alguna de sus armas letales, y tragué saliva. Pero mi hipótesis fue incorrecta. Lo que había en su cajita era… bueno, no lo supe exactamente hasta que  acercó los dedos índice y corazón hacia sus ojos y estos cambiaron de color. “¿Unas lentillas?” pensé. El color al que habían cambiado no era uno cualquiera… eran del mismo color que los ojos de Crold.

jueves, 18 de julio de 2013

Cápitulo 22: Una mentira

[“Cogí el mineral transparente con mi mandíbula y la apreté fuertemente, pero fue inútil, hasta que… me tragué el cuarzo. No tuve más remedio que hacer que entrase en mi estómago si no quería que me ahogase. Cerré los ojos y acumulé toda mi energía mágica en el centro del mineral, para que se deshiciese en trocitos calcinados por el fuego. Lo logré: dentro de mí tripa noté como una explosión de los trozos del cuarzo quemados, aunque estos fueron como una delicia para mí. Le conté lo sucedido al agricultor, que este estaba pensando en otras formas de destrozar la piedra preciosa, y volvimos a la aldea.” –Crold]

Narra Catrin.

Ya habían pasado 3 horas desde que los jóvenes novatos habían empezado su primer entrenamiento. Ogmios y yo esperábamos pacientemente, pero empezaba a ponerme nerviosa. Aunque tenía que mostrarme y ser fuerte, ya que mi viejo amigo y yo éramos e íbamos a ser a partir de los siguientes días, unos importantes ejemplos para estos jóvenes provenientes de la Tierra.

-¿Sucede algo?

-¿Eh? No, no…

-Venga, no intentes ocultarlo más, se que estás preocupada por los chicos ¿No quieres que ocurra lo que pasó en nuestros años de juventud, la traición de Slak, no?

Eso me pilló por sorpresa. Sabía que Ogmios era como una caja de sorpresas, siempre aprendía e investigaba cosas nuevas, y en estos momentos supuse que habría aprendido alguna habilidad de los pensamientos.

-Es tu rostro quien me lo ha dicho. Tus ojos mostraban tus nervios escondidos.

-Has estado en lo correcto. Sí, es por eso. Slak fue el único que tardó más en volver, y cuando volvió, parecía estar sin alma.

-Sí, lo recuerdo. No hace falta que volvamos a hablar de él, ni mucho menos delante de los adolescentes. Llegarían a dudar sobre ellos mismos.

-Si, en eso estoy de acuerdo, pero ojalá lleguen sanos y salvos…

-Catrin, Catrin –dijo Ogmios con un suspiro y una voz algo graciosilla –Te preocupas demasiado por la gente, y deberías de quitarte un poco de preocupación.

-Tal vez. –le respondí con una voz un poco débil.

Esperamos otra hora más hasta que por fin, las pequeñas pirámides daban el aviso de finalización. Parpadeaban brillantemente hasta que dieron un enorme destello. Si nos quedábamos mirando fijamente a estos instrumentos de entrenamiento, podían producirnos ceguera u otros daños, según nuestro viejo maestro en nuestra juventud. Nos tapamos los ojos hasta que por fin todo volvió a la normalidad: los 3 muchachos y mi hijo estaban sentados en el suelo, con una expresión de agotamiento. Ayudamos a levantarlos y les sentamos en las sillas de la mesa de madera dónde nos habíamos reunido anteriormente.

Los cuatro jóvenes reposaron allí durante un momento y se alimentaron bien de unas galletas tradicionales de aquí, Bradford. Expresaban agotamiento y sabíamos que necesitaban reposo después de su dura prueba.

-Cuando termineis de comer, id a descansar a vuestros cuartos. Os veremos en la hora de la cena.

Sophie, Deidre, Uko y Crold asintieron y se disponían a subir a su dormitorio cuando Crold se detuvo. Empezó a toser fuertemente hasta que escupió algo pequeño y transparente al suelo.

-¡Alejaos de él! -dije, extendiendo los brazos y poniendolos en forma de cruz para impedir que las pocas ascuas que brotaban del diminuto elemento hiriese a los humanos.

Se retiraron a unos tres o dos pasos de mi y estaban sorprendidos y algo preocupados por el mini incidente. Crold dejó de toser al fin y dijo con una voz débil:

-L-lo siento...Creia que lo había desintegrado totalmente...

Me acerqué a él y le abracé.

-Hijo mio. -le dije, dándole un beso en su frente.  Intercambiamos unas miradas de hijo y madre y se fue con los tres humanos. Me fijé en que Uko se separó de las chicas y fue hacia el pasillo que llevaba a las escaleras.

Narra Sophie.

Era una suerte que hubieramos vuelto ya. La batalla contra aquellas enormes águilas parecía interminable: conseguí terminar con casi todas pero 2 se salvaron de mis ataques. Recuerdo que me tropecé y descendí de la alta montaña hasta chocarme con una saliente de roca en la ladera de esta. Recibí un gran impacto en la rodilla derecha que esta no dejó de dolerme ni de sangrar. Medité sobre mi situación: estaba herida y esos malditos depredadores no dudarian en comerme cuando me hubiesen encontrado.
Miré hacia abajo y el suelo arenoso que daba con el mar no estaba muy abajo. Aún conservaba tres de las flechas que estaban con el arco. Clavé una en la pared rocosa y la quité al minuto siguiente, no fue complicado. Fui descendiendo de la ladera hasta que solo unos pocos metros me separaban del suelo. Quité las flechas clavadas y cai de culo a la arena. Hice una mueca de dolor: la herida seguia abierta y parecia que la sangre de esta no se secaría facilmente.

Parpadeé dos veces seguidas y volví a la realidad. Este hecho anterior parecía que se quedaría bien almacenado en mi mente. Vi que Uko se alejaba de nosotros y fui tras él. El dolor de la maldita herida de la pierna hacía que fuese más despacio.

-!Uko¡ !Espera¡ -dije, mientras avanzaba y ponía mi mano derecha sobre el vendaje de hojas que hice para la lesión.

Por fin llegué a nuestro cuarto y observé que Uko estaba sentado en su cama y con las manos en la cabeza.

-Uko ¿Estás bien?

-Dejame solo. -soltó a la defensiva.

-Te dejaré solo cuando me digas lo que te sucede. En cualquier momento podrían subir Deidre y Crold, y te agobiaríamos aun más. Por favor dímelo, me tienes preocupada y... Aarg -me agaché, apoyando la rodilla izquierda en el suelo y ocultando fuertemente con las dos manos la sangre que se deslizaba por el gemelo derecho.

-!Sophie¡ -exclamó mi amigo, agachándose hacia mi, preocupado -¿Qué te ocurre?

-N-nada grave... Es solo una herida que me hice en la montaña. -dije nerviosa y sonrojandome un poco. Mi corazón empezó a latir deprisa.

-Ven, sientate aquí. -dijo él, ofreciendose como apoyo para que me levantase y para que pudiese llegar hasta la otra litera.

Di un largo suspiro y miré con temor a hacia la puerta. Uko pareció darse cuenta y se levantó de mi lado para cerrarla.

-Uko... por favor, dime por qué estás así. -le dije, con una mirada estremecida.Él suspiró y me dijo que de acuerdo, pero a cambio de que le contase a Catrin y Ogmios mi estado de salud. Asentí y me contó lo que le pasaba. Nada más terminar, le dí mi opinión sobre lo que le habían contado:

-Creo que lo que te ha contado esa tal muchacha de la cueva no es verdad. Te han engañado.

Uko hizo una mueca de enfado.

-No se para que te cuento esto, si no confías en mi...

-Eso es lo que quieren que pienses. Te han contado esa trola para que les creas y dudes de nosotros y de tí. -le contesté, preocupada. No quería discutir con él ni que él se separara de nosotros.

Uko no dio respuesta alguna y salió de la habitación para decirle a Catrin y Ogmios lo de la herida de mi rodilla, y para ver también que qué pasaba con Deidre y Crold, supuse.

viernes, 28 de junio de 2013

Càpitulo 21: El Cuarzo Transparente


[“-La gente del pueblo… desapareció en un día de eclipse lunar diferente.
-¿Diferente?
-Sí, fue diferente y extraño: la Luna era roja e hizo que los habitantes de este lugar se derritiesen como el chocolate, por su ardiente luz roja que hacia efecto en la gente que era reflejada con esa luz, aunque de todas formas afectó a casi todos…” –Crold]


Narra Crold.

-Sinceramente nada, aunque  tal vez, en el sótano de mi casa, encontremos la solución en algún libro…

-Está bien, pero el inconveniente es que nos llevaría mucho tiempo y

-Tranquilo –le cortó el hombre mayor- Fui bibliotecario en mi época joven.

Finalmente llegamos a la casa del agricultor y bajamos al sótano. Era una habitación amplia y con pocas bombillas, manteniendo su olor de madera vieja y la capa fina en sus objetos viejos, sobre el plástico que protegía a estos. Anduve con cuidado para no clavar mis garras con el suelo de madera seca, hasta que el hombre se detuvo delante de una estantería.

-Aquí es donde tenemos que buscar. –dijo cogiendo uno de los libros que estaba frente él. Cogió un puñado de ellos y los dejó a mi lado. Entendí a lo que se refería. Cogí el primero de todos con mi mandíbula sin apretar mucho y lo dejé en el suelo. Busqué rápidamente algo relacionado con la noche, la luna o los eclipses, pero nada. Hice lo mismo con los siguientes, y tampoco hubo un logro. Me quedaban solo 3 por ver, y el libro que cogí me llamó la atención. Parecía un cuento y su título era “Scéalta Na Bhflaitheas “ y de fondo de color azul con un sol dibujado y una luna también. Lo abrí y todo estaba escrito en irlandés. Hice una mueca de fastidio y el señor se acercó a mí.

-¿Qué sucede?

-Este libro está escrito en irlandés, y creo que aquí está la respuesta, o puede. Pero no puedo buscarla y encontrarla si el cuento está escrito en irlandés.

El agricultor sacó un frasquito sujeto por una cadena y con una especie de pastillas blancas en su interior, y lo abrió. Sacó una de las pastillas y me la acercó, diciendo.

-Tómatela, te ayudará a leer textos del idioma diferente al tuyo, viendo la traducción a tu idioma de cada palabra encima de la misma palabra del otro idioma.

-Entendido, muchas gracias. –le respondí. Me acerqué a su mano e introduje la pastilla en mi boca. La saboreé durante unos minutos, y empecé a leer rápidamente el libro en mi idioma. El titulo significaba “Historias Del Cielo” y no me había equivocado al interesarme en aquel cuento. Había un cuento que se llamaba “Luna Roja”, en irlandés “Red Moon”, como en inglés. La historia era así:

“Había una vez, en una villa cercana al centro de Sidhe donde sus habitantes estaban preparando la inauguración de la fiesta de la cebada. Se celebraba cada 5 años y en el día de la inauguración, el alcalde tenía que dar el discurso frente la columna central de la enorme plaza y el cuarzo lechoso y transparente que estaba sobre la cúspide de la columna. Llegó el día de la apertura y el alcalde dio su discurso frente la columna, añadiendo:

-Y además, anuncio que hoy, mi hija Jace se casará con su prometido Siku por la noche, nada más salir la luna, en el lago. –dijo, sacando el cuarzo de la columna y acercándose a su hija para dárselo. Su hija Jace era una joven de pelo anaranjado y de un sensible corazón y de belleza esplendida otorgada por la diosa Aine “El Dulce Corazón de Sidhe”. Ya tenía la edad para poder crear una familia, y su padre pensó en Siku, el hijo de los dependientes de la tienda de tela de todo el poblado, los señores Niid. Pero ella, en el fondo le rechaza, quiere seguir siendo libre, con su propia vida y familia.

Su padre le dio el Cuarzo al prometido de su hija y este incrustó el mineral precioso en un agujero ´con forma que tenía una diadema de plata, y se la colocó en la frente. Cerca de la joven, estaba un chico de su misma edad y de pelo morado y ojos verdes, cuyo nombre era Jack. No era muy educado y tampoco tenía una vida digna, pero siempre había sentido algo por la hija del alcalde, y escuchar aquella noticia hizo que se pusiese celoso. Cegado por sus sentimientos, la luz que reflejaba el cuarzo del sol hizo que el joven fuera enamorado locamente por Jace, algo que ella no sabía y que nunca había sabido. […] hasta que llegó el atardecer.

Jace lucía un vestido blanco y estaba sentada sobre el césped de la orilla del lago. Dentro de una hora habría perdido su libertad y no sabía qué hacer para impedirlo. Escuchó un ruido y se alarmó, levantándose y preguntando que quien había allí. Jack salió de su escondrijo y se acercó a ella, diciéndole la causa por la que estaba allí.

-Yo, yo… estoy enamorado de ti desde que tenía 16 años… -Jace se sorprendió mucho y titubeó algo.

–La única solución que hay es que rechaces a SIku por mí –continuó, con una voz más débil.

-Ni siquiera te conozco, y tampoco se cómo eres. ¿Cómo voy a casarme con alguien al que ni siquiera conozco? –le contestó. En su interior se sentía débil. Alguien la quería y ella no y ella tenía que querer a otra persona. Jack se acercó más a ella y la intentó dar un beso, algo que ella rechazó. El dolor de Jack aumentó y perdió el control sobre él mismo. Le arrancó la diadema a Jace de la frente y después de quitar el cuarzo de esta, tiró la corona al lago. Jace se quedó pálida. El mineral se convirtió en color negro y desprendía un calor ardiente, que hizo que Jack se hiriese y que su cuerpo se fuera evaporando poco a poco. Un papel cayó de su bolsillo y la joven chica lo leyó, era una carta de declaración de amor. El humo ascendió hasta nublar la luz de la luna, y al desprender tanto calor y odio, convirtió a esta en roja.
 

[…] Jace estaba a punto de aceptar el matrimonio con Siku cuando notó su cuerpo frágil, se estaba evaporando. Pero mientras, a todos los ciudadanos de la villa les pasaba algo extraño, se derretían. Finalmente, el matrimonio entre Jace y Siko fue impedido, y la ira de Jack produjo que todo el pueblo desapareciese”


Cerré el cuento y miré hacia el suelo, doblando las orejas. La historia me había llegado al corazón. El señor mayor se dio cuenta de mi estado y me preguntó que si me sucedía algo.
-No, es solo que me he puesto un poco sentimental, por la historia que acabo de leer. Creo que sé cuál es la solución. –le contesté. El hombre cogió el libro que había leído y le señalé el reglón donde salía que el chico tiraba el mineral al lago.
 
                                                                 ************

Según el agricultor, en su época de juventud, tenían un lago cerca de la aldea, aunque la mayoría de su agua fue absorbida por el eclipse de la Luna Roja. Me condujo hasta él, caminando por el profundo desierto y con un ardiente sol que hacían que nos agotásemos más. Mi hipótesis era que teníamos que destrozar el cuarzo para que así el odio desapareciese y que las cosas volviesen a la normalidad. Llegamos a la zona hundida y traté de buscar la piedra. Me llevó como mucho una hora, pero finalmente la tenía en mis garras para poder destruirla. Lo intenté con todas las fuerzas que tenía en mi cuerpo, pero me fue imposible. Cogí el mineral transparente con mi mandíbula y la apreté fuertemente, pero fue inútil, hasta que… me tragué el cuarzo. No tuve más remedio que hacer que entrase en mi estómago si no quería que me ahogase. Cerré los ojos y acumulé toda mi energía mágica en el centro del mineral, para que se deshiciese en trocitos calcinados por el fuego. Lo logré: dentro de mí tripa noté como una explosión de los trozos del cuarzo quemados, aunque estos fueron como una delicia para mí. Le conté lo sucedido al agricultor, que este estaba pensando en otras formas de destrozar la piedra preciosa, y volvimos a la aldea. Llegó la noche con su luna llena blanca radiante y fuimos a la plaza para tener una mejor vista, cuando una luz roja anaranjada salía de mi tripa y desaparecía poco a poco delante del señor mayor. No quise ponerme en lo peor de lo peor, porque no había mal que por bien viniese,..

miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 20: El muñeco y la Luna


[“Apoyé mis manos en el báculo escondido, que ahora se había desplazado hacia la espalda del tronco, por así decirlo, e intenté sacarlo, pero no pude. Lo intenté muchas veces hasta que la mano de la figura “humana” del tronco, la cogió fuertemente y lo lanzó al suelo. El suelo pareció tragárselo y con mis propios ojos, vi que desaparecía. Tras pasar unos minutos, escuché unos pasos detrás de mí y me giré para saber quién o qué era. Era un niña de unos 7/8 años y bajita, de pelo verde chillón y con unos ojos enormes. Tenía la mirada fija a mí, y tras estirar su brazo y mano, el báculo salió de la hierba y se situó en su mano.”]


Narra Dreidre.

Luchaba con todas mis fuerzas para poder librarme de aquellas fuertes ramas, pero me era imposible. Era como si absorbieran mi energía. Cerré los puños de mis manos y acumulé energía hasta descargarla por la piel de mi cuerpo. Eso hizo que las ramas se quemasen un poco, pero también me hirió a mí, con quemaduras. Lo hice una vez más, y ambas nos debilitamos, pero por fin las ramas me soltaron. Caí al suelo de rodillas y me quedé así, con las manos apoyadas hasta que tuve fuerzas de levantarme. Un escalofrío invadió a mi cuerpo por el silencio que había. Parecía como si se hubiera parado el tiempo y como si algo inesperado fuera a suceder… Volví a escuchar unos pasos, pero esta vez no provenían de mis espaldas, sino frente mía. Era la chica de antes y con el báculo en sus manos. Vi que lo levantó unos pocos milímetros y lo puso otra vez en el suelo, fuertemente. De repente, el suelo de mí alrededor empezó a temblar y me desequilibré. Volví a levantarme, esperando otro temblor del suelo, pero no fue eso lo que pasó, sino que uno de los pinos se derrumbó cerca de donde estaba. Pude esquivarlo por los pelos, pero varias ramas salidas del tronco de otro pino que estaba detrás de mis espaldas me atraparon. Gemí. Estas ramas eran el doble de fuertes que las anteriores y me estrujaban con el doble de fuerza. ¿Qué podía hacer para librarme de ellas? Si volvía a lanzar la descarga me debilitaría por completo… Relajé mi cuerpo al completo, dejándolo como si estuviera muerto y sin que me lo esperase, las ramas me soltaron. Volví a caer al suelo y me levanté de nuevo. La pequeña se había movido de donde estaba antes. Me dirigí hacia el centro de aquella zona y busqué con la mirada a la pequeña ladrona del báculo. Estaba sentada en una de las ramas de un árbol que estaba frente mía, esbozando una malvada sonrisa de oreja a oreja. Estaba nerviosa y asustada, y tragué saliva. Sabía que en cualquier momento podía volver a lanzarme otro ataque y debía de esquivarlo fuese como fuese. Ella me había atacado varias veces, y yo en cambio, ninguna. Corrí hacia ella para lanzarle un ataque directo, esperándome que varias ramas procedentes de los troncos de mí alrededor me impidieran el paso, pero fue un error hacerlo. Ya estaba demasiado cerca hasta que señaló el bastón hacia mí y retrocedí disparada hasta que me golpeé con un pino. Esta vez caí al suelo, agotada, y la niña se acercó. Puse mis manos en el suelo y las cerré, cogiendo tierra del suelo. A continuación, me giré rápidamente hacia la pequeña y le tiré la tierra a la cara, con intención de que no pudiera ver. Funcionó. Soltó el bastón para quitarse la arena de los ojos y lo cogí velozmente. Una fuerza enorme brotaba de él, e hizo que recuperase la energía perdida de antes. Me sentía como nueva. Dirigí la punta de mi báculo hacia mi enemiga y cerré los ojos con fuerza. Tras abrirlos, una afilada y puntiaguda rama salió disparada de uno de los pinos de mis espaldas y atravesó su pequeño cuerpo. Cerré mis ojos de nuevo para no ver la escena sangrienta que aparecía en mi mente, pero después de que se volviera a escuchar el silencio, los abrí y no vi lo que me esperaba, pero en realidad, había sucedido algo muy diferente y anormal: la niña se había desintegrado en un montón de mariposas diminutitas, que estas ya emprendían su vuelo. “Asi que… ¿era una muñeca?” pensé. Ahora que ya que había terminado con la ladronzuela, tenía que volver a casa, pero podía darme un paseo por este profundo pinar en el  que estaba.

Narra Crold.

Abrí los ojos y el paisaje que estaba delante de mí era un solitario y caluroso desierto, acompañado de un pueblecito que se encontraba sobre una pequeña montaña. Me dirigí hacia allí corriendo por el arenoso lugar y al ser arenas profundas, casi me veía inmovilizado, pero pude llegar. Me acerqué a unos cactus cercanos al poblado y me fijé en un agricultor que estaba cultivando su escasa cosecha de maíz. Caí en cuenta de que seguía siendo un lobo y que los campesinos me verían como un monstruo. Anduve tranquilamente hacia el agricultor y di un débil rugido para llamar su atención. Este me vio y me acarició el lomo. Ronroneé, así me ganaría su confianza. El adulto sonrió y me llevó a su casa. Noté que la aldea estaba solitaria, y casi me clavé una astilla en mi pata izquierda trasera. Me quejé y el agricultor se giró hacia mí.

-¿P-puedes hablar? –preguntó asustado.

-Sí. –le respondí tranquilo. –Me perdí por este desierto y tuve la suerte de encontrar este pueblecito y a usted, aunque ¿Y la demás gente del pueblo?

El agricultor suspiró y se sentó sobre el camino de arena que parecía conducir hacia la plaza.

-La gente del pueblo… desapareció en un día de eclipse lunar diferente.

-¿Diferente?

-Sí, fue diferente y extraño: la Luna era roja e hizo que los habitantes de este lugar se derritiesen como el chocolate, por su ardiente luz roja que hacia efecto en la gente que era reflejada con esa luz, aunque de todas formas afectó a casi todos…

-Entonces… ¿Qué debemos de hacer para arreglar esta catástrofe? –dijo Crold, asustado. Temía que la noche fuese diferente a todas las demás e igual que la contada por el agricultor.

sábado, 1 de junio de 2013

Capítulo 19: Dudas


[“Conseguí destrozar la mayoría de las burbujas, pero mientras, el poder de mi torre de agua se iba debilitando, hasta que desapareció y caí al fondo del mar. No sé cuánto tiempo había pasado, pero me desperté en una especie de cueva extraña. No estaba llena de agua y tenía un agujero donde algunos potentes rayos de sol pasaban y se veía un cielo despejado, diferente al del pantano”]


Narra Uko.

Me quedé un rato teniendo la mirada perdida en los rayos del sol que pasaban por el agujero. Estaba empapado hasta la cintura, y parecía estar un poco perdido “¿Qué hago aquí, y cómo he llegado? Me pregunté  a mi mismo. Me levanté de aquel charco en el que estaba sentado, apoyándome en unas rocas cercanas a mí y por poco, me resbalo con una alga que había pisado.

-Por fin os habéis levantado. –escuché a mis espaldas. Noté un escalofrío en mi cuerpo y me giré, poniéndome en guardia. Era una chica alta, de piel y pelo azul cian y con unos ojos violeta, con un vestido de verde baldosín. Dio unos pasos hacia donde me encontraba y cogió mis manos. –Me alegra que os hayáis recuperado. –continuó diciendo, y acariciando mi mejilla. Me sonrojé un poco y noté que sus ojos me hipnotizaban indirectamente. Parpadeé varias veces y le pregunté a aquella chica:

-¿Quién eres? –fue la única que dije en voz alta, pero en mi cabeza se acumulaban más dudas. Mis pies y piernas se estaban cansando, asique me senté en el suelo con la forma de los indios. La joven hizo lo mismo, o me imitó, más bien, y respondió:

-Soy una ninfen, mitad ninfa y mitad siren.

-Pero… ¿Dónde estoy?

-Estas en los restos de la ciudad de Maerfy. Hace años, esta ciudad fue construida por la gente que
vivía aquí

-Pero, si este lugar…

-No es real, lo sé. Este lugar es un mundo falso, quiero decir, que fue creado por los humanos para encerrar a los seres fantásticos que se encontraran y tenerlos como juguetes en sus casitas. Nos tomaban como seres malignos, cuando nosotros solamente queríamos alejarlos del mal a ellos, no atraerles. No lo sabía hasta que un viejecito vecino de mi casa donde vivía yo sola me lo dijo. Nuestra ciudad fue barrida por una enorme inundación producida del pantano. Yo conseguí sobrevivir y pude resguardarme en esta cueva flotante en el mar, protegido por una burbuja. –dijo algo entristecida. –Siempre habíamos esperado la llegada de alguien poderoso, alguien como tú, que pudiera sacarnos de esta prisión, pero esperamos demasiado…

Me quedé pensativo, mirando hacia el suelo con las manos apoyadas sobre mi cara.

-Pero… -susurré, y me quedé callado. No creo que decirle lo que Ogmios nos explicó antes de empezar, fuese lo mejor. Ella, cuyo nombre no conocía, había contado otra versión a los hechos. Según Ogmios, estos lugares eran parte de nuestra imaginación y mente, pero según la joven de piel azul, eran unas jaulas para los seres mágicos de Éire. “¿En cuál de las dos tenía que confiar? Pfff… Me estoy volviendo loco” pensé para mis adentros. Si me quedaba más tiempo callado, preocuparía a aquella ser mágica, asi que solté, sin pensármelo:

-¿C-cómo puedo salir de aquí?

Narra Dreidre.

Estaba en un enorme pinar, donde lucía el sol. Me fijé atentamente a los pinos que tenía a mí alrededor, todos eran iguales o parecidos: un tronco fuerte y grueso que sujetaba la formidable y alta copa de hojas verdes y con sus piñas marrones. Fijé mi mirada directamente a uno cercano, parecía tener como un largo y estrecho de intentaba destacar del propio tronco. Me acerqué con cuidado, por si era una especie de trampa, y toqué esa extraña figura que me había llamado la atención. Del segundo tronco, salió una lucecita de color lima, que se expandió por todo el tronco y mostró una forma en este mismo. Retrocedí unos pasos hacia atrás y esperé a que sucediese algo: esa forma iluminada “brotó” del tronco y pareció cobrar vida.
 


Apoyé mis manos en el báculo escondido, que ahora se había desplazado hacia la espalda del tronco, por así decirlo, e intenté sacarlo, pero no pude. Lo intenté muchas veces hasta que la mano de la figura “humana” del tronco, la cogió fuertemente y lo lanzó al suelo. El suelo pareció tragárselo y con mis propios ojos, vi que desaparecía. Tras pasar unos minutos, escuché unos pasos detrás mia y me giré para saber quién o qué era. Era un niña de unos 7/8 años y bajita, de pelo verde chillón y con unos ojos enormes. Tenía la mirada fija a mí, y tras estirar su brazo y mano, el báculo salió de la hierba y se situó en su mano.

-¡Eh! –le grité, después de que hubiera empezado a correr. Intenté seguirla, pero en un momento me dio esquinazo y me perdí. Estaba sola, rodeada de incontables pinos que hacían que el bosque fuese como un auténtico y difícil laberinto. Respiré despacio hasta recuperarme de la carrera que me había dado y de repente noté que algo me tiraba del pie. Una rama me había enrollado la pierna y se disponía a atarme. Intenté soltarme pero me fue imposible, otra rama se lanzó contra mí y consiguió coger a mi brazo izquierdo. La presión era cada vez más fuerte y me estaba debilitando, a mi sangre le costaba cada vez más circular y el aire me estaba fallando…

domingo, 12 de mayo de 2013

Capítulo 18: El pantano



[“Cerré los ojos, cogí aire lentamente y fui relajando poquito a poquito mi cuerpo. Lo siguiente fueron unas milésimas de segundo, pero sentí que algo me absorbía, un aire muy potente… Un aire que hizo que casi me ahogase por su ausencia. Abrí muy grande la boca e inspiré todo el aire que pude, hasta expulsarlo por la nariz. Apoyé mi mano derecha en el suelo y noté algo húmedo y rocoso. Me levanté y estudié el entorno con mi vista. Estaba en la parte más alta de una montaña enorme, y parecía estar sobre las nubes, en el cielo.” –Sophie]

Narra Uko.

En estos instantes me encontraba frente a un lago rodeado de más y más abetos con un cielo nublo y un aire algo gélido. Por unos minutos no sabía qué hacer y me quedé inmóvil hasta que un potente remolino salido del centro del lago, me absorbió. Sinceramente, me había dejado, mi elemento era el agua, y tenía que estar en un sitio de agua, o sino ¿dónde? Aunque, también había sido por el recuerdo de mi tío… El clima del pantano era parecido al clima continental de Irlanda y eso hizo que acordase de los acantilados Mother. Me dejé llevar por la corriente que se deslizaba bajo el mar, hasta que decidí nadar, si las fuerzas me lo permitían, por mi cuenta. Nadé en dirección hacia la superficie para coger aire. Saqué mi cabeza bruscamente que me dio un poco de dolor en la frente, y además un reflejo a lo lejos me daba totalmente a los ojos. Nadé hacia la orilla cercana al reflejo y pude ver que eran la ballesta y las flechas. Me estiré para cogerlos y sentí que algo agarraba a una de mis piernas. Me giré para ver con qué me había enganchado pero no pude ver nada, solamente el reflejo de la luz distorsionada en las aguas del pantano. Agaché mi cabeza hasta ocultarla bajo mis brazos apoyados en la tierra. Estaba empezando a ponerme nervioso, e intenté calmarme. Escuché un agudísimo sonido a mis espaldas, y me iba a girar cuando algo salió del agua y me cogió por el cuello con su especie de brazos. Su ataque me había pillado sorpresa y caí por sorpresa al agua sin coger aire y me atraganté, tragándome el agua, hasta que cerré la boca, por fin. La presión cada vez aumentaba más y mis brazos se movieron lentamente hasta que pude coger los brazos del desconocido y separarlos un poquito de mi cuello. Unas ultimas burbujas salían de mi nariz y boca y me estaba quedando sin oxigeno. “Burbuja” pensé. Junté los dedos pulgares e índices de mis manos, haciendo una forma de gota y dejé que unas cuantas burbujas pasasen por el arco. Funcionó: las mini burbujitas se unieron y formaron otra más grande, del tamaño justo para mi cabeza. La cogí con un infinito sumo cuidado y me la metí en la cabeza, como con los cascos de submarinismo. Lo normal habría sido que se explotase, pero no, por fin tenía aire para respirar, Cogí con más fuerza los brazos de la otra persona y pude separarlos. Después, nadé con toda la velocidad que pude hacia la tierra firme, intentando escapar del sujeto “x” hasta que pude salir de nuevo a la superficie. Me apoyé en la hierba y me levanté, alejándome un poco del lago. Me agaché, apoyando las manos en las rodillas para calmar mi respiración, y tras recuperarme, me mantuve en guardia. Sucedió lo que me esperaba: la persona extraña estaba saliendo del lago, aunque… no era una persona exactamente, sino… una silueta de agua. Es decir, parecía una persona, era como una persona de agua. Me eché hacia unos pasos atrás y noté que me faltaba algo en mis manos. “Mierda, las armas” pensé. No quería ni pensar que las tendría la silueta del lago, pero por desgracia sí que las tenía. Las agarraba con mucha fuerza, alzó la ballesta hacia mí y tensó la flecha. No me iba a dejar morir tan pronto así que hice la misma acción que había hecho en el agua con las burbujas. Estiré mis brazos y tensé mis manos con la misma forma de gota de antes. El ser acuático soltó la cuerda y la flecha vino disparada hacia mí. Cerré los ojos con temor y deseé que pudiera parar aquella veloz flecha. A los pocos segundos después, abrí los ojos y pude ver que la pequeña lanza estaba congelada frente a mí, entre mis manos. La cogí con mis manos, congelada aún y la señalé hacia mi enemigo. La lancé como una jabalina y rápidamente atravesó su cuerpo, haciendo que se destruyese. Cogí mi ballesta y las flechas restantes. A continuación, unas enormes burbujas salieron del lago y se elevaron hacía casi la misma altura que la mía. Supuse que era una prueba de disparar al objetivo y así hice.  Los primeros intentos me fueron fallidos pero poco a poco pude ir dando a algunas de la gran cantidad de burbujas. Me quedé sin flechas y me paré un rato, esto me agotaba un poco. Después de descansar y buscar otra forma de destrozar las burbujas restantes, junté las palmas de mis manos y las fui separando poco a poco, creando pequeñas dagas de agua rigidas. Fui realizando esta acción hasta haber destrozado todas las burbujas, pero algunas esquivaban rápidamente mis proyectiles, e incluso me lanzaban como piedras de hielo. Decidí elevarme para poder llegar a su altura, creando una torre de agua estable y que se pudiera mover sin desplazarse de su base.  Conseguí destrozar a la mayoría, pero mientras, el poder de mi torre de agua se iba debilitando, hasta que desapareció y caí al fondo del mar. No sé cuánto tiempo habría pasado, pero me desperté en una especie de cueva extraña. No estaba llena de agua y tenía un agujero dónde algunos potentes rayos del sol pasaban y se veía un cielo despejado, diferente al del pantano. 
 

lunes, 6 de mayo de 2013

Cápitulo 17: Inicio a los entrenamientos


 

[“-Os hospedareis una semana en mi casa, como los clientes que erais según mi asistenta, que veníais a por unas armas que me habíais encargado. Pues bien, entrenareis con estas armas. –Ogmios”]

 

Narra Catrin.

Sophie, Dreidre, Uko y Crold se habían marchado ya a dormir, después de que la asistenta de mi viejo amigo nos hubiera enseñado la casa y que cenáramos. Era el doble, casi el triple de grande que la mía, y algunas cosas estaban cambiadas, como el orden de las habitaciones o el lugar de algunos muebles, desde la última vez que vine. Ese detalle me cogió por sorpresa, aunque el que sorprendió a los jóvenes no. Que tuvieran que entrenar con unas armas y mantener en secreto una misión muy importante les ilusionó y preocupó un poco, en cambio, yo ya lo sabía y me lo esperaba. Desde los años de mi infancia me habían entrenado para aumentar mis poderes en caso de otra guerra, como a Ogmios y a Gráinne. Y de no ser por eso, ahora no estaríamos aquí vivos y los nuevos y novatos “héroes” ya habrían caído en manos de la Reina de la Muerte, Morrigan. En estos momentos, estaba sentada en una de las sillas del comedor con Ogmios delante de mí, tomándonos una taza de té bradforense. Apoyé mi mano a la taza y me quemé la palma de la mano. Junté mi otra mano con la mano afectada y pude aliviar el dolor, eliminando el calor restante de la quemadura usando el conjuro de “Helignt corp”, “Cuerpo Helado”.

-Pareces preocupada. –Dice Ogmios, dando un largo sorbo a su taza de té.

-Lo estoy un poco. –respondo, cogiendo la taza de su asa. –He de admitir que al escuchar el relato que les contaste a los humanos, se me vinieron los recuerdos de la batalla de Mag Tured en la que luchamos y se me puso la piel de gallina.

Ogmios se rió y dijo: -Estarás mintiendo ¿no? Porque la Catrin que yo conocía no era así. Tú eras fuerte y valiente y no se dejaba llevar por algo tan simple.

-Si…Tienes razón. Supongo que será uno de los efectos de cuidar a tus hijos y preocuparte por ellos. –A continuación, Ogmios me preguntó que si era por mi hijo Crold y le respondí que no, no era solamente por él, sino también por los humanos y por Grainné. Desde que vinieron los jóvenes, no dejo de preguntarme cómo será el día en el que nieta y abuela se encuentren…

-No te preocupes por eso, aún queda mucho para que llegue ese día. Además, antes de eso, los jóvenes humanos y el lobo ya habrán superado retos importantes.

Asentí moviendo mi cabeza y dije. –Sí, pero… Tengo una pregunta desde hace unos días, sobre el conjuro de la transformación de Crold, y creí que era buena idea consultártelo. ¿Hay alguna solución?

-Sí y no. –Ogmios terminó de tomarse su taza de té y continuó diciendo –En el centro de Éire se esconde uno de los 5 ejemplares del “Libro MIgnic”. Por lo poco que sé sobre ese libro, es que tiene todos los conjuros y sus soluciones para deshacerlos, y que se renueva cada vez que aparece un nuevo hechizo y su posible solución.

-Entonces eso quiere decir que tendré que ir a buscarlo para deshacer la transformación de mi hijo, pero no puedo dejar a los jóvenes solos…

-Solo puedo decirte que lo mejor es que esperes a que transcurra el tiempo y ya verás el momento adecuado.

 

                                                           ************

Narra Sophie.

Aun estaba arropada con las sabanas aunque ya hubiera salido el sol. Hacía como media hora que me había despertado y vi que las camas de mis amigos ya estaban deshechas. Tenía pereza de levantarme y empezar con los entrenamientos, pero quedarme despierta en la cama hizo que meditase algunas cosas con respecto a la charla que nos dio el amigo de Catrin ayer. “¿Por qué mi abuela no quería verme, si desde los 4 años no la veo?” o “¿Tan arriesgadas estarán nuestras vidas cuando comenzase la guerra contra los nuevos Fomóre?” eran algunas de las preguntas que me rondaban por la cabeza. “La verdad es que podía habérselo preguntado ayer a Ogmios y a Catrin”.

Vi que la puerta se abrió y me giré hacia la pared, haciendo que aun dormía. Por la silueta de la sombra que pude ver, era la asistenta de Ogmios, que estaba haciendo las camas. Me levanté y disimulé un bostezo. Finalmente fui a la cocina a desayunar.

Después de haber desayunado y vestido adecuadamente con ropajes de Bradford, Dreidre, Crold, Uko y yo estábamos en el mismo patio donde habíamos estado el día anterior. Ogmios estaba delante de nosotros, y en la mesa que estaba detrás de él estaban nuestras armas correspondientes junto a 4 pequeñas pirámides de color verde, rojo, azul y gris plateado. Ogmios nos explicó lo que teníamos que hacer con las pirámides y cómo teníamos que manejar las armas. Su asistenta dibujó en el suelo con una tiza blanca cuatro grandes cuadrados y situó la pirámide correspondiente de cada uno en frente de nosotros,
apoyándolas en el suelo por una de sus cuatro caras laterales, dejando la base hacia nosotros. Según Ogmios, para comenzar solo teníamos que relajar nuestro cuerpo y cerrar los ojos para que el poder de las pirámides funcionase. Cerré los ojos, cogí aire lentamente y fui relajando poquito a poquito mi cuerpo. Lo siguiente fueron unas milésimas de segundo, pero sentí que algo me absorbía, un aire muy potente… Un aire que hizo que casi me ahogase por su ausencia. Abrí muy grande la boca e inspiré todo el aire que pude, hasta expulsarlo por la nariz. Apoyé mi mano derecha en el suelo y noté algo húmedo y rocoso. Me levanté y estudié el entorno con mi vista. Estaba en la parte más alta de una montaña enorme, y parecía estar sobre las nubes, en el cielo. Vi un pequeño reflejo de luz cercano a mí y me acerqué. Eran el arco y las flechas. Fue tocarlo y notar un terremoto bajo mis pies. Cogí el arco e intenté mantenerme en equilibro. El terremoto cesó y vi unas siluetas marrones a lo lejos. Eran unas águilas inmensas, con unas alas llenas de plumas enormes y con unas garras gigantescas. Cogí una de las flechas y la puse junto al arco, tensando su cuerda. Apunté hacia una de las águilas y la lancé. La flecha salió disparada, envuelta de un manto de círculos de aire. El disparo dio a un águila y esta se echó hacia atrás, pero volvió a retomar su camino hacia su objetivo, yo. Esto se estaba poniendo complicado, e incluso dudaba de mi misma en estos instantes… Pero no debía fallar, mis poderes debían de aumentar si o si.