sábado, 1 de junio de 2013

Capítulo 19: Dudas


[“Conseguí destrozar la mayoría de las burbujas, pero mientras, el poder de mi torre de agua se iba debilitando, hasta que desapareció y caí al fondo del mar. No sé cuánto tiempo había pasado, pero me desperté en una especie de cueva extraña. No estaba llena de agua y tenía un agujero donde algunos potentes rayos de sol pasaban y se veía un cielo despejado, diferente al del pantano”]


Narra Uko.

Me quedé un rato teniendo la mirada perdida en los rayos del sol que pasaban por el agujero. Estaba empapado hasta la cintura, y parecía estar un poco perdido “¿Qué hago aquí, y cómo he llegado? Me pregunté  a mi mismo. Me levanté de aquel charco en el que estaba sentado, apoyándome en unas rocas cercanas a mí y por poco, me resbalo con una alga que había pisado.

-Por fin os habéis levantado. –escuché a mis espaldas. Noté un escalofrío en mi cuerpo y me giré, poniéndome en guardia. Era una chica alta, de piel y pelo azul cian y con unos ojos violeta, con un vestido de verde baldosín. Dio unos pasos hacia donde me encontraba y cogió mis manos. –Me alegra que os hayáis recuperado. –continuó diciendo, y acariciando mi mejilla. Me sonrojé un poco y noté que sus ojos me hipnotizaban indirectamente. Parpadeé varias veces y le pregunté a aquella chica:

-¿Quién eres? –fue la única que dije en voz alta, pero en mi cabeza se acumulaban más dudas. Mis pies y piernas se estaban cansando, asique me senté en el suelo con la forma de los indios. La joven hizo lo mismo, o me imitó, más bien, y respondió:

-Soy una ninfen, mitad ninfa y mitad siren.

-Pero… ¿Dónde estoy?

-Estas en los restos de la ciudad de Maerfy. Hace años, esta ciudad fue construida por la gente que
vivía aquí

-Pero, si este lugar…

-No es real, lo sé. Este lugar es un mundo falso, quiero decir, que fue creado por los humanos para encerrar a los seres fantásticos que se encontraran y tenerlos como juguetes en sus casitas. Nos tomaban como seres malignos, cuando nosotros solamente queríamos alejarlos del mal a ellos, no atraerles. No lo sabía hasta que un viejecito vecino de mi casa donde vivía yo sola me lo dijo. Nuestra ciudad fue barrida por una enorme inundación producida del pantano. Yo conseguí sobrevivir y pude resguardarme en esta cueva flotante en el mar, protegido por una burbuja. –dijo algo entristecida. –Siempre habíamos esperado la llegada de alguien poderoso, alguien como tú, que pudiera sacarnos de esta prisión, pero esperamos demasiado…

Me quedé pensativo, mirando hacia el suelo con las manos apoyadas sobre mi cara.

-Pero… -susurré, y me quedé callado. No creo que decirle lo que Ogmios nos explicó antes de empezar, fuese lo mejor. Ella, cuyo nombre no conocía, había contado otra versión a los hechos. Según Ogmios, estos lugares eran parte de nuestra imaginación y mente, pero según la joven de piel azul, eran unas jaulas para los seres mágicos de Éire. “¿En cuál de las dos tenía que confiar? Pfff… Me estoy volviendo loco” pensé para mis adentros. Si me quedaba más tiempo callado, preocuparía a aquella ser mágica, asi que solté, sin pensármelo:

-¿C-cómo puedo salir de aquí?

Narra Dreidre.

Estaba en un enorme pinar, donde lucía el sol. Me fijé atentamente a los pinos que tenía a mí alrededor, todos eran iguales o parecidos: un tronco fuerte y grueso que sujetaba la formidable y alta copa de hojas verdes y con sus piñas marrones. Fijé mi mirada directamente a uno cercano, parecía tener como un largo y estrecho de intentaba destacar del propio tronco. Me acerqué con cuidado, por si era una especie de trampa, y toqué esa extraña figura que me había llamado la atención. Del segundo tronco, salió una lucecita de color lima, que se expandió por todo el tronco y mostró una forma en este mismo. Retrocedí unos pasos hacia atrás y esperé a que sucediese algo: esa forma iluminada “brotó” del tronco y pareció cobrar vida.
 


Apoyé mis manos en el báculo escondido, que ahora se había desplazado hacia la espalda del tronco, por así decirlo, e intenté sacarlo, pero no pude. Lo intenté muchas veces hasta que la mano de la figura “humana” del tronco, la cogió fuertemente y lo lanzó al suelo. El suelo pareció tragárselo y con mis propios ojos, vi que desaparecía. Tras pasar unos minutos, escuché unos pasos detrás mia y me giré para saber quién o qué era. Era un niña de unos 7/8 años y bajita, de pelo verde chillón y con unos ojos enormes. Tenía la mirada fija a mí, y tras estirar su brazo y mano, el báculo salió de la hierba y se situó en su mano.

-¡Eh! –le grité, después de que hubiera empezado a correr. Intenté seguirla, pero en un momento me dio esquinazo y me perdí. Estaba sola, rodeada de incontables pinos que hacían que el bosque fuese como un auténtico y difícil laberinto. Respiré despacio hasta recuperarme de la carrera que me había dado y de repente noté que algo me tiraba del pie. Una rama me había enrollado la pierna y se disponía a atarme. Intenté soltarme pero me fue imposible, otra rama se lanzó contra mí y consiguió coger a mi brazo izquierdo. La presión era cada vez más fuerte y me estaba debilitando, a mi sangre le costaba cada vez más circular y el aire me estaba fallando…

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