viernes, 28 de junio de 2013
Càpitulo 21: El Cuarzo Transparente
[“-La gente del pueblo… desapareció en un día de eclipse lunar diferente.
-¿Diferente?
-Sí, fue diferente y extraño: la Luna era roja e hizo que los habitantes de este lugar se derritiesen como el chocolate, por su ardiente luz roja que hacia efecto en la gente que era reflejada con esa luz, aunque de todas formas afectó a casi todos…” –Crold]
Narra Crold.
-Sinceramente nada, aunque tal vez, en el sótano de mi casa, encontremos la solución en algún libro…
-Está bien, pero el inconveniente es que nos llevaría mucho tiempo y
-Tranquilo –le cortó el hombre mayor- Fui bibliotecario en mi época joven.
Finalmente llegamos a la casa del agricultor y bajamos al sótano. Era una habitación amplia y con pocas bombillas, manteniendo su olor de madera vieja y la capa fina en sus objetos viejos, sobre el plástico que protegía a estos. Anduve con cuidado para no clavar mis garras con el suelo de madera seca, hasta que el hombre se detuvo delante de una estantería.
-Aquí es donde tenemos que buscar. –dijo cogiendo uno de los libros que estaba frente él. Cogió un puñado de ellos y los dejó a mi lado. Entendí a lo que se refería. Cogí el primero de todos con mi mandíbula sin apretar mucho y lo dejé en el suelo. Busqué rápidamente algo relacionado con la noche, la luna o los eclipses, pero nada. Hice lo mismo con los siguientes, y tampoco hubo un logro. Me quedaban solo 3 por ver, y el libro que cogí me llamó la atención. Parecía un cuento y su título era “Scéalta Na Bhflaitheas “ y de fondo de color azul con un sol dibujado y una luna también. Lo abrí y todo estaba escrito en irlandés. Hice una mueca de fastidio y el señor se acercó a mí.
-¿Qué sucede?
-Este libro está escrito en irlandés, y creo que aquí está la respuesta, o puede. Pero no puedo buscarla y encontrarla si el cuento está escrito en irlandés.
El agricultor sacó un frasquito sujeto por una cadena y con una especie de pastillas blancas en su interior, y lo abrió. Sacó una de las pastillas y me la acercó, diciendo.
-Tómatela, te ayudará a leer textos del idioma diferente al tuyo, viendo la traducción a tu idioma de cada palabra encima de la misma palabra del otro idioma.
-Entendido, muchas gracias. –le respondí. Me acerqué a su mano e introduje la pastilla en mi boca. La saboreé durante unos minutos, y empecé a leer rápidamente el libro en mi idioma. El titulo significaba “Historias Del Cielo” y no me había equivocado al interesarme en aquel cuento. Había un cuento que se llamaba “Luna Roja”, en irlandés “Red Moon”, como en inglés. La historia era así:
“Había una vez, en una villa cercana al centro de Sidhe donde sus habitantes estaban preparando la inauguración de la fiesta de la cebada. Se celebraba cada 5 años y en el día de la inauguración, el alcalde tenía que dar el discurso frente la columna central de la enorme plaza y el cuarzo lechoso y transparente que estaba sobre la cúspide de la columna. Llegó el día de la apertura y el alcalde dio su discurso frente la columna, añadiendo:
-Y además, anuncio que hoy, mi hija Jace se casará con su prometido Siku por la noche, nada más salir la luna, en el lago. –dijo, sacando el cuarzo de la columna y acercándose a su hija para dárselo. Su hija Jace era una joven de pelo anaranjado y de un sensible corazón y de belleza esplendida otorgada por la diosa Aine “El Dulce Corazón de Sidhe”. Ya tenía la edad para poder crear una familia, y su padre pensó en Siku, el hijo de los dependientes de la tienda de tela de todo el poblado, los señores Niid. Pero ella, en el fondo le rechaza, quiere seguir siendo libre, con su propia vida y familia.
Su padre le dio el Cuarzo al prometido de su hija y este incrustó el mineral precioso en un agujero ´con forma que tenía una diadema de plata, y se la colocó en la frente. Cerca de la joven, estaba un chico de su misma edad y de pelo morado y ojos verdes, cuyo nombre era Jack. No era muy educado y tampoco tenía una vida digna, pero siempre había sentido algo por la hija del alcalde, y escuchar aquella noticia hizo que se pusiese celoso. Cegado por sus sentimientos, la luz que reflejaba el cuarzo del sol hizo que el joven fuera enamorado locamente por Jace, algo que ella no sabía y que nunca había sabido. […] hasta que llegó el atardecer.
Jace lucía un vestido blanco y estaba sentada sobre el césped de la orilla del lago. Dentro de una hora habría perdido su libertad y no sabía qué hacer para impedirlo. Escuchó un ruido y se alarmó, levantándose y preguntando que quien había allí. Jack salió de su escondrijo y se acercó a ella, diciéndole la causa por la que estaba allí.
-Yo, yo… estoy enamorado de ti desde que tenía 16 años… -Jace se sorprendió mucho y titubeó algo.
–La única solución que hay es que rechaces a SIku por mí –continuó, con una voz más débil.
-Ni siquiera te conozco, y tampoco se cómo eres. ¿Cómo voy a casarme con alguien al que ni siquiera conozco? –le contestó. En su interior se sentía débil. Alguien la quería y ella no y ella tenía que querer a otra persona. Jack se acercó más a ella y la intentó dar un beso, algo que ella rechazó. El dolor de Jack aumentó y perdió el control sobre él mismo. Le arrancó la diadema a Jace de la frente y después de quitar el cuarzo de esta, tiró la corona al lago. Jace se quedó pálida. El mineral se convirtió en color negro y desprendía un calor ardiente, que hizo que Jack se hiriese y que su cuerpo se fuera evaporando poco a poco. Un papel cayó de su bolsillo y la joven chica lo leyó, era una carta de declaración de amor. El humo ascendió hasta nublar la luz de la luna, y al desprender tanto calor y odio, convirtió a esta en roja.
[…] Jace estaba a punto de aceptar el matrimonio con Siku cuando notó su cuerpo frágil, se estaba evaporando. Pero mientras, a todos los ciudadanos de la villa les pasaba algo extraño, se derretían. Finalmente, el matrimonio entre Jace y Siko fue impedido, y la ira de Jack produjo que todo el pueblo desapareciese”
Cerré el cuento y miré hacia el suelo, doblando las orejas. La historia me había llegado al corazón. El señor mayor se dio cuenta de mi estado y me preguntó que si me sucedía algo.
-No, es solo que me he puesto un poco sentimental, por la historia que acabo de leer. Creo que sé cuál es la solución. –le contesté. El hombre cogió el libro que había leído y le señalé el reglón donde salía que el chico tiraba el mineral al lago.
************
Según el agricultor, en su época de juventud, tenían un lago cerca de la aldea, aunque la mayoría de su agua fue absorbida por el eclipse de la Luna Roja. Me condujo hasta él, caminando por el profundo desierto y con un ardiente sol que hacían que nos agotásemos más. Mi hipótesis era que teníamos que destrozar el cuarzo para que así el odio desapareciese y que las cosas volviesen a la normalidad. Llegamos a la zona hundida y traté de buscar la piedra. Me llevó como mucho una hora, pero finalmente la tenía en mis garras para poder destruirla. Lo intenté con todas las fuerzas que tenía en mi cuerpo, pero me fue imposible. Cogí el mineral transparente con mi mandíbula y la apreté fuertemente, pero fue inútil, hasta que… me tragué el cuarzo. No tuve más remedio que hacer que entrase en mi estómago si no quería que me ahogase. Cerré los ojos y acumulé toda mi energía mágica en el centro del mineral, para que se deshiciese en trocitos calcinados por el fuego. Lo logré: dentro de mí tripa noté como una explosión de los trozos del cuarzo quemados, aunque estos fueron como una delicia para mí. Le conté lo sucedido al agricultor, que este estaba pensando en otras formas de destrozar la piedra preciosa, y volvimos a la aldea. Llegó la noche con su luna llena blanca radiante y fuimos a la plaza para tener una mejor vista, cuando una luz roja anaranjada salía de mi tripa y desaparecía poco a poco delante del señor mayor. No quise ponerme en lo peor de lo peor, porque no había mal que por bien viniese,..
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