domingo, 24 de febrero de 2013

Cápitulo 8: El recuerdo del mar


[“-Sí. Nuestra misión ahora, es poder encontrar los objetos místicos de cada elemento que se encuentran en su zona correspondiente de Éire y recuperar vuestros pueblos para poder hacer frente contra el enemigo”. –Catrin ]


Narra Sophie.

Lo que nos había contado Catrin no podía creerlo. Si era, bueno, fui hija de los reyes de un importante condado y que ellos hubieran muerto salvándome… No quería pensar en ello, no… Llorar por alguien fallecido o distanciado me parecía algo no recompensable, pero las ganas se hicieron más fuertes, y las lágrimas empezaron a deslizarse por mis mejillas. Los recuerdos de mi abuela me vinieron a la mente y salí de casa. Aún no había anochecido y estas calles me las sabía más o menos, asique no me perdería. Comencé a andar hacia un rumbo sin sentido y llegué a la plaza de la catedral de la ciudad donde habitaba.



Me senté en uno de los bancos de piedra y fijé mi mirada hacia el  cielo. Las nubes empezaban a coger su típico color de tormenta, tapando la poquísima luz del sol que había. Apoyé mis pies en el borde del banco y me quedé pensativa. No sé cuánto tiempo me quedé así, sin moverme y meditando, pero las primeras gotas de la lluvia me despertaron del embobamiento que estaba empezando a tener. Cada vez llovía más, hasta que se formó una tromba de agua. Me levanté y corrí hacia la catedral y llamé al gran portal. El cura Brian me abrió, un hombre de unos 50 años, con sus canas y cara de buena persona y muy filosófico.

-Pasa hija.

Pasé y suspiré. El padre Brian me dio una manta y me senté en uno de los bancos de madera barnizada, dándole las gracias por ayudarme.

Ya había pasado cómo una hora y media y la lluvia no cesaba. Esto era típico aquí, pero que lloviese casi todos los días del año, ya era como un poco deprimente para la mente. No dejaba de ver hacia la blanca y redondita luna (si, ya había anochecido, muy rápido) hasta que el padre Brian me dijo:

-Sophie, creo que afuera hay alguien, ¿Podrías ir y decirle que se resguarde con nosotros si le apetece?

-Vale padre, ahora vuelvo. –Le dije levantándome y cogiendo un paraguas del perchero que estaba al lado de la gran puerta.

Salí a la calle y todo estaba muy nublo y oscuro. Lo poco que podía divisar eran las luces de las farolas y la fuente. Repasé mi entorno con la mirada unas cuantas veces hasta que por fin pude divisar a una persona a lo lejos. Alcé mis brazos y los agité abiertamente como saludando.

-¡Oigaa! –grité. Vi que la persona corría hacia la catedral, y tras unos minutos, pude reconocerle.
-¿Uko? –susurré. Corrí hacia él y si, era Uko. -¡Ukooooo, soy Sophieeee! –chillé saludando a lo grande.

-¡Sophie! –respondió corriendo hacia mí. -¡Cu-cuanto tiempo! –dijo abrazándome fuertemente.

-¡Si!. Ven, lo mejor será que nos resguardemos en la catredral.

Uko asintió y fuimos a la catedral. Le noté cómo desanimado.

  -¿Te encuentras bien? –le pregunté con voz de preocupada.

Uko paró y se sentó en uno de los bancos de la plaza. Se le notaba agotado y triste.

-Si… -dijo apoyando su cabeza en sus manos y dejando caer lágrimas de sus ojos. Abrí el paraguas y me senté a su lado. Le di un abrazo y le dije que me contara lo que le pasaba.

-No pu-puedo contártelo… Ha sido terrible… Yo ya no sé lo que fui y lo que soy. –dijo como soltándolo y apretando sus ojos.

Eso me sobresaltó un poco, ¿Y si le había pasado algo parecido que a Dreidre y a mí?

  -No estés así, desahógate…

-Sinf, está bien. Veras…

Uko’s Flashback:

Mi tío y yo nos habíamos mudado al condado de Claire con su caravana, cerca de los acantilados Mother. Tras haber estado un año estudiando en un colegio de Galway, a mi tío le desahuciaron de la casa que tenía por no haber pagado la hipoteca y tuvimos que quedarnos viviendo en su caravana y de lo que ganaba del dinero de nuestras clases de surf. Nos instalamos cerca de los acantilados porque era allí donde podíamos conseguir más dinero y poder tener por lo menos, unos pocos animales. Unos días anteriores a mi celebración de los 16 años, noté a mi tío incomodo, hasta que por fin me desveló algo que nunca llegué a creer de mí mismo. Ese día había tormenta y no podíamos salir por la fuerza del viento y olas. Mi tío me contó que no provenía de este mundo, sino de su subsuelo: Éire el otro lado de Irlanda. Me explicó de qué se componía y un poco de su historia. Según él, yo había nacido de unos pescadores de las costas del condado de Blau, del elemento del agua: Icus. La guerra entre los Fómore y los Tuatha Dé Dannan había comenzado. Mi padre nos dejó a mi madre y a mí en casa y se fue a luchar en la guerra. Fue lamentable que no pensara el riesgo que corría dejándonos a los dos solos sin ninguna protección material. Un maldito día, unos barcos de los Fómore llegaron a nuestras costas y destruyeron todo lo que veían a su paso. Miles de mujeres y niños murieron asesinados por esos monstruos sin corazón. Tras haber saqueado y destruido nuestro pueblo costero de Blau, un hombre (mi supuesto tio) me encontró inconsciente en el suelo cercano al mar y empapado de agua. Él me cuidó todos estos años aquí, en Galway y ahora en los acantilados Mother, desde que escapó de aquel solitario pueblo. Cuando me enteré, no me lo quise creer en parte, mi tío me dijo muchas veces que había nacido de mis padres, fallecidos en un accidente de coche y él era fue el encargado de cuidarme todos estos años. Al saber por fin la versión verdadera, sentí que algo brotaba de mí, pero no sabía el qué. En el día anterior a mi cumpleaños, mi tío se quedó todo el día sentado en el césped de los acantilados e intenté convencerle a que volviese antes de que se desatase una gran tormenta. Fui hacia él, se giró hacia mí y me susurró algo que no entendí y... Saltó al mar. Chillé y corrí hacia él, tratando de cogerle de una de las muñecas, pero me fue imposible, así que... Me lancé al mar. Me dejé caer ligero como una pluma y caí al fondo. Vi una extraña figura a lo lejos y al hombre que cuidó de mí todos estos años acercándose a esta. Un torbellino lo tragó hasta lo más profundo del mar. Noté una puñalada en mi corazón y un frio helador en un único punto de mi brazo: el trisquel de Icus. Empecé a marearme y a ver una imagen borrosa en la que una señora y su hijo flotaban en el fondo. Lo único que recuerdo después, fue que estaba tumbado en el césped de los acantilados…



Uko terminó de contármelo y le dije que lo más prudente en estos momentos sería volver a casa.

-Pero… ¿Qué dirán si me ven así?

-Tranquilo, ya nos inventaremos alguna excusa. –respondí levantándome y haciéndole una seña para que volviéramos ya. Juntos volvimos corriendo a casa de mi abuela, era demasiado tarde y Catrin y Dreide ya estarían demasiado preocupadas por mi salida del anochecer.

sábado, 16 de febrero de 2013

Cápitulo 7: Pasado y Futuro.


[“Murmuré un encantamiento de vuelta sin Kin, que había muerto por uno de los lobos, y volví a Letterkeny. Tendría que inventarme una excusa para que Catrin no supiera dónde había estado…”-Dreidre.]


Narra Catrin.

Dejé a Dreidre en el internado y volvía casa. Antes de llegar, pasé por el supermercado cercano y compré lo suficiente como para dos semanas. No me tomé mucha prisa, ya que supuse que Sophie aun seguiría dormida. Estuve comprando durante una hora y finalmente, volví a casa. Dejé las bolsas cargadas de comida encima de la mesa del comedor y me senté a descansar en una de las sillas. Esto de aparentar ser otra persona me estaba agobiando, me sentía más débil y sin capacidad de poder hacer más cosas de las que mi cuerpo humano me permitía. Después de descansar un rato, fui a la cocina a hacerme un té. Entré y me encontré a Sophie sentada con su taza blanca de leche y cereales.

-Buenos días ¿Qué tal has dormido? –le pregunté amablemente, sentándome frente ella y con mi taza de té.

-¿Después de lo que sucedió? Al principio no pude dormir, la verdad, pero finalmente si que pude.

-Me alegro. –dije levantándome. Limpié las tazas y llené la nevera y despensa de la comida comprada. –Voy a terminar de ordenar y limpiar la casa ¿Quieres ayudarme? –Le ofrecí a la joven rubia.

-Vale. Me cambio y te ayudo. –me respondió.

Asentí y empecé a reordenar la cocina. A los 15 minutos pasados, Sophie bajó y le dije que limpiara el salón.

La mañana pasó muy rápido, limpiamos y ordenamos la casa entera, comimos y ambas hicimos nuestros hobbies durante toda la tarde. Sophie tocaba la guitarra y yo me quedaba haciendo ganchillo frente la lumbre del salón.

Sonó el timbre y fui a abrir. “¿Quién será a estas horas”? me pregunté, mirando hacia el reloj que había en la mesilla del pasillo. Dreidre. Parecía estar agotada y sedienta. La hice pasar y le di un vaso de agua.

-Será mejor que te des un baño y descanses un rato. A las siete y media, dentro de una hora, Sophie y tu bajad al comedor, tenemos que hablar. –Le dije tranquilamente, y noté que un escalofrío recorrió su cuerpo. Esperé hasta las siete y media, y Dreidre y Sophie bajaron al comedor.

-Sentaros. La razón por la que os he pedido que vengáis, es… -hice una pausa, tosí una vez y continué –es por vuestro pasado y futuro. –dije con un tono serio.

-Veréis, desde tiempos remotos, ha existido un subsuelo a Irlanda, otra dimensión bajo miles de metros de aquí. Éire. Está formado por los seis elementos: Érra (tierra), Icus (agua), Roxeg (fuego), Elios (aire), correspondiente a los Tuatha dé Danann;  Geal (luminoso/luz); y Dorchaigh (oscuro), correspondiente a los Fomoré. Hace 58 años, los Fomoré despertaron del infierno, Olc fue su tierra de Éire. La antigua Irlanda estaba compuesta por 6 condados: Olc, campos malditos, Éadorm, cuevas de luz, Dokumb, bosques de la tierra, Foyl, lagos del fuego, Ciam, volcanes del agua y Arvach, montañas del aire. Desde la guerra de los Tuatha Dé Danann y los Fómore, con la victoria de los protectores del bien, los Fómore quedaron enterrados en los campos malditos del condado Olc, destrozado este también. Hasta que 50 años después, han despertado con su reina Mórrigan, entonces es cuando cuatro humanos de los cinco elegidos, vuelven a Éire para detener otra batalla de luz y oscuridad, obteniendo un trisquel de su elemento correspondiente. Por eso vine aquí.
 


-¿Entonces, ahora los Fómore intentarán matarnos lo antes posible, ¿no? –preguntó Sophie.

-Sí. Pero lo positivo de esto es que no pueden traspasar los pozos del tiempo para llegar aquí, entonces quiere decir que tenemos un poco de ventaja. Por ahora solo os tengo a vosotras, me faltan dos.

-Uno. –me cortó Dreidre. –Su hijo Crold, tiene el trisquel del fuego.

-¿Cómo?

-Si. –dijo desanimadamente –Esta tarde llegué hacia un lugar de Dokumb, Provenzy, y me encontré su casa y a su hijo. Me dijo algo sobre donde estábamos cuando, unos lobos blancos atacaron la casa, pero al final pudimos derrotarlos. Recuerdo que el más mayor mordió a Crold y en ese momento, el trisquel ardió en su brazo. Pero se encuentra bien, no se preocupe. –me dijo, algo decaída.

-Entonces tú ya sabias algo de esto, bueno, sigamos. Sophie, tu elemento es el aire, cómo pudiste ver ayer por la noche. Tú provienes de la Reina del aire, Vilv. En el fin de la batalla de los malignos y su pueblo de Arvach, tu madre se encontraba muy débil y estaba embarazada de ti. Después de que te diera a la luz y antes de morir, mandó a tu abuela Grainne, escoltada por uno de los siervos del aire, que te alejase de ese lugar en una nube de cristal. Ella te acompañó y se hospedó contigo y con tu supuesta familia, hasta que tuvo que volver a Éire a tu reino.

-¿En-entonces soy una reina? –preguntó asombrada.

-No, aún no. Después os explico el porqué. Y Dreidre, tus padres, por lo que me contó y se pudo enterar Grainne, eran unos comerciantes de joyas en Bradford, otra de las ciudades de Dokumb. Un día, tu padre se encontró un extraño colgante y te lo puso a ti, eso fue lo que hizo que obtuvieras el poder del trisquel en ti y tu elemento, la tierra. Tus padres también lucharon en la guerra e intentando darte la supervivencia en el blanco y fuerte invierno, te metieron en otro de los pozos del tiempo, pensando que te salvarías.


-Por eso siempre me quedé en el internado desde muy pequeña…

-Sí. Nuestra misión ahora, es poder encontrar los objetos místicos de cada elemento que se encuentran en su zona correspondiente de Éire y recuperar vuestros pueblos para poder hacer frente contra el enemigo.

-Mmm… Lo veo guay. ¿Tú qué opinas? –le preguntó Sophie a su amiga.

-Arriesgado pero valiente. –respondió sonriente.

-Bien, entonces ya mañana iniciaremos la misión.

domingo, 10 de febrero de 2013

Capítulo 6: Provenzy


[-¡Yo no me voy de aquí hasta que me cuentes la verdad de todo esto! –refunfuñó Sophie como una niña pequeña.
-Te lo contaré en el sitio y momento adecuado. Tenemos que marcharnos de aquí lo antes posible, podrían venir más enemigos de los Fómore…- respondió Catrin]


Narra Deirdre.

Me desperté temprano y me vestí con la ropa que había traído del internado. Me aseé y bajé a desayunar. Preparé un sándwich de nocilla con crema de cacahuete y uno de los zumos de melocotón. Los metí en mi mochila y cogí las llaves de la puerta principal, cuando escuché unos pasos dese las escaleras.

-¿A dónde vas? –me preguntó Catrin, en un modo arrogante.

-Eh… Me voy al instituto del internado. –respondí mirando mi reloj de pulsera. –dentro de media hora comienzo las clases y si llegamos tarde nos expulsan una clase.

-Mmm. Bueno, espera un momento. Me cambio y te acompaño.

-Pero si no hace falta, me sé el camino…

-Lo sé, pero no te voy a dejar que vayas sola por estas calles a estas horas. –me cortó ella.

Esperé y salimos a la calle. Apenas había salido el sol y parecía que fuera a llover. Saqué el zumo y me lo tomé, al igual que con el sándwich.

-¿Notaste algo extraño por la noche? –me preguntó nuestra canguro por la mitad del camino.

-No. Nada ¿Por?

-Mejor

Llegamos al internado y me despedí de Catrin con un abrazo. Dejé la maleta en mi cuarto y asistí a la primera hora de clase, Biología. Apenas me gustaba esa asignatura, aunque la parte de los animales me encantaba. Siempre había sido una amante de los animales y siempre me habría encantado tener una mascota, pero los adultos no nos lo permitían, por temor a que todas las personas del edificio sufrieran una enfermedad producida por una mascota.

Las clases siguieron y la ausencia de mi mejor amiga se notaba. En los cambios de materia, se escuchaban preguntas referidas a Sophie, pero nadie me preguntaba directamente. Todos se hacían suposiciones y cuentos chinos.

En la hora del almuerzo, salí a la calle con mi comida. Empezó a lloviznar y no tenía nada a mano con lo que cubrirme. Empecé a correr, buscando un sitio donde cubrirme de la lluvia. Avancé todo recto, giré hacia la derecha en un cruce y a este mismo lado en otro que había más adelante. Había llegado hasta las afueras de Letterkeny y lo único que tenía cerca de mi era un prado con árboles y unas naves abandonadas. Me senté debajo de uno de los árboles y comencé a almorzar. Cada vez llovía más e incluso comenzaba a tronar. Me asustaba. Escuché un maullido a mis espaldas y me giré.
Un gatito de pelo marrón oscuro y ojos azules estaba lamiendo una poca agua que se había acumulado en un pequeño agujero del suelo. Me acerqué a el animalillo y le acaricié el lomo. Este me respondió con un ronroneo y se acurrucó a mis piernas. Nos quedamos unos minutos asi. De repente, noté un temblor en el suelo. Me levanté con Kin en brazos, así había llamado al lindo gatito. El temblor empezó a hacerse más fuerte y más fuerte cada vez hasta que la tierra empezó a partirse. El suelo se partió en dos y Kin y yo caímos en el vacío. Chillé lo más fuerte que pude, pero fue en vano. Caímos y caímos hasta que llegamos al fin de ese precipicio. Me levanté y dejé al gatito en el suelo.

-No te separes de mí. – le susurré.

Estudié con mi mirada el entorno en el que estaba. Parecía un lugar tranquilo y a la vez nervioso. Respiré hondo y anduve hacia una casita que estaba unos cuantos metros de lejos.

-¿Quién eres tú?- me preguntó una chica que pasaba por allí cerca. No parecía una humana… Más bien parecía una ninfa, con ojos turquesa, pelo azul y un vestido lila.

-Soy una humana… Mi nombre es Deirdre. ¿Sabes dónde estoy?

La joven pareció asustarse y se marchó sin hablarme.

“Bueno” pensé para mis adentros y encogiendo mis hombros. Llegué a la casita y llamé a la puerta. A los pocos minutos, un chico de ojos ocres y pelo oscuro, y con la misma edad que yo, me abrió.

-Hola… -dije, esperando a que esta persona tampoco me contestase y me cerrase de un portazo.

-Hola. Pasa, no te quedes allí. Pueden venir en cualquier momento. –susurró esto último el chaval.
Me hizo pasar y entré, dándole las gracias. Miré con detalle la habitación donde me encontraba.




-Siéntate en una de las sillas, si quieres.

-Gracias. –respondí. Me senté en una de las sillas y el joven se sentó frente mí.

-Bueno… Y ¿Cómo te llamas?

-Me, me llamo Dreidre, soy una humana.

El chico se quedó asombrado.

-¿Humana? Que extraño, ningún humano ha llegado hasta Provenzy desde tiempos inmemoriales…

-¿Provenzy? –le corté con un tono de asombro.

-Sí, es uno de los pueblos del condado de Dokumb, de Éire… Yo soy Crold, soy un ninfo-humano, soy hijo de Catrin.

-¿Ella? ¡Si es la canguro de mi amiga Sophie!

-Entonces, vosotras debéis de ser… -dijo Crold, con un tono preocupado, levantándose de la mesa.

En ese momento, se escucharon unos aullidos cerca de la casita.

-¡Maldición, te han descubierto! Deben de haber captado el olor de tu sangre…

-¿Quién? –pregunté, asustada. Crold me cogió de la muñeca y me llevó al sótano.

-Los lobos blancos. Quédate aquí, y por lo que más quieras, no salgas ni abras la puerta a nadie. –dijo, cogiendo una vara de madera más grande que él.

Solo me quedó el remedio de asentir y de hacer lo que me decía. El tiempo pasó muy lento y empezaba a ponerme aún más nerviosa. Escuché un agudo maullido y sin pensármelo dos veces, salí del sótano. Escuché unos gruñidos que provenían del comedor. Me apoyé de espaldas en la pared y avancé sigilosamente. Uno de los lobos blancos bajó al sótano y me vio. Se lanzó sobre mí y le esquivé. Cogí uno de los cuadros de la pared para usarlo como escudo. El lobo repitió la acción, pero esta vez, su boca quedó incrustada en el cuadro. Lo agarré fuertemente, e imaginé unos tallos venenosos que agarraban al animal. Sucedió. Los tallos atraparon al lobo y a los pocos minutos, este parecía haber muerto. Me lastimé, había matado a un animal. Subí al comedor rápidamente, y había otro lobo blanco. Hice la misma acción que con el anterior y este también quedó atrapado. Un grito sonó desde fuera. “!Crold!” pensé. Salí de la casa y divisé a Crold y otro lobo blanco. Era más grande que los anteriores. El chico estaba tumbado, con la vara horizontalmente, y el lobo la estaba mordiendo. Crold notó mi presencia y gritó mi nombre. El lobo aprovechó rompiéndole la vara y le dio un mordisco en su brazo izquierdo.



-¡Déjale! –fue lo único que se me ocurrió decir. Los tallos volvieron a salir, y le bloquearon la boca al animal. Me acerqué a Crold y le alejé del lobo.

-¿Te encuentras bien?

-Si… Aarg. –gritó, tapándose la herida. Ardía. Se la destapó y un símbolo se iluminaba rojamente. –Esto debe de ser… -dijo, asombrado.

Vi que los tallos empezaban a romperse y dije a Crold que se quedase allí y que no se moviera. Me acerqué al lobo y le solté de los tallos. -Grrr, malditos humanos… -gruñó, corriendo directamente hacia mí. Me agaché al suelo y transmití mi energía a la tierra, dándole la orden de que atacase al animal. Trozos de la tierra levitaron y se lanzaron contra el lobo, que este esquivó la mayoría, pero recibió dos fuertes golpes. Cayó al suelo, dolido. Hice que otros tallos, más gruesos y fuertes atraparan al animal del todo. Le dejé así durante unos minutos, hasta que noté que se ahogaba. Le solté y se marchó, lanzándonos una mirada asesina a Crold y a mí. Entramos en la casita y con mis poderes sobrenaturales, le hice una venda de hojas al joven. Hizo un gesto de alivio y me dio las gracias. Reposamos un poco y le di las gracias por todo lo que había hecho por mí. Fui al lugar donde Kin y yo habíamos aterrizado. Murmuré un encantamiento y volví a Letterkeny

domingo, 3 de febrero de 2013

Cápitulo 5: El otro lado del baul


["Ellas me ocultaban algo, igual que yo a ellas, pero sabía que al final tendríamos que conocerlos" -Catrin]

Narra Catrin.

Un fuerte ruido hizo que me despertase asustada. Provenía del cuarto de Sophie, que estaba frente al mio. Corri al cuarto y abrí la puerta fuertemente. Frente mis ojos se encontraban Sophie y algo que la agarraba fuertemente. Ella gemía del esfuerzo e intentaba soltarse de esa asquerosa mano que estrujaba su muñeca. Cogí una de las muñecas que tenía más cerca, y a continuación, la convertí en un Senban Shuriken.


                                                       -Seban Shiuriken (arma ninja)


Lo arrojé de forma horizontal y el Senban consiguió partir la horripilante mano. Sophie retiró rápidamente su mano afectada y tapó las pequeñas hemorragias de sangre de las heridas con su otra mano.

-¿Có-cómo has hecho eso? –me preguntó extrañada. Mientras, un largo brazo se estiraba hacia sus piernas.

-¡Cuidado! –grité.

Sophie se giró rápidamente y vio que un brazo se disponía a atraparla de nuevo. Intentó apartar su pie, pero fue imposible. La mano cogió su talón y la arrastró tan velozmente que no me dio tiempo a impedirlo. Di un agitado suspiro y me metí dentro del baúl, donde anteriormente había usado para llegar aquí.

A lo lejos del profundo hoyo podía divisar a Sophie y al monstruo. Sophie intentaba soltarse de las garras del monstruo, pero este le agarraba más fuerte aún por la garganta. Escuché un encantamiento, y antes de que la bestia acabara de pronunciarlo, añadí las palabras necesarias para poder ir al mismo sitio que ellos. Continuamos descendiendo por el oscuro túnel hasta que traspasamos un aro morado. Noté cómo una ráfaga de viento nos sacaba fuertemente del pozo y me transformé en un águila. Divisé el lugar dónde nos encontrábamos, era un lugar solitario, la vegetación estaba seca y no parecía haber ningún tipo de ser vivo allí en ese momento. Me posé sobre una de las ramas de un árbol y me quedé mirando fijamente al monstruo. Lo reconocí de inmediato, era uno de los trolls con los que había luchado esta mañana. El troll tumbó a la joven boca abajo y le ató las manos.

-No te muevas, no te haré daño.

Sophie bufó y vi que su espalda se estaba enfriando. El troll iba a tocarla, cuando me lancé a atacarle.

Despegué mis alas, clavé mis garras en la espalda del enemigo y empecé a darle picotazos en la nuca. Sophie se levantó y me miró por unos segundos a los ojos.

-¡Catrin!

El troll me cogió desprevenida y, con sus alargados brazos, me cogió de las alas. Me separó de su espalda y me tiró al suelo. Intenté ponerme en pie, pero con las alas rotas me era imposible. El monstruo se giró hacia Sophie y le escuché decir:

-Debes de ser uno de los cuatro…

-¿Quién eres? -preguntó ella, con un tono de miedo.

-Soy un troll, uno de los siervos del capitán Silver, servidor de la señora Morrigan, dueña del inframundo y de los muertos. Me han encomendado la misión de atrapar a los cuatro chavales descendientes de los Tuatha De Dánann, y por lo que parece ya tengo a uno en el bote.

Aproveché esa distracción para convertirme en una serpiente. Me deslicé hacia uno de sus pies y me enrollé fuertemente en él.

-Asi que es eso, entonces ya entiendo por qué al dormir se me iluminaba todas las noches.

El troll intentó acercarse a Sophie pero no pudo. Sacó una mini-daga y se la lanzó a la joven, que esta, intentó protegerse cogiéndola con las manos. Aunque pareciera increíble, la daga fue detenida por las manos de Sophie, que se habían movido rápidamente por la velocidad del viento. Vi que se quedó atónita durante unos segundos, manteniendo la vista hacia la daga. Decidió devolvérsela, cuando el troll había lanzado otra. Fue tan rápido, que casi no pude ver lo que pasó, pero supongo que la daga de la joven iría el doble de rápido que la del monstruo y la despejaría.

-¡Aaargg! –gritó el troll, tapándose la herida del costado. Me separé de su pierna y este cayó al suelo.

Volví a mi aspecto de humano, bueno, en este caso, a mi aspecto de ninfa.



-No te asustes, soy yo, Catrin. –le dije a Sophie, que al verme de este aspecto se quedó atónita de nuevo. –Es hora de que volvamos a casa. –dije acercándome a la joven y cogiéndola de la mano.

-¡Yo no me voy de aquí hasta que me cuentes la verdad de todo esto! –refunfuñó Sophie como una niña pequeña.

-Te lo contaré en el sitio y momento adecuado. Tenemos que marcharnos de aquí lo antes posible, podrían venir más enemigos de los Fómore…

-¿Fómore?

-Volvamos a casa. –fue mi última respuesta. Conjuré un conjuro y nos tele transportamos al cuarto de  Sophie. –Será mejor que duermas, debes de estar agotada tras este suceso. No te preocupes, mañana sabrás lo que tengas que saber. –le dije marchándome de su cuarto.


[¿Por qué Catrin se comporta de esta manera tan solitaria? ¿Serán capaces Sophie y Deirdre aceptar su pasado y futuro? Eso tendréis que averiguarlo en el próximo cápitulo ;)...]