domingo, 24 de marzo de 2013
Capítulo 12: ¿Una nueva compañera?
[“Crold se alejó rápidamente del otro lobo y escupió fuego fuertemente, haciendo que un espeso humo saliese de su boca. Eso les ocultó a ambos, y no pude ver nada, pero tenía un presentimiento… ¿Habría una tercera persona entre ellos?” –Catrin.
Narra Catrin.
El polvo y olor del oscuro humo llegó a nosotros (los humanos y yo) y todos tosimos y nuestros ojos lagrimearon por la fuerte tos y el escozor producido por el humo. Divisé a Crold y al otro lobo, que ambos estaban separados por una distancia. El lobo del fuego estaba tumbado en el suelo, parecía estar lesionado de su pata izquierda, y el de los bosques blancos estaba intentando deshacerse del humo que sofocaba su cabeza. A los pocos minutos, se escuchó un grave aullido. Lo que único que pude ver fue que el lobo blanco se lanzó contra Crold, pero una tercera persona se lanzó contra el enemigo y lo lanzó a unos cuantos metros lejos de mi hijo y de nosotros. Mi presentimiento se había cumplido, aunque no sabíamos quién era ese/a desconocido/a. Se volvieron a escuchar otros aullidos, estos un poquito agudos y más fuertes. Le lancé una mirada a Sophie, indicándole que lanzase una ráfaga de viento para descubrir al desconocido y saber con exactitud lo que estaba pasando entre los lobos. Ella asintió con la mirada y estiró sus brazos hacia delante, abriendo las palmas de las manos. A continuación, unas pocas hojas del suelo situadas entre la zona del humo y nosotros empezaron a moverse, despacio pero en forma de círculos, hasta que la corriente de aire hizo que el humo desapareciese. Por fin Sophie, Dreidre, Uko y yo pudimos ver lo que sucedía delante de nosotros “transparentemente”, por así decirlo. Estaba mi hijo, a tres patas, sin apoyar su pata delantera izquierda; su enemigo, situado a la izquierda de Crold, intentando incorporarse tras el duro golpe que había recibido de… ¿Otro lobo? Parecía un poco más pequeño que los demás. Se acercó a mi hijo y le intentó ayudar para que este se equilibrase. El jefe de la manada blanca corrió hacia el dúo de lobos marrones, abriendo su enorme bocaza y enseñando sus afilados colmillos, pero el lobo “X” le detuvo mordiéndole en el cuello y le gruñó. El lobo blanco le respondió con un gruñido y corrió hacia el bosque cercano a la ciudad.
Los adolescentes y yo nos acercamos hacia Crold y el otro lobo. Mi hijo se nos acercó, e igual que nosotros, estudió al lobo con la mirada. Crold iba a abrir la boca, pero el extraño se percató de la intención del lobo del fuego y contestó:
-Soy Ambar, soy un lobo, pero en realidad soy una ciudadana de Northold, en Arvach. Fui hechizada por un mago muy poderoso, cuando estaban destrozando mi ciudad, y ahora soy un lobo. –mientras lo contaba, un brillo morado brotaba de sus vistosos ojos. Expresaban nostalgia.
-Muchas gracias por salvarnos, de parte de mis amigos y mía. –dijo Crold dando un paso hacia Ambar. –No es por nada, pero ¿Por qué lo hiciste?
-Bueno… Digamos que mi reciente instinto felino notó que algo diferente ocurría cerca del bosque al que había llegado y me acerqué hacia aquí, vi cómo combatíais vosotros y los otros lobos, y quise ayudar.
***********************
Llegamos a la casona e invitamos a Ambar a cenar con nosotros, como muestra de gratitud, pero lo rechazó, diciendo que tenía que volver pronto a la cueva con algunos animalillos del bosque. En ese caso, no pude insistirle, pero le prometí que si necesitaba ayuda nuestra, la tendría. Ella asintió y se marchó, veloz como el viento.
-¿Al final no se queda? –preguntó Sophie.
-No. Tenía que volver a su cobijo con los demás animales del bosque, pero ha dicho que no dudará en acudir a nosotros si necesita algo o nuestra ayuda.
-Ah, es una pena… -dijo desanimadamente Dreidre.
En la cena, Jake nos contaba cómo le había ido la mañana en la escuela de Ombruz, en Provenzy, y Uko, Dreidre y Sophie no dejaban de preguntarle sobre todo lo extraño que escuchaban (clasedeloscincosentidos, lápices de tinta inversa, carteras al estilodeDarchestm, pañuelos quitaypongo,) y muchas más cosas que podías ver normal en los institutos y escuelas de casi toda Éire.
Estaba recogiendo para darles el postre cuando Uko preguntó, refiriéndose a su amiga de pelo oscuro y ojos verdes:
-¿Te cae bien Ambar? Es que como antes habías contestado sin mucha voz…
Dreidre se quedó unos minutos callada, pero su respuesta fue:
-No, no mucho… Me da mala espina, es eso. –dijo dando un trago al medio vaso de agua que tenía.
-Bueno, es verdad que es extraño que haya aparecido así de repente de la nada, pero nos ha ayudado. Si no fuera de los nuestros, habría dejado peor a Crold de lo que está. –dijo Sophie, la última frase, de broma. –Por cierto, ¿estás mejor? –continuó, refiriéndose al lobo.
-Sí, gracias por preocuparos, y tienes razón sobre lo que has dicho antes. –le contestó, moviendo las patas en el enorme cuenco de agua caliente. Aunque el agua ardiendo hiciera que la cicatriz de su para izquierda le escociese, sabía que le sentaría bien, por su poder y por su salud.
Después de que los chavales y mi hijo se asearan y se fueran a dormir, mi marido y yo estábamos sentados en el gran sofá de color marrón café con la manta de lana. Una noche de cada semana, Drought y yo nos acomodábamos en el sofá y nos contábamos cómo nos había ido la semana a los dos.
Le conté cómo habían transcurrido estos días con los chicos, y pareció preocuparse.
-No quiero que te hagan daño, ni a ti ni a los jóvenes. –dijo tiernamente Drought.
-Lo se… pero ese es uno de los riesgos que tengo que tener, si queremos que la luz de la paz resplandezca esta isla… -dije con tono de preocupación.
Drought pasó su brazo derecho por detrás de mi cabeza y me dio un beso en la frente-No te preocupes, lo conseguiréis.
domingo, 17 de marzo de 2013
Cápitulo 11: La venganza de los lobos blancos
[“–“Metamforns es un conjuro que puede ser transmitido
mediante un montón de formas: mordeduras, pinchazos, rozamiento de saliva y
sangre, ect… Es transmitido por veneno mediante estas formas ya mencionadas, o
también por pócimas de las plantas sobrenaturales en escasas zonas de Éire.
Para poder deshacer el hechizo………….” –hizo una pausa, y dijo. –Después no hay
nada escrito, debe de haber estado pintado con tinta invisible. Mmm… Es
extraño, pero tendremos que ir a hacerle una visita al señor Ogmios, en Bradford.”
-Catrin
Narra Dreidre.
Crold se dirigió hacia la ciudad de Provenzy, siendo un lobo,
y Sophie, Uko y yo nos escondimos en una pequeña cueva. Me sentía mal, una
estúpida por no poder ayudarle. Pero quedarme culpándome de lo que le pasara no
llevaría a ninguna parte… Me levanté, agachada, porque el techo de la cueva no
era muy alto y salí de la gruta.
-¿A dónde crees que vas? –me preguntó de broma Sophie.
-Aquí sentados y escondidos no hacemos nada… -contesté en voz
alta.
-Lo sé, pero… tu sabes que sería peligroso ir allí y
enfrentarse contra unos animales tan feroces como esos, y además delante de un
montón de gente…
-¡Pero estamos dejando atrás a uno de nuestros amigos! Él me
salvó cuando los lobos atacaron su casa, ¡es un amigo más! –dije sin enfadarme.
Mi amiga se quedó callada.
-Chicas, no discutáis más. Si seguís así, los lobos vendrán a
aquí y estaremos perdidos. Yo creo que lo mejor sería que fuéramos a avisar a
Catrin, ella conoce mejor estas tierras que nosotros ¿no? –dijo Uko, dando su
opinión.
Sophie y yo le respondimos asintiendo y corrimos sin mucha
fuerza hacia la casa de Crold. Uko llamó a la puerta y Catrin nos abrió.
Narra Catrin.
Había terminado de preparar la casa para los nuevos huéspedes
y estaba a punto de salir para ver cómo les iba a los jóvenes. Estaba cogiendo
el abrigo del perchero, y alguien llamó a la puerta. Abrí y eran los tres
humanos. Tenían un aspecto de preocupados y de respirar agitadamente.
-Señora Catrin- dijo Uko, haciendo una pausa para poder
inspirar y espirar aire. –Su hijo Crold ha ido a luchar contra unos lobos que
están atacando la ciudad… Él nos mandó que nos refugiásemos pero pensamos en
venir a avisarla… -Dijo rápidamente.
-¡Imposible, él solo no puede hacer nada contra esos feroces
y salvajes lobos blancos! –exclamé, cerrando la puerta y andando velozmente
hacia la enorme capital de Provenzy. Los chicos me siguieron y dije- seguidme,
y hacedme caso a lo que os diga en adelante, es por vuestro bien aunque no lo
veáis así. –añadí, por la expresión de agobio que pusieron los tres
adolescentes.
Corrimos desviándonos
del sendero que conducía hacia la gran ciudad y anduvimos por detrás de una
muralla de piedras, descendiendo por una cuesta, que nos llevó hacia la zona
”solitaria”, por así decirlo, de la ciudad. Nos escondimos detrás de unas cajas
vacías y les dije a Uko, Dreidre y Sophie que me diesen la mano los tres.
Apoyaron sus manos en la mía e hice que su aspecto físico cambiase: Dreidre se
transformó en una joven de pelo naranja y ojos morados, Sophie en una niña de
estatura mediana y de pelo azul, y Uko se transformó (le transformé) en un
chico alto y de pelo verde. Salimos de nuestro escondite y nos dirigimos hacia
donde estuviera Crold y los otros lobos. Las calles estaban medio desiertas y
la poca gente valiente que había ido a la pelea entre los lobos no pudo hacer
nada, sino que irse. Llegamos a la plaza mayor, una plaza enorme con forma de
triángulo con sus márgenes cubiertos de árboles y unos cuantos bancos. Mi hijo
se encontraba delante de nosotros, gruñendo a los enemigos, y manteniendo una
posición de ataque.
-Vaya, pero si está aquí el príncipe que salvó a la
princesita de la tierra. –dijo arrogantemente el lobo blanco más grande. –En
ese momento te dejé, os dejé* con vida, pero es una lástima que hayas metido en
nuestro camino, no tendremos paz contigo… Mmm… Esos de allí atrás parecen tus
queridos amigos.- dijo con su arrogante voz, lanzándonos una mirada asesina.
-¡Morireis en el helador mortal del infierno! –gritó, aullando. Sus compañeros
se lanzaron a por nosotros, mientras que Crold se quedaba disputando contra el
jefe de la manada blanca.
-¡Manteneos en guardia, y cuando os de la señal, atacad a la
vez! –grité. El enemigo se acercaba cada vez más y nosotros acumulábamos
energía mientras tanto. -¡Ya!
Uko juntó sus manos y arrojó un potente chorro de agua,
Sophie se acercó a este y formando un rombo con sus dedos índices y pulgares,
lanzó un veloz torbellino de aire. Ambos lo proyectaron contra los seis
contrincantes, pero estos lo esquivaban saltando o corriendo. Pero Dreidre
acudió a ayudarles: apoyó las palmas de las manos en el suelo e hizo que unos
gruesos y espinosos atraparan a los lobos, eso facilitó la tarea de Sophie y
Uko, que pudieron eliminar a cuatro de los seis lobos. Los dos restantes, nos
rodearon y nos atacaron con su aullido ultrasónico. Ese ataque nos dolió,
intentamos ignorarlo tapándonos los oídos, pero nos era imposible. En este
caso, fue mi turno, extendí los brazos y abrí bien las manos, murmurando un
conjuro. A continuación creé un campo elástico que hizo que el ataque de los
animales lo recibieran ellos mismos. Ya habíamos terminado con nuestros
oponentes, pero ¿y Crold y el jefe de la manada blanca? Habíamos estado tan
concentrados con nuestros enemigos, que no habíamos protegido a nuestro amigo,
mi hijo.
Mis ojos, y los de los tres jóvenes miraron fijamente hacia
mi hijo y su enemigo: Crold le atacaba con soplidos de fuego, y el lobo los
retenía con su aullido ultrasónico, así un buen rato, hasta que se atacaron con
las garras, Crold con las suyas de fuego y el oponente con las de acero oscuro.
El fuego podía derretir al acero, pero el acero hacía más dolor que el fuego.
Ambos recibieron el ataque, y salieron heridos. Crold se alejó rápidamente del
otro lobo y escupió fuego fuertemente, haciendo que un espeso humo saliese de
su boca. Eso les ocultó a ambos, y no pude ver nada, pero tenía un
presentimiento… ¿Habría una tercera persona entre ellos?
domingo, 10 de marzo de 2013
Cápitulo 10: El encantamiento II
[“Llegué a mi ciudad y fui a mi casa. No parecía haber nadie, hasta que vi a mi marido e hijo Jake. Les pregunté por Crold y me dijeron que se había encerrado en el sótano. Me extrañó mucho y bajé a esta habitación.” –Catrin]
Narra Crold.
Desde la noche de aquel día en el que la chica humana había llegado a nuestra ciudad, mi cuerpo se había convertido en el de un lobo. Recuerdo que después de que Deidre se hubiera ido, me quité el vendaje de las hojas para ver si la herida había cicatrizado, y si, pero el trisquel del fuego aún seguía en mi piel. Pasaron unas horas y empecé a notar unos fuertes picores en la zona de la mordedura del lobo blanco. Se estaba haciendo tarde y comencé a dudar del por qué tardaban mi hermano y mi padre, así que salí afuera. El cielo estaba oscuro e iluminado por la luna llena. Dirigí mi vista hacia la luna por unos segundos y me tapé un poco para que no me cegara con su blanca luz. Volví a notar escozores en el brazo, y en la mano, además. Me la acerqué y vi que empezaban a salirme pelos castaños-rojizos largos del brazo y mano izquierda. Empezaron a aumentar hasta que cubrieron todo mi brazo izquierdo. Lo siguiente que recuerdo que pasara fue que iba encogiendo y me desmayé. Luego me desperté y vi a mi padre y a Jake. Les pregunté que qué me había pasado y ellos me dijeron que me había convertido en un lobo. Eso me asombró tanto que opté por encerrarme en el sótano por el bien de mi familia, hasta que mi madre y los tres humanos me convencieron de que saliera de allí.
Según mi madre, la respuesta y solución a esta mutación que había sufrido se podría encontrar en las escrituras de antiguos libros que tendríamos por casa. Ella y los tres chavales buscaron por todos los rincones, hasta que la chica de pelo rubio y ojos turquesa pareció encontrar algo. Se sentaron en la mesa y yo me arrimé a esta, con mucho cuidado. Catrin abrió el libro y empezó a buscar entre todos los títulos de tipos de encantamientos que había allí escritos.
-Polvens, Nugtus, Sifnus, Metamforns. Aquí está. –dijo señalando el título de la última palabra mencionada. –“Metamforns es un conjuro que puede ser transmitido mediante un montón de formas: mordeduras, pinchazos, rozamiento de saliva y sangre, ect… Es transmitido por veneno mediante estas formas ya mencionadas, o también por pócimas de las plantas sobrenaturales en escasas zonas de Éire. Para poder deshacer el hechizo………….” –hizo una pausa, y dijo. –Después no hay nada escrito, debe de haber estado pintado con tinta invisible. Mmm… Es extraño, pero tendremos que ir a hacerle una visita al señor Ogmios, en Bradford.
-¿Ogmios? –preguntó Uko.
-Sí, es un antiguo compañero mío. Será bueno que vayamos, podrá conoceros finalmente, y además, hace mucho que no lo veo… -dijo mi madre, levantándose de la silla. –Será mejor que recojáis, ahora mismo partiremos hacia la capital de Bradford.
-Mama, ¿no crees que sería mejor que fuerais mañana, es decir, que vieran la ciudad hoy y que mañana partiéramos? –pregunté, aconsejando.
-No es mala idea, pero ¿a qué ciudad te refieres? –dijo Sophie.
-A esta, Provenzy. ¿Qué te parece, madre?
-Una buena idea. Voy a preparar los dormitorios, y chicos, no hagáis ninguna tontería.
Los tres humanos asintieron y salimos de casa. Hacía una buena tarde para poder salir a pasear.
-¡Uauh! –dijeron Dreidre, Sophie y Uko al vez.
-¿Os habéis asombrado por las haditas, no? Es normal, son muy hermosas, aunque actúan como los insectos de vuestra tierra.
-¡Ala! Mirad que bonita. –dijo Dreidre, mirando fijamente a una hadita que estaba posada sobre su mano. -¡Es preciosa!
Todos la rodeamos y observamos al pequeño ser mágico. Sophie intentó acariciar su rubio pelo, pero la hadita alzó el vuelo.
-Jo, qué pena, y yo que quería saber cómo era su piel…
Continuamos andando, hasta llegar a la capital Provenzy. Era enorme y abundaba de gente cargada de bolsas.
-Parece que aquí compra mucha gente, ¿no? –comentó Uko.
-Sí. En esta ciudad, se encuentra una gran variedad de tiendas de medicamentos y pociones de plantas mágicas, libros de hechizos y lo básico, alimentos, vestimentas, ect…
Bajamos a la plaza mayor y fuimos a uno de los puestos del mercadillo donde vendían alimentos. Sophie sacó la lista que le había dado mi madre y pidió los productos correspondientes de la lista. Terminamos la tarea y les enseñé parte de la ciudad a los humanos.
Narra Dreidre.
Llegamos a Provenzy, la capital y después de hacer la tarea que nos había encomendado Catrin, Crold nos enseñó un poco la ciudad. Las calles eran muy anchas y estaban llenas de gente. Había un montón de establecimientos de todo tipo y gente saliendo y entrando de ellos, y los edificios eran de baja altura y de madera.
Estábamos de camino a casa de Crold y unos aullidos provinieron de la parte alta de la enorme ciudad. La gente se desesperó y el pánico surgió entre los ciudadanos de Provenzy. Era una manada de lobos blancos.
-¡Rápido, esconderos! – nos gritó Crold, dando vuelta atrás y dirigiéndose hacia la ciudad de nuevo.
-¡Pero...! –Grité yo. No me dio tiempo a terminar la frase porque Sophie había tirado de mi brazo e hizo que siguiera corriendo. Los tres nos escondimos en una especie de cueva. Miré disgustada hacia atrás y solo pude ver la silueta de nuestro amigo corriendo hacia los enemigos…
sábado, 2 de marzo de 2013
Cápitulo 9: El encantamiento I
[“Me lancé al mar. Me dejé caer ligero como una pluma y caí al fondo. Vi una extraña figura a lo lejos y al hombre que cuidó de mí todos estos años acercándose a esta. Un torbellino lo tragó hasta lo más profundo del mar. Noté una puñalada en mi corazón y un frio helador en un único punto de mi brazo: el trisquel de Icus.” –Uko ]
Narra Uko.
Contarle a Sophie lo que me había ocurrido hizo que me sintiese mejor, más desahogado. Por el camino de vuelta, noté una sensación de ella, como que sabía algo parecido.
-¿Sophie? –pregunté.
-¿SI? –contestó ella, con un escalofrío recorriendo su cuerpo.
-Tu… Sabías algo ¿no?
Sophie desvió su mirada hacia el suelo y dijo:
-Sí, bueno… No hasta hoy por la tarde. Aquí no puedo contártelo, en casa, mejor.
Asentí y continuamos con el paseo. Aligeramos el paso para poder llegar lo más pronto posible antes de que pasara alguno de los serenos por estas calles. Llegamos a su casa y entramos. Una mujer mayor y de pelo blanco nos recibió. Supuse que sería su abuela.
-¿Dónde estabas Sophie? Bueno, ¿Dónde estabais tú y…?
-Uko. Soy un antiguo amigo de ella. –me presenté estrechándole la mano. La mujer me estudió con su mirada durante unos segundos y respondió.
-Encantada, yo soy la canguro de Sophie y de su amiga Dreidre. –dijo desviando su mirada hacia mi amiga, cómo preguntando su primera pregunta.
-Estaba en la plaza de la catedral de San Eunano cuando empezó a llover y me refugié en esta. Luego vi a Uko y me contó lo sucedido. Aunque…
-Cómo llegué aquí ¿no? –pregunté guardando mis manos en los bolsillos de los pantalones. Sophie asintió y continué:
-Bueno, tras la muerte de mi tio, cambié como persona. Mi paciencia y la calma que tenía disminuyeron y donde estaba, con la caravana solo y con gente matona de los alrededores, no pintaba nada. El poco dinero que tenía solo me era justo para viajar en bus a algún lugar, y pensé en aquí, en el internado y en vosotras. La verdad es que tenía pensado en meterme en el internado, era la única solución que tenía, pero al llegar estaba muy cansado y anduve sin rumbo, por eso me encontraste, Sophie…
Cenamos todos en la cocina y Dreidre y Sophie me contaron sus hechos de estos meses y años. Apenas podíamos hablar por teléfono o por el chat del móvil. Antes de irme a dormir, Sophie me contó su verdadero pasado y me dijo que no podía creérselo. Yo tampoco pude creérmelo, aparte del mío, creía que ella vivía en el internado con su amiga, pero no, ahora vivían con alguien a la que consideraba la abuela de Sophie, Se lo dije y ella se quedó callada por unos minutos. Al final supe lo que intentaba decir y le pedí disculpas.
*********
Narra Catrin.
Otro día nuevo había comenzado. Era sábado y parecía que el sol había decidido por fin a darle un poco de luz a este mes. Me desperté y después de desayunar y asearme decidí entrar en el mágico baúl, aunque opté por el gran espejo del aseo. Llegué a mi ciudad y fui a mi casa. No parecía haber nadie, hasta que vi a mi marido e hijo Jake. Les pregunté por Crold y me dijeron que se había encerrado en el sótano. Me extrañó mucho y bajé a esta habitación.
-¿Crold? –pregunté llamando a la puerta, ya que esta estaba bloqueada desde dentro. Nadie respondió. Lo intenté unas veces más pero me fue inútil. “Bueno, traeré a los jóvenes, a ver si así se anima a salir” pensé, y así hice. Volví a la Tierra y vi que todos estaban despiertos.
-¿Dónde estabas? –me preguntó Sophie.
-Estaba limpiando el aseo de arriba –mentí. No quería asustar a su amigo.
Dejé un tiempo de espacio entre que había vuelto rápidamente y la hora del mediodía hasta que les dije a los chavales que vinieran conmigo. Los llevé hacia el aseo y dije, poniendo una de mis manos en el cristal del espejo;
-Uko, acércate. Pon una de tus manos sobre la mía y formad una cadena entre Dreidre, Sophie y tú.
El chico hizo lo dicho y él y yo notamos una vibración de agua en el espejo.
–Agarraos. –dije. Uko y yo empujamos nuestras manos hacia más adentro y una burbuja gigante nos absorbió a los cuatro. El viaje fue el mismo que los anteriores, íbamos descendiendo por el pozo hasta llegar al destino elegido.
Aterrizamos a unos cuantos metros de lejos de mi hogar y anduvimos hacia él. Entramos y los jóvenes se presentaron a mi marido e hijo.
-¿Y Crold? –preguntó Dreidre.
-Está abajo. –Bajamos las escaleras y llamé a la puerta. –Crold, tienes visita. Sal por favor. –dije dando unos golpes a la puerta. Escuchamos los ruidos del movimiento del seguro de la puerta, y esta se abrió. Entramos y solamente vimos unas cajas y una manta de azul oscuro. Dreidre se acercó y destapó la manta. Debajo de ella había un lobo. Noté que le miró a los ojos y su estado de ánimo cambió. Todos pudimos verlo y nos quedamos asombrados. Me acerqué a mi hijo y le abracé fuertemente.
-¿Qué te han hecho, hijo mío? –dije entristecida.
Dreidre se acercó al lobo y se agachó.
-Crold. –dijo colocando sus manos en los mofletes del animal y cerrando fuertemente los ojos. Le cogió su pata izquierda y vio que algo se iluminaba. Le dio fuerte abrazo y volvió hacia nosotros.
-¡El trisquel del Roxeg! –exclamé asombrada.
Decidí que comieran con nosotros y que después pudiéramos buscar alguna solución o respuesta a la transformación que había tenido Crold. Entre todos, revisamos la mayoría de los libros de mi casa, hasta que Sophie encontró algo interesante:
-¡Eh, mirad! –dijo cogiendo un libro. Era rojizo y de carcasa dura, e iba acompañado a un bloc de notas.
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