sábado, 2 de marzo de 2013

Cápitulo 9: El encantamiento I


[“Me lancé al mar. Me dejé caer ligero como una pluma y caí al fondo. Vi una extraña figura a lo lejos y al hombre que cuidó de mí todos estos años acercándose a esta. Un torbellino lo tragó hasta lo más profundo del mar. Noté una puñalada en mi corazón y un frio helador en un único punto de mi brazo: el trisquel de Icus.” –Uko ]


Narra Uko.

Contarle  a Sophie lo que me había ocurrido hizo que me sintiese mejor, más desahogado. Por el camino de vuelta, noté una sensación de ella, como que sabía algo parecido.

-¿Sophie? –pregunté.

-¿SI? –contestó ella, con un escalofrío recorriendo su cuerpo.

-Tu… Sabías algo ¿no?

Sophie desvió su mirada hacia el suelo y dijo:

-Sí, bueno… No hasta hoy por la tarde. Aquí no puedo contártelo, en casa, mejor.

Asentí y continuamos con el paseo. Aligeramos el paso para poder llegar lo más pronto posible antes de que pasara alguno de los serenos por estas calles. Llegamos a su casa y entramos. Una mujer mayor y de pelo blanco nos recibió. Supuse que sería su abuela.

-¿Dónde estabas Sophie? Bueno, ¿Dónde estabais tú y…?

-Uko. Soy un antiguo amigo de ella. –me presenté estrechándole la mano. La mujer me estudió con su mirada durante unos segundos y respondió.

-Encantada, yo soy la canguro de Sophie y de su amiga Dreidre. –dijo desviando su mirada hacia mi amiga, cómo preguntando su primera pregunta.    

-Estaba en la plaza de la catedral de San Eunano cuando empezó a llover y me refugié en esta. Luego vi a Uko y me contó lo sucedido. Aunque…

-Cómo llegué aquí ¿no? –pregunté guardando mis manos en los bolsillos de los pantalones. Sophie asintió y continué:

-Bueno, tras la muerte de mi tio, cambié como persona. Mi paciencia y la calma que tenía disminuyeron y donde estaba, con la caravana solo y con gente matona de los alrededores,  no pintaba nada. El poco dinero que tenía solo me era justo para viajar en bus a algún lugar, y pensé en aquí, en el internado y en vosotras. La verdad es que tenía pensado en meterme en el internado, era la única solución que tenía, pero al llegar estaba muy cansado y anduve sin rumbo, por eso me encontraste, Sophie…

Cenamos todos en la cocina y Dreidre y Sophie me contaron sus hechos de estos meses y años. Apenas podíamos hablar por teléfono o por el chat del móvil. Antes de irme a dormir, Sophie me contó su verdadero pasado y me dijo que no podía creérselo. Yo tampoco pude creérmelo, aparte del mío, creía que ella vivía en el internado con su amiga, pero no, ahora vivían con alguien a la que consideraba la abuela de Sophie, Se lo dije y ella se quedó callada por unos minutos. Al final supe lo que intentaba decir y le pedí disculpas.


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Narra Catrin.

Otro día nuevo había comenzado. Era sábado y parecía que el sol había decidido por fin a darle un poco de luz a este mes. Me desperté y después de desayunar y asearme decidí entrar en el mágico baúl, aunque opté por el gran espejo del aseo. Llegué a mi ciudad y fui a mi casa. No parecía haber nadie, hasta que vi a mi marido e hijo Jake. Les pregunté por Crold y me dijeron que se había encerrado en el sótano. Me extrañó mucho y bajé a esta habitación.

-¿Crold? –pregunté llamando a la puerta, ya que esta estaba bloqueada desde dentro. Nadie respondió. Lo intenté unas veces más pero me fue inútil. “Bueno, traeré a los jóvenes, a ver si así se anima a salir” pensé, y así hice. Volví a la Tierra y vi que todos estaban despiertos.

-¿Dónde estabas? –me preguntó Sophie.

-Estaba limpiando el aseo de arriba –mentí. No quería asustar a su amigo.

Dejé un tiempo de espacio entre que había vuelto rápidamente y la hora del mediodía hasta que les dije a los chavales que vinieran conmigo. Los llevé hacia el aseo y dije, poniendo una de mis manos en el cristal del espejo;

-Uko, acércate. Pon una de tus manos sobre la mía y formad una cadena entre Dreidre, Sophie y tú.

El chico hizo lo dicho y él y yo notamos una vibración de agua en el espejo.

 –Agarraos. –dije. Uko y yo empujamos nuestras manos hacia más adentro y una burbuja gigante nos absorbió a los cuatro. El viaje fue el mismo que los anteriores, íbamos descendiendo por el pozo hasta llegar al destino elegido.

Aterrizamos a unos cuantos metros de lejos de mi hogar y anduvimos hacia él. Entramos y los jóvenes se presentaron a mi marido e hijo.

-¿Y Crold? –preguntó Dreidre.

-Está abajo. –Bajamos las escaleras y llamé a la puerta. –Crold, tienes visita. Sal por favor. –dije dando unos golpes a la puerta. Escuchamos los ruidos del movimiento del seguro de la puerta, y esta se abrió. Entramos y solamente vimos unas cajas y una manta de azul oscuro. Dreidre se acercó y destapó la manta. Debajo de ella había un lobo. Noté que le miró a los ojos y su estado de ánimo cambió. Todos pudimos verlo y nos quedamos asombrados. Me acerqué a mi hijo y le abracé fuertemente.

-¿Qué te han hecho, hijo mío? –dije entristecida.

Dreidre se acercó al lobo y se agachó.

-Crold. –dijo colocando sus manos en los mofletes del animal y cerrando fuertemente los ojos. Le cogió su pata izquierda y vio que algo se iluminaba. Le dio fuerte abrazo y volvió hacia nosotros.

-¡El trisquel del Roxeg! –exclamé asombrada. 

Decidí que comieran con nosotros y que después pudiéramos buscar alguna solución o respuesta a la transformación que había tenido Crold. Entre todos, revisamos la mayoría de los libros de mi casa, hasta que Sophie encontró algo interesante:

-¡Eh, mirad! –dijo cogiendo un libro. Era rojizo y de carcasa dura, e iba acompañado a un bloc de notas.



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