viernes, 30 de mayo de 2014

Capítulo 36: Bolcáin dóiteáin I


 

[“Ogmios se levanta del banco y da unos pasos hacia el paisaje marítimo, ocultado por los enormes árboles y piedras. –Hoy mismo partiremos hacia Foyl, el condado de tu elemento, Crold.

-¿El mío? –pregunta, enfadado y extrañado al mismo tiempo.

-Sí. Es la zona más cercana y tendremos que atravesar Lucan para llegar a Searmford, “An ghleann ar na bolcáin detaigh” (El valle de los volcanes de humo).

-Pero… ¿Y Deidre y yo? ¿No nos afectará negativamente el área de Crold?

-No tiene por qué si los tatuajes y los brazaletes os vinculan y os mantienen juntos. Os lo iré explicando poco a poco.” –Sophie]

 

Narra Crold.

Otro día más comienza. Antes de desayunar recogemos un poco las habitaciones y después de alimentarnos con comida ardiente (algo fácil para mí, pero difícil para mis amigas), abandonamos aquella choza. La verdad es que Lucan por la mañana, es un lugar apagado por la luz del sol, donde no se ven muchas llamas de fuego. Si lo comparas con Bradford, Lucan y los demás pueblos de Foyl usan su elemento en la oscuridad como luz, mientras que en los otros condados, aprovechan los rayos del sol.  Según los maestros del colegio, desde la batalla de Mag Tured, antes de que comenzase, los condados de Dokumb, Ciam, Arvach y Foyl firmaron un acuerdo en el que se permitiría el acceso de todos los habitantes de Éire a todos los condados. Pero Foyl impuso una condición, cada condado tendría un lugar prohibido en el que se acumularía una determinada cantidad de energía de su elemento a lo largo de los años. Hasta que estallase otra guerra.

Y la pregunta que no dejo de hacerme, desde anoche es ¿Podremos entrar y salir de Searmford sanos y salvos?

Recorremos las calles mientras vemos la poca gente de Lucan que está fuera. Todos son de piel roja o magenta, con los ojos verdes, y al juzgar por su aspecto, juraría que son seres descendientes de la raza de Dragón Occidental, un enorme dragón cuyas alas son de su misma altura y su mandíbula es parecida a la de un cocodrilo. Aunque lo gracioso sería que echasen fuego por la boca, pero me acabo de dar cuenta que sí que lo hacen, ya que de su cuerpo nace el fuego que ilumina Lucan. Algunos se fijan en mí y no se si me miran apetitosamente o raramente, por ser un lobo que puede hablar. Tengo que demostrarles que soy de los suyos, cojo aire (o humo) y concentro mi poder hacia un punto del suelo, con mi nombre en mente. Expulso el fuego y veo como queda mi nombre “Crold” escrito en el suelo de piedra pizarra.

Sophie y Deidre se quedan boquiabiertas.

-¿Cómo has hecho eso? –pregunta Deidre.

-Es fácil, solo tienes que imaginarte la figura y usar una parte de tu poder para dibujarla. Venga, probadlo. –les animo.

Las dos se concentran y a los pocos segundos, un arbolillo brota del suelo y una nubecilla de lluvia humedece el árbol. La gente que antes nos miraba raro, ahora nos observan atentamente. Trago saliva.

-Tenemos que salir de aquí en cuanto antes, ya hemos perdido bastante tiempo. –nos susurra Ogmios a los tres. Nos callamos y nos marchamos de Lucan.

Cuando llegamos a la frontera, es cuando Ogmios nos da las capas de invisibilidad. Frente nuestros ojos hay un paisaje desértico con un camino de tierra seca y a su alrededor hay miles de rocas volcánicas. A lo lejos de la senda hay una entrada a un bosque.

-¿Después de ese bosque están los volcanes? .pregunta Sophie.

-Si, pero nosotros tenemos que quedarnos aquí, y Crold comenzará su prueba desde allí –Les dice Ogmios a Sophie y a Deidre.

-¿Por qué? –pregunto, con nervios y gritando un poco.

-Si alguien de un elemento distinto al de la zona prohibida acude a esta, su vida correría un gran riesgo. y ni Catrin ni yo querríamos que perdieseis la vida tan pronto.

“Si hombre, y ¿el que se examina qué? ¿Acaso no está en peligro su vida al ponerla a prueba contra la naturaleza?” pienso.

-Además la concentración en solitario aumenta más rápido que en grupo… -continua explicándonos Ogmios. Terminamos de escucharle y me despido de él, Deidre y Sophie.

Ha llegado la hora de que se sepa si puedo luchar verdaderamente por ella.

[…]

Hace un buen rato que llevo caminando por estos secos, quemados y desgastados árboles y cada vez que intento salir de este bosque interminable, me es imposible. Parece como si estuviera en un laberinto sin salida.  Hago que mis patas empiecen a cubrirse de fuego y corro sin saber hacia dónde, dejando el rastro de la llamas en el suelo. Pero solo permanece uno minutos.

-No me lo puedo creer. –susurro. Solo me faltaba que estuviera encantado.

Una fuerza desconocida me empuja por el costado y retrocedo (o avanzo) unos metros. El suelo es duro y casi llego a descolocarme la mandíbula. Me levanto y observo que hay unas marcas exactamente iguales a las que habían dejado mis patas. Las mismas llamas son absorbidas por el suelo y dejan un rastro color magenta. Me quedo un rato perplejo hasta que oigo una risa. Es de una chica.

-¡Sal de tu escondite! –grito a pleno pulmón. Al hacerlo, mi cuerpo lo interpreta como una carga de llamas y se cubre de ellas. Pero el suelo las vuelve a absorber y me las lanza por debajo del estómago, haciendo que me eleve por el cielo. Al descender, observo una sombra por las ramas de la parte alta de los árboles. Lucho contra la fuerza de la gravedad y clavo mis garras en ese mismo árbol donde está la anónima. Le lanzo una ráfaga de fuego y veo que no le afecta, es más, algo las absorbe y se ilumina de un brillante rojo anaranjado y hace que el enemigo escape con rapidez.

-Tiene que ser Dinaria. –susurro. Tengo la piel de gallina y dudo si habrá más enemigos con armadura al acecho…

sábado, 29 de marzo de 2014

Cápitulo 35: Lucan


[“ (…) - Ellos sabían lo que le pasó al tío de Uko y –Sophie se quedó unos minutos pensativa y callada. –y aparte de que fueran ellos los que acabaron con su tío, le hicieron un trato chantajista: si no se unía con ellos, arrasarían Bradford y con nosotros incluidos, pero si se aliaba con ellos, le ayudarían a “buscar” a su tío.

-No fastidies. Ahora estará bajo los hechizos de alguno de los sirvientes de Morrigan, y sería imposible hacerle entrar en razón. –dice Deidre.

-Al menos que consigamos derrotarla a ella y a todos sus aliados, pero para eso tenemos que hacer que los condados de nuestros elementos se revelen y así seremos más fuertes. –les digo.”] –Crold.


Narra Sophie.

Crold se acercó a la persona mayor del banco y nos dijo que no tuviésemos miedo, que era el verdadero Ogmios. Deidre y yo nos acercamos a Ogmios y puso cara de preocupado.

-¿Estáis bien, chicos? ¿Qué os ha pasado mientras yo no estaba? –Al parecer, las manchas de barro y nuestras caras llenas de cansancio  nos delataban, y Ogmios no se lo tomó muy bien.

-Tuvimos unos problemillas antes de que viniese. Y… Uko era uno de ellos. –dije sin ganas.

-¡¿Uko?! – pregunta sorprendido el amigo de Catrin. -¿Qué habéis hecho esta vez para meteros en problemas?

-La ira nos jugó una mala pasada, señor Ogmios. –responde mi amiga Deidre.

-Lo sé, y os acompaño en el sentimiento a los 3, sé que la apreciabais mucho…

-Ponernos tristes ahora no ayuda nada. –dice Crold, frio.

Ogmios se levanta del banco y da unos pasos hacia el paisaje marítimo, ocultado por los enormes árboles y piedras. –Hoy mismo partiremos hacia Foyl, el condado de tu elemento, Crold.

-¿El mío? –pregunta, enfadado y extrañado al mismo tiempo.

-Sí. Es la zona más cercana y tendremos que atravesar Lucan para llegar a Searmford, “An ghleann ar na bolcáin detaigh” (El valle de los volcanes de humo).

-Pero… ¿Y Deidre y yo? ¿No nos afectará negativamente el área de Crold?

-No tiene por qué si los tatuajes y los brazaletes os vinculan y os mantienen juntos. Os lo iré explicando poco a poco. Ahora pongamos rumbo hacia Lucan antes de que anochezca. –Termina de hablar y nos hace una señal de que comencemos a andar. Nos adentramos en el segundo túnel, donde el suelo de rocas está frío y las paredes desprenden un sofocante calor.

      ***   

Por fin conseguimos cruzar la frontera de Blau y Lucan y nos hospedamos en una enorme choza. Está construida por troncos de madera entrelazados que formaban sus paredes y que se cortaban en un mismo punto, formando el tejado, acompañado de una enorme llama en estos momentos.
Una chispa cae en uno de los barrotes y varias llamas de fuego empiezan a emanar en la madera maciza, hasta que cubren toda la choza. Una visión espectacular y llena de calor.

-¿Por qué no se quema? –pregunto, con curiosidad.

-Detrás de los troncos, hay una pared de rocas  volcánicas que impiden que el fuego queme el interior de la choza. –dice Ogmios.

      ***   

Después de instalarnos y descansar un rato, me quedo tumbada en mi cama, jugueteando con las cenizas que hay decoradas en el techo. Formo diferentes figuritas en el aire hasta que alguien llama a la puerta. Me levanto y las cenizas caen a la cama. Intento dejarlas lo mejor posible en su sitio y me quito algunas que han caído a mi pelo. Corro a abrir la puerta y es Crold.

-Vaya susto que me has dado, creía que era alguien de la limpieza.

-Ogmios nos ha citado en su habitación.

-Ahora voy. –le digo mientras cojo la piedrecita volcánica número 53 y la acerco al cristal central de la puerta. Unas llamas salen del marco del cristal, la queman y absorben su humo. La habitación está cerrada.

Subimos una planta más y avanzamos por el largo y estrecho pasillo, iluminado por unas llamas flotando por el techo, hasta que vemos a nuestra amiga sentada en el suelo. Nos saludamos y los tres entramos a la habitación abierta, donde Ogmios nos recibe sentado al lado de la mesa, mordisqueando la boquilla de su pipa. Deidre y yo nos sentamos en su cama, y Crold se acomoda en el suelo. Ogmios deja la pipa en la mesa y exhala una nube de humo. Llega a mis ojos y me hacen lagrimear.

-Os he citado aquí para explicaros cómo nos moveremos por estas tierras. –hace una pausa para toser y coge un papel de un cajón. –Mirad atentamente este papel, porque es uno de los 3 mapas con una característica única que los actuales no tendrán jamás. Ahora mismo estamos aquí, y nuestro primer objetivo es llegar a aquí y que superes tu prueba. –dice señalando la colina de volcanes de Searmford.
–Cuando hayas superado tu prueba, le tocará a Deidre. Tendremos que hacer un descanso en Bradford, y allí ya os contaré más. Mañana saldremos temprano de aquí y haremos un largo recorrido hasta llegar a Searmford, donde descansaremos de nuevo. –Dobla el mapa y lo coloca encima de una pulsera idéntica a la de Catrin. Se ilumina y el mapa desaparece.

-Pero ¿Qué se gana al superar la prueba? –pregunta Crold.

-Ni yo mismo lo sé. Cada generación es diferente, por lo que cada recompensa depende de cómo sea el examinado…

-¿Y la gente? ¿No sospechará de nosotros porque vayamos a un lugar prohibido?

-No tiene por qué si no nos descubren. –responde Ogmios con tranquilidad. Se levanta de la silla y saca del armario formado por ceniza una especie de chubasqueros transparentes como dos gotas de agua. –Cogedlos con cuidado, son muy frágiles y al mínimo descosido su efecto desaparece.

Los cogemos y observo que no pesa nada, es como agua que se escurre por mis dedos.
-¿Cómo funciona? –pregunto, poniéndomelo, pero dejando mi cabeza al descubierto. -¿Me veis?

-Vemos tu cabeza flotante. –responde Crold, y estallan de risa. Sonrojada, me la pongo y les hago levitar maliciosamente. Ahora soy yo la que me río hasta que sus chubasqueros caen al suelo sucio y Ogmios enfadado, los recoge rápidamente.

domingo, 26 de enero de 2014

Cápitulo 34: Respuestas

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[“La tristeza seguía invadiéndome por culpa de ese maldito brazalete, e incluso tenía ganas de destrozarlo y abandonar este tipo de vida. Pero no podía. No puedo abandonar a mis amigos y traicionarles, […]

Observo que se acerca (Uko) a una niebla espesa y escucho palabras o frases sueltas, como “es una suerte, […] el maestro […] alegrará […] plan […] estatua” –Deidre.]


Narra Crold.

Los tres nos quedamos sorprendidos ante los adolescentes del otro bando, no de miedo, sino más bien de odio. Se habían llevado a mi amigo  y habían matado a mi madre, y nosotros no íbamos a parar hasta darles su merecido. Sophie y Deidre y yo nos dimos cuenta de que la mirada de Uko era desafiante, llena de odio (que, comparado con el nuestro en estos momentos, no era más que vulgar) y a la vez inseguridad. ¿Qué le habrían hecho? Seguro que el precio que habría pagado por salvarnos era elevado, o más que eso. Clavé mis garras en el suelo y arañé la tierra para descargar mi ira de alguna manera antes de atacarles, porque si no me volvería loco.

-Ya os habéis calmado ¿Eh?, mejor. –dice el chico de la armadura del gas. –Soy Hirun y ella es mi hermana.

-Estúpido, ya me las valgo yo para hablar. –le contesta su hermana, que se miraba las uñas. –Soy Dinaria, la chica del calor, y será un placer luchar contra vosotros. –decía esbozando una malévola sonrisa.

Los trozos de cemento que yacían en el suelo se elevaron al aire y se pegaron a la armadura del chico del cemento, haciendo que su coraza se volviese más dura. –Mi nombre es Golm, e imagino que ya sabréis cómo se llama nuestro último compañero.

-¡Nos dan igual vuestros nombres! –les grité. -¿!Por qué matasteis a mi madre!?

-Se mató ella misma. –responde Uko, con una voz frívola. Nuestros oídos no daban crédito, y los ojos tampoco.

Que Uko, nuestro amigo diese esa respuesta era como si 100 cuchillos se clavasen en nuestras espadas. Aún no asimilábamos que se había unido al bando de Morrigan, pero el que mi madre se hubiese suicidado era aun más anormal. Y Deidre, Sophie y yo sabíamos que eso era mentira, pero por alguna razón, el ¿Por qué? paralizaba nuestras mentes. Concentré toda mi rabia y odio en mis garras y cogí carrerilla para lanzarles unas zarpas de fuego a los 4 aliados de la oscuridad, pero un círculo de agua pegajosa apagó mi fuego y me atrapó en una red de agua. Tampoco podía moverme. Una gran cantidad de volumen de aire se coló dentro de la red y formó una burbuja hasta que explotó. Aterricé ileso, y tuve tiempo para protegerme de las bolas de cemento que me lanzó Golm con un potente aliento de fuego, aunque Dinaria aprovechó para absorber parte de mi fuego y calentar la zona de nuestro territorio. Deidre empezaba a tener quemaduras en gran parte del cuerpo por culpa del gran ardor que sufría la hierba en esos momentos, y Sophie trató de elevarla para que no se quemase más. Yo era el único que salía ileso del calor de la chica pelirroja. Giré la cabeza hacia Uko y los demás pero una niebla nubló mi vista. Escuché un grito y a continuación otro. Salí de la niebla y observé que Sophie estaba en el suelo, levantándose y que Golm estaba colgado del cuello por un hechizo de Deidre. “Uno menos, por ahora” pensé. Uko y Dinaria estaban intentando hacer una niebla más potente, y avisé a Sophie para que lo impidiese. Su propio humo solo llegó a esconderlos de nuestros ojos, y cuando se desvaneció, habían desaparecido.

-Mierda, han huido... –dice Sophie, que se levantaba del suelo y gemía por el dolor de la espalda. Deidre bajó del árbol y corrió hacia su amiga para ayudarla. Me uní a ellas y dejamos a Sophie apoyada en un árbol.

-Ahora vengo. Voy a por unas bayas y hojas curativas para calmarte el dolor del moratón. –Nos dice Deidre. Sophie y yo asentimos y la chica de la naturaleza corre a buscar lo dicho.
Sophie estaba nerviosa o enfadada, o ambas cosas. Arrancaba la hierba cercana y la tiraba por delante de ella. A decir verdad, yo también estaba molesto, habíamos caído en una trampa de nuestro enemigo y nos habíamos dejado manipular por los sentimientos.

-Crold… Yo, yo sé el por qué Uko está con ellos. –me dice Sophie apenada. Abro mucho los ojos y le pregunto que cómo. Esperamos a Deidre y después de que curase la herida de su amiga, los dos prestamos mucha atención.

-Perdonadme por no habéroslo dicho antes, pero no quería que estuviésemos apenados, antes… de lo ocurrido. Pasó en aquel día, en el que llegasteis tarde a casa de Catrin, y cuando Uko fue a buscaros. Tenía un mal presentimiento, así que salí de la casa para buscaros también. Los enemigos contra los que luchasteis aún estaban en aquel bar, y Uko los vió. Ellos sabían lo que le pasó al tío de Uko y –Sophie se quedó unos minutos pensativa y callada. –y aparte de que fueran ellos los que acabaron con su tío, le hicieron un trato chantajista: si no se unía con ellos, arrasarían Bradford y con nosotros incluidos, pero si se aliaba con ellos, le ayudarían a “buscar” a su tío.

-No fastidies. Ahora estará bajo los hechizos de alguno de los sirvientes de Morrigan, y sería imposible hacerle entrar en razón. –dice Deidre.

-Al menos que consigamos derrotarla a ella y a todos sus aliados, pero para eso tenemos que hacer que los condados de nuestros elementos se revelen y así seremos más fuertes. –les digo.

- Si, es lo único que podemos hacer por él, y por Catrin. –dice Sophie, con un poco de ánimo. –No podemos ser débiles para nuestros enemigos, sino débiles para nosotros mismos.

-Buena reflexión, filosofa. –le bromea su amiga y los tres nos echamos unas risas.

sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 33: Nuevos enemigos.



[“El bosque de Bradford y Provency ha sido quemado por el ardiente y extraño calor y se han perdido 1.000 hectáreas. Según los guardias del bosque, antes de que se produjese el incendio, vieron a tres sombras veloces por la senda cercana al restaurante destruido.” –Catrin

“-Y se han encontrado una pulsera parecida a la de mi madre. –dice (Crold), tragando saliva. Bajamos al lugar del derrumbamiento y la pulsera de Catrin está en el suelo, tirada… “-Deidre]


Narra Deidre.

Los 3 nos quedamos desconcertados por lo sucedido. Catrin muere y nos deja un mensaje, pero ¿Por qué? Seguimos juntos y quietos hasta que Crold escupe al suelo y Sophie se acerca aun más al muro de las frases.

-“Se que cuando leáis esto, ya no estaré aquí. –comienza a leer en voz baja para que solo la oigamos nosotros. –Pero siempre estaré con vosotros de manera espiritual. Tendréis que ser fuertes y superar mi pérdida. Después de que leáis esto, tenéis que partir hacia Bradford de nuevo y contarle a Ogmios lo sucedido, él os guiará. No os rindáis nunca.”

-¡Maldito seas! ¡Te juro que te haré pagar por todo lo que nos has hecho! –Grita mi amiga, dándole un puñetazo a las rocas. La gente de arriba nos mira extrañados y cuchicheando algo entre ellos.

-La marea. –nos dice Crold. Ambos miramos hacia nuestras espaldas y el agua del mar está más cerca que antes. Crold se acerca a Sophie y tira de su camiseta para avisarla de lo que pasará si sigue así. Se seca las lágrimas y los tres vamos a la parte urbana de la ciudad. Todos estamos nerviosos y se puede ver en nuestras miradas. Nos dirigimos hacia la frontera de donde estaba el balneario y nos detenemos frente la entrada a la ciudad de Lucan, del fuego. Crold se gira hacia nosotras y nos dice:

-Tal vez pueda hablar con Ogmios mediante la telepatía, pero para eso tendría que estar en el territorio del fuego para poder efectuarla.

-Oye… Crold gracias por todo lo que estás haciendo, por nosotras y por tu madre. Y le doy las gracias a ella también por todo lo que ha hecho para facilitarnos las cosas, hasta ahora. Pero creo que ya va siendo hora de que nosotras hagamos algo por vosotros. –Le interrumpe Sophie.

-Entonces… ¿Qué hacemos? –les pregunto, dudosa. Después de comparar las dos formas, la de Sophie sale ganadora, que es hablar con el viejo amigo de Catrin sumergidos en el mar. Con que lo haga ella es suficiente, pero Crold y yo decidimos unirnos al plan para que todo salga bien.

[…]

Llevábamos como 2 horas esperando a Ogmios en la entrada al balneario de la frontera entre Lucan y Blau, pero parecía que no venía. “¿Y si era así? ¿Y si nos había abandonado a nuestra suerte por Catrin?” era algunas de las preguntas que me hacía mientras jugueteaba con la pulsera que pertenecía a nuestra maestra. La tristeza seguía invadiéndome por culpa de ese maldito brazalete, e incluso tenía ganas de destrozarlo y abandonar este tipo de vida. Pero no podía. No puedo abandonar a mis amigos y traicionarles.

Seguíamos esperando hasta que me pareció ver salir a Uko del balneario caminando con velocidad. A juzgar por su comportamiento, iría a reunirse con los demás y disfrutar de su victoria.

-Ahora vuelvo, no os mováis de aquí. –les digo a mis amigos. Sophie y Crold me miran dudosos de lo que vaya a hacer y les respondo:

-Voy a desahogarme al bosque, tranquilos que no haré nada doloroso a nadie.

Ambos asienten y espero durante unos minutos, pensando en lo que haré, hasta que Uko se aleja lo suficiente como para que pueda seguirle sin que sospeche. Llego hasta una masa de gente con enormes mercancías y tengo que ir más despacio. Casi lo pierdo de vista pero al escoger el mismo camino que él (había varios a elegir) me es más fácil seguirle. Llegamos hasta un bosque y me escondo detrás de un árbol para que no me vea. Observo que se acerca a una niebla espesa y escucho palabras o frases sueltas, como “es una suerte, […] El maestro […] alegrará […] plan  […]  estatua” Unas carcajadas malvadas finalizan la conversación y la niebla se disipa. Discuto sobre si seguir siguiéndolos o quedarme dónde estoy hasta que oigo unos pasos familiares, son Sophie y Crold, y Ogmios. Me quedo observándolos y veo que se adentran al lugar dónde había aparecido antes la niebla. Me adentro yo también y oigo a alguien gritar. Corro hasta salir de la niebla y veo a mi amiga y Crold asustados mirando hacia unos trozos de piedra en el suelo.

-¿O-Ogmios? –titubeó Crold, acercándose a los trozos. Mis dos amigos se quedaron callados, sin moverse hasta que unas risas anónimas les alarmaron.

-Jajaja, ¿Así que sois vosotros los jóvenes de la paz? –decía una voz femenina.

-Dinaria, creo que te estás equivocando. Estos chavales se deben de haber perdido. –le respondía con ironía, una voz masculina.

Me guié por el oído y observé que estaban encima de Sophie y Crold. -¡Chicos, cuidado! –dije, saliendo de mi escondite y pensando en un conjuro de protección. Me puse detrás de Sophie y Crold e imaginé una cúpula de ramas, le transmití la imagen a la naturaleza y esta actuó rápidamente, formando una cúpula de ramas rígidas y fuertes sobre nosotros una milésima de segundo antes de que nos atacasen. Pero su ataque de lluvia ácida consiguió crear agujeros en nuestro escudo.

-Mira que cobardes son, Dinaria, Hirun y Uko. –dice el chico gordito, que parece llevar unos trozos de cementos adheridos en su cuerpo.

Deshago el escudo y les grito que ya basta. Sophie y Crold parecen sorprendidos por cómo he actuado y por lo que llevan esos chicos desconocidos, y yo también me he sorprendido, no lo niego. La joven de pelo rojo, lleva una armadura rojiza que desprende calor; a su iquierda, está el chico gordito que lleva una armadura de cemento y a su lado están Uko, con una armadura de agua de alcantarillas, e Hirun, con una armadura ¿gaseosa?.

-Bueno, va siendo hora de que nos presentemos ¿no? –dice Uko…

Capítulo 32: Un día de descanso… inesperado


[“-En poco tiempo has conseguido estar a la altura de tus compañeros. Asique este es tu premio. –dice el maestro. La caja metálica se abre y las piezas metálicas se unen a mi cuerpo. Están cubiertas de un lodo escurridizo y marrón.

-Las armaduras protegen nuestro cuerpo, y cada una es de nuestro elemento. –Me explica Golm. Veo que la suya es de cemento, la de Dinaria de calor y la de su hermano mellizo, de gas. Estamos protegidos de pies a cuello, la cabeza no.

-Me gustaría probarla.“ –Uko]


Narra Catrin.

Ya habían pasado dos semanas desde que habíamos vuelto a la tierra para que los jóvenes se hiciesen más fuertes. Dentro de dos días regresaríamos a Éire para avanzar con nuestra misión. Las chicas y mi hijo se han hecho más fuertes y saben controlar mejor sus poderes y dominar con seguridad sus armas. Han seguido entrenando en sus correspondientes pirámides y también han aprendido unos cuantos trucos, como no sobrevalorar al enemigo ni dejarse manipular por él. Después de la “fuga” de uno de sus compañeros, tienen momentos de desánimo, pero intento animarles diciéndoles que si conseguimos reunir los condados de sus elementos y derrotar a Morrigan y su imperio, podremos salvar a Uko de las garras del mal.

Mañana, es por la mañana y me levanto, desayuno, me aseo y visto, y hago las tareas domésticas más tarde de lo habitual. Los chicos aún siguen en sus sueños, durmiendo, y pienso darles el día entero libre Se han esforzado demasiado y se merecen un día de relax. Si se quedan aquí, se preocuparán otra vez por su ex compañero, asique decido llevarles a los mejores balnearios de toda Éire, en un pueblecito que está en la frontera de Lucan (zona de Foyl, fuego) y Blau (zona de Ciam, agua) Después de que se despierten, vistan y desayunen les digo que tengo una sorpresa para ellos y eso hace que se animen un poco más. Abrimos el portal con las pirámides y aterrizamos en Blau, ciudad de Ciam.

-¿Y qué hacemos ahora? –pregunta Deidre. El conjuro de humano en Crold es temporal y tenemos que ocultarlo hasta que vuelva a su forma original.

-Sophie y tu poneros esto. –les respondo dándoles unas chaquetas y una pulsera a cada una, también a mi hijo. –No os las quitéis en ningún momento. Con ellas, sois gente de aquí que solo puede veros así la gente de aquí, pero en cambio, yo os veo con vuestro aspecto original.

-Entonces Uko podría vernos… -comenta Crold.

-Esa es una de las desventajas que hay, lo siento chicos.

Digo un conjuro de teletransporte rápido y llegamos a nuestro destino. Entro con ellos para inscribirlos  y pagar sus entradas, y antes de marcharme les digo:

-Voy a ir a hacer unos recados que me llevarán la mitad del día. Si os ocurre algo, esta pulsera me avisará, iluminando el trisquel de vuestro color según quien esté en peligro, pero no os preocupéis. Relajaos y disfrutad.

-¡Okey, no hay problema! ¡Vamos, chicos! –dice animada Sophie.

Por fin he encontrado tiempo para mí misma y para lo que pienso hacer, aunque tengo que pensármelo detenidamente. Si quiero buscar el libro para “salvar” a mi hijo, tengo que hacerlo mediante otra persona, pero eso implica abandonar a los jóvenes a su suerte y… no me gusta. Tengo que dejarles una señal o algo parecido. Recorro las calles de Blau para reorganizar mis pensamientos, cuando llego a la parte de la costa, que es en acantilado natural y debajo de este hay un trozo de playa desierta, asique bajo a esta para escribir mi mensaje sobre las piedras con la tinta mágica que sale de mis dedos. He terminado el paso principal de mi tarea y tengo que maniobrar el siguiente. Voy a comprarme el periódico del día para despejarme un poco, pero encuentro una noticia importante y de última hora. El bosque de Bradford y Provency ha sido quemado por el ardiente y extraño calor y se han perdido 1.000 hectáreas. Según los guardias del bosque, antes de que se produjese el incendio, vieron a tres sombras veloces por la senda cercana al restaurante destruido.

Salgo de la tienda y me teletransporto al lugar de los hechos. Estoy cerca del establecimiento, dónde se oyen carcajadas. Son los 3 anónimos. Lanzo un rayo hacia el tejado y este se derrumba, cayendo encima de sus cabezas. Como era de esperar, las 3 personas salen de allí rápidamente y se sitúan delante de mí.

-Tú debes de ser la tutora de nuestros objetivos. –dice uno de los chicos, el gordito.

-Será un placer acabar contigo. –dice la chica pelirroja.

-Está bien, pero no aqui. –digo tranquila y conjurando el hechizo de teletransporte y llego a la playa y el acantilado anteriores.

Los chicos y la chica aterrizan en el mar, mientras que yo estoy en la arena y con el acantilado natural a mis espaldas. Me pongo en guardia y el gordito grita su nombre y algo de la armadura de cemento, y unas piezas de cemento se unen a su cuerpo formando una armadura. Lo mismo hacen y les pasa a sus compañeros. Está claro que el enemigo ha querido protegerlos para que tengan más ventaja que nosotros. El chico de cemento me lanza un chorro hacia mis pies y lo esquivo, pero una niebla gaseosa bloquea mi vista. Intento moverme pero el cemento de mis pies me lo impide. “Acabemos con esto lo más rápido posible” oigo y veo una estela de lux que choca con el acantilado y hace que unas piedras enormes caigan sobre mí. El mensaje está intacto.

Narra Deidre.

Estábamos de maravilla en el balneario y pensamos en dar una vuelta por la ciudad cercana. Entramos a la zona de los vestuarios y Sophie se queda parada.

-¿Te pasa algo?

-No, no. Es solo que me ha parecido ver a Uko. –responde, con la mirada fija sobre un chico rubio lejos de nosotros.

-Vámonos, tal vez nos esté buscando. –le digo con miedo. Vamos a subir a las capsulas de cambio cuando alguien nos llama. Es Uko pero no parece él.

-Esperad. –dice sin apartar los ojos de mi amiga. –Tú ¿Tú eres la chica de mis recuerdos?

-¿Eh? –le responde sorprendida. Me mira y piensa su respuesta. –Sí. –dice dolida.

El chico se va y nosotras nos cambiamos y vamos con Crold a la salida. Le digo a mi amiga que no se preocupe, que nos tiene a nosotros y a Catrin, y ella asiente.

Vamos a buscar a nuestra tutora por las calles de Blau, cuando vemos un montón de gente agrupada cerca de la costa. Se oyen murmullos en irlandés pero Crold nos lo traduce: ha habido un derrumbamiento del acantilado natural.

-Y se han encontrado una pulsera parecida a la de mi madre. –dice, tragando saliva. Bajamos al lugar del derrumbamiento y la pulsera de Catrin está en el suelo, tirada… Un escalofrío lleno de tristeza recorre nuestros cuerpos y soy la única que tengo el valor de coger la pulsera de nuestra maestra fallecida. El trisquel de mi color se ilumina y la parte no dañada del acantilado también. Crold pone su pata en el brazalete y su trisquel brilla, haciendo que la luz del trisquel forme unas frases. Sophie se une y tras iluminarse su trisquel, las palabras borrosas se pueden ver perfectamente. Es un mensaje… ¿de Catrin?

sábado, 16 de noviembre de 2013

Capítulo 31: Una nueva armadura.


[“Mi cuerpo retrocede hasta chocarme con la puerta y las dos estatuillas de murciélagos emiten un chillido tan largo y agudo que tengo que taparme los oídos. El chillido dura lo suficiente para que el sacerdote negro esté delante de mí y cuando se acaba ya no puedo hacer nada para impedir lo que me va a suceder: me cuelga el collar y recibo una descarga eléctrica que me adormece y en mi mente noto como si algo espirase todos mis recuerdos.” –Uko]


Narra Uko.

La verdad es que Dinaria es muy fuerte. Esquivo la mayoría de sus ataques físicos pero me es difícil acercarme a ella y pegarla cuerpo a cuerpo, ya que en cualquier momento podría atacarme con sus poderes. Ese es otro problema: aquí todos tienen magia en su cuerpo e interior (exceptuando a los esclavos “Sin alma”) menos yo. ¿Alguna vez la he tenido? Porque no lo tengo almacenado en mi cabeza. Sigo esquivando los golpes de la chica del calor hasta que deja de atacarme.

-Se acabó lo fácil, chaval. –dice, jadeante. Me preparo para algo letal y doloroso. Dinaria no se mueve de su sitio y se rodea de ondas de calor. Mi cuerpo empieza a sudar y a deshidratarse. Necesito agua. Un nuevo recuerdo llega a mi mente: estoy en la mazmorra y formo una llama de agua flotante. Agua flotante… Me pongo de cuclillas y me apoyo con las manos en el suelo. Repito varias veces las dos palabras anteriores y veo que globos de agua sucia empiezan a ascender de la arena. Atraigo unos cuantos para que exploten en mi cuerpo, hidratándolo y los restantes se quedan en su sitio, aumentando de masa y volumen. Extiendo mis brazos y manos hacia delante y hago que se dirijan hacia mi contrincante, a toda velocidad. Dinaria se crea una barrera de ondas caloríficas para impedir mi ataque y protegerse. Tres del bando de globos son destruidos pero consiguen crear unas pequeñas grietas.. Los demás consiguen romper la barrera y mojar a Dinaria. El agua se evapora pero hace que su calor corporal disminuya rápidamente, y se queja del dolor que recibe al tener contacto con el líquido hidratante. Aunque se esté tambaleando, Dinaria se prepara para lanzar otro ataque mágico, pero el Maestro y el Caballero dan por finalizada la pelea. La terraza donde están sentados desciende y los dos se acercan a nosotros. Thask me entrega una caja y Dinaria se cruza de brazos, enfadada.

-Esta es tu comida, no la desperdicies. –dice autoritariamente.–Dentro de una semana os reuniremos aquí para entrenar duramente. Asiento y mi compañera me dice que volvamos a la celda con los demás. Me despido de los dos hombres y sigo a la chica, que está enfadada porque haya ganado yo y no ella.

-Toma. –le digo, abriendo la caja y dándole la mitad de los alimentos: 3 panes, una botella de agua de
2l y una lata de conserva.

-No sé por qué la desperdicias, si eres el afortunado que va a tener comida durante toda la semana.

-Porque no ganaríais, y tenéis que estar alimentados para tener fuerzas y ganar.

-Hmmm, de acuerdo. –responde Dinaria, poco convencida cogiendo su parte de alimentos y envolviéndola con su chaqueta.

Pasa una semana y gracias a los entrenamientos diarios en el coliseo, me siento más fuerte, aunque sigo teniendo recuerdos perdidos. El Maestro Gorb nos ha enseñado técnicas de combate mágico y físico, y también  que no tenemos que dejarnos manipular por los sentimientos del enemigo en una pelea, cuando el ganar es el objetivo principal. Hirun, Dinaria, Golm y yo entramos a la arena esperando al Maestro. Aparece en su terraza y nos dice que si hoy sale todo bien, recibiré algo importante. Lucho duramente contra Hirun y le derroto. Al terminar, los murciélagos de Gorb traen unas cajas metálicas. Tres de las 4 se abren y unas piezas metálicas se adhieren a los cuerpos de mis compañeros. Son armaduras.

-En poco tiempo has conseguido estar a la altura de tus compañeros. Asique este es tu premio. –dice el maestro. La caja metálica se abre y las piezas metálicas se unen a mi cuerpo. Están cubiertas de un lodo escurridizo y marrón.

-Las armaduras protegen nuestro cuerpo, y cada una es de nuestro elemento. –Me explica Golm. Veo que la suya es de cemento, la de Dinaria de calor y la de su hermano mellizo, de gas. Estamos protegidos de pies a cuello, la cabeza no.

-Me gustaría probarla.

-Bien, si quieres, seré tu oponente. –Me responde Gorb y me sorprende. Me esperaba luchar contra algo de sus monstruos, pero no contra él directamente.

-Ten cuidado con los murciélagos. –me susurra Hirun al oído.

Me pongo en guardia y cuando el maestro está listo, creo un torbellino de agua para que lo empape e inmovilice por unos minutos. Gorb se quita la túnica y la lanza al aire. De esta aparecen 20 murciélagos. 4 destruyen mi torbellino y otros 6 se dirigen hacia mí. Escondo la cabeza detrás de mis brazos y uno cae al suelo torpemente, pero otro me muerde en el hombro y grito de dolor. Lo cojo y lo tiro al suelo, luego le doy un pisotón y desaparece. Me quedan dos. Les lanzo bolas de lodo y uno se protege con sus alas, mientras el otro que venía a morderme, se la traga entera y se desvanece, como el anterior. Uso mi ataque que usé contra Dinaria y atrapo a los dos que me quedaban y había perdido de vista. Y también contra los que protegen al maestro, pero las esquivan velozmente. 3 de los 6 escupen un chorro morado que hace cenizas todo lo que toca. Me preparo para esquivar sus rayos pero un cuarto empieza a emitir un chillido espeluznante como el de la primera vez que estuve aquí. Eso hace que mis 5 sentidos se distraigan y que uno de los rayos queme el lodo de mi armadura del pie. Junto mis manos y las separo, haciendo que lance un enorme chorro de agua sucia, derribando a los 4 murciélagos. Los dos últimos se desvanecen y detengo en seco el chorro, desviando su trayectoria hacia el suelo.
-Excelente. –dice Gorb, aplaudiendo. Miro a las gradas para ver cómo se lo han tomado mis compañeros y bueno, no es que les haya sorprendido del todo ni enfadado, pero parecían estar muy atentos.

domingo, 27 de octubre de 2013

Capítulo 30: El coliseo


[“Thask le manda algo en irlandés y el inhumano me coge de la muñeca, no muy amablemente. Me lleva a un pasillo con una puerta en el final de este. Es una celda, lo sé porque tiene unas barras en la ventanilla de la puerta. La abre y me quedo por unos instantes mirando al esclavo, y este, con una cara horrible me empuja al interior de la mazmorra.

Está oscuro y no puedo ver muy bien, pero mis ojos se acostumbran a la oscuridad y me parece ver a 3 individuos. Uno de ellos enciende una llama y me la lanza.” –Uko]


Narra Uko.

No digo nada y el sacerdote repite su comentario: “Tu tío y yo éramos grandes amigos”, añadiendo un “Es verdad”. Esto último se queda retumbando en mi mente y me alejo de ese hombre lo suficiente como para tener el valor para negárselo.

-No le creo. –digo.

-Perdóname por no haberme presentado. Mi nombre es Gorb y soy el Maestro de Artes Oscuras. Tú debes de ser el sobrino de mi examigo de la infancia, Shep. Te he reconocido por los ojos, son idénticos a los de tu tío.

-¿A qué viene esto?

-Sigues sin creerme, por lo que veo. Entonces observa atentamente a esto. –dice con una voz serena, tocando el círculo de su colgante. Este se ilumina y proyecta una pantalla gigante. La pantalla está de color negro hasta que el Maestro Gorb vuelve a tocar su colgante y se sienta en el sillón de su mesa de escritorio. Aparece una imagen de dos chicos jugando a las damas.

-Aquí estábamos tu tío y yo jugando a las damas de críos.

Aparecen más imágenes y el maestro Gorb las va describiendo.

-Y esta es la última de mis recuerdos antes de la guerra de “Mad Thured”. Mis padres y familia murió y Shep vino a calmarme. Después de la discusión que tuvimos, ambos estuvimos en distintos bandos. Yo Fomóre y él Tiatha Dé Dannan. –la pantalla se apaga y el hombre se acerca a mí, quitándose el collar de su cuello.

Mi cuerpo retrocede hasta chocarme con la puerta y las dos estatuillas de murciélagos emiten un chillido tan largo y agudo que tengo que taparme los oídos. El chillido dura lo suficiente para que el sacerdote negro esté delante de mí y cuando se acaba ya no puedo hacer nada para impedir lo que me va a suceder: me cuelga el collar y recibo una descarga eléctrica que me adormece y en mi mente noto como si algo espirase todos mis recuerdos.

-N…no podrán manipularme para siempre. –susurro.

Cuando me despierto, me encuentro en una habitación con poca luz y de paredes oscuras con la puerta igual a la de la celda. El recuerdo de la muerte de mi tío aparece en mi cabeza y me vuelvo a arropar con la sabana que tenía, quedándome dormido de nuevo. La segunda vez que me despierto es por la escasa luz que ilumina la pared y proviene de fuera. Un esclavo entra con una antorcha colgante sobre su hombro derecho. Me desarropo y me levanto para que me saque de aquí. El sin alma me esposa las manos de nuevo y salimos de esa habitación. Me conduce hasta el pasillo de la mazmorra y me mete en la celda. No hay nadie y pienso que se han confundido de celda. Me quedo esperando a los demás, cuando veo que algo metálico refleja unos pocos rayos de luz. Lo cojo y observo que tiene forma de llave. Compruebo metiéndola en la cerradura para saber si cabe en esta, y sí. Sí que cabe asique abro con cuidado la puerta y miro a mí alrededor: ningún guardia en mi camino. Me dirijo hacia el pasillo central y de este al gran portal del final. Pongo mi mano derecha para abrirla y se abre, gracias a la estrella negra que tengo tatuada. Cuando la veo, me trae un mal recuerdo, no el de mi tío, sino en el que discuto con una chica de pelo rubio, Las dos puertas se abren al mismo tiempo y lo que había allí, detrás de esas puertas tan altas es enorme: un coliseo.

En el centro hay una chica de pelo rojo llamativo luchando contra un monstruo gigantón. La bestia le lanza una especie de moco grande y la chica lo esquiva con facilidad. El moco se dirige hacia mí y cuando veo que está cerca, retrocedo mi pierna izquierda,  me agacho de espaldas y levanto mis brazos, separándolos para que la cadena de las esposas se tense. Voy a perder el equilibrio cuando la pegajosa y ácida sustancia de moco consigue destrozar la cadena. Caigo al suelo y me levanto, y veo que la chica pelirroja me mira enfadada. La reconozco por la cara: es Dinaria.

-¿Qué diablos haces aquí? –exclama. Se gira hacia la bestia y cuando llega a su vientre, le lanza una gigantesca onda de calor. Dinaria gana. Se oyen unas risas y aplausos desde arriba. Entro a la arena y veo que son Gorb y Thask. Estan juzgando y comentando en combate de Dinaria contra aquel monstruo gigante y baboso, pero se quedan callados cuando me ven. La joven pelirroja acaba con los minutos de silencio, exigiendo:

-¡Eh! ¿Y mi comida?

-La tendrás si derrotas a vuestro nuevo compañero de la mazmorra. –le responde Thask, desafiante.
Dinaria se queja y flexiona sus manos juntas hacia delante estirando sus brazos. –De esta no saldrás con buena cara, novato. Pero te lo pondré algo fácil. –me masculla con voz ganadora. Genial. Acabo de llegar a aquí y solo me tratan malamente. La chica corre hacia a mí, con su puño derecho preparado para soltarme un puñetazo, pero se lo esquivo por poco. Usa su otro puño y consigue darme en la cara, pero le agarro con fuerza su brazo izquierdo y ahora soy yo quien pega un puñetazo, en su tripa.

Este combate será complicado para mí, ya que estoy en desventaja y no tengo ningún poder para atacar a Dinaria como ella hace.