[“Ogmios se levanta del banco y da unos pasos hacia el
paisaje marítimo, ocultado por los enormes árboles y piedras. –Hoy mismo
partiremos hacia Foyl, el condado de tu elemento, Crold.
-¿El mío? –pregunta, enfadado y extrañado al mismo tiempo.
-Sí. Es la zona más cercana y tendremos que atravesar Lucan
para llegar a Searmford, “An ghleann ar na bolcáin detaigh” (El valle de los
volcanes de humo).
-Pero… ¿Y Deidre y yo? ¿No nos afectará negativamente el área
de Crold?
-No tiene por qué si los tatuajes y los brazaletes os
vinculan y os mantienen juntos. Os lo iré explicando poco a poco.” –Sophie]
Narra Crold.
Otro día más comienza. Antes de desayunar recogemos un poco
las habitaciones y después de alimentarnos con comida ardiente (algo fácil para
mí, pero difícil para mis amigas), abandonamos aquella choza. La verdad es que
Lucan por la mañana, es un lugar apagado por la luz del sol, donde no se ven
muchas llamas de fuego. Si lo comparas con Bradford, Lucan y los demás pueblos
de Foyl usan su elemento en la oscuridad como luz, mientras que en los otros
condados, aprovechan los rayos del sol.
Según los maestros del colegio, desde la batalla de Mag Tured, antes de
que comenzase, los condados de Dokumb, Ciam, Arvach y Foyl firmaron un acuerdo
en el que se permitiría el acceso de todos los habitantes de Éire a todos los
condados. Pero Foyl impuso una condición, cada condado tendría un lugar
prohibido en el que se acumularía una determinada cantidad de energía de su
elemento a lo largo de los años. Hasta que estallase otra guerra.
Y la pregunta que no dejo de hacerme, desde anoche es
¿Podremos entrar y salir de Searmford sanos y salvos?
Recorremos las calles mientras vemos la poca gente de Lucan
que está fuera. Todos son de piel roja o magenta, con los ojos verdes, y al
juzgar por su aspecto, juraría que son seres descendientes de la raza de Dragón
Occidental, un enorme dragón cuyas alas son de su misma altura y su mandíbula
es parecida a la de un cocodrilo. Aunque lo gracioso sería que echasen fuego
por la boca, pero me acabo de dar cuenta que sí que lo hacen, ya que de su
cuerpo nace el fuego que ilumina Lucan. Algunos se fijan en mí y no se si me
miran apetitosamente o raramente, por ser un lobo que puede hablar. Tengo que
demostrarles que soy de los suyos, cojo aire (o humo) y concentro mi poder
hacia un punto del suelo, con mi nombre en mente. Expulso el fuego y veo como
queda mi nombre “Crold” escrito en el suelo de piedra pizarra.
Sophie y Deidre se quedan boquiabiertas.
-¿Cómo has hecho eso? –pregunta Deidre.
-Es fácil, solo tienes que imaginarte la figura y usar una
parte de tu poder para dibujarla. Venga, probadlo. –les animo.
Las dos se concentran y a los pocos segundos, un arbolillo
brota del suelo y una nubecilla de lluvia humedece el árbol. La gente que antes
nos miraba raro, ahora nos observan atentamente. Trago saliva.
-Tenemos que salir de aquí en cuanto antes, ya hemos perdido
bastante tiempo. –nos susurra Ogmios a los tres. Nos callamos y nos marchamos
de Lucan.
Cuando llegamos a la frontera, es cuando Ogmios nos da las
capas de invisibilidad. Frente nuestros ojos hay un paisaje desértico con un
camino de tierra seca y a su alrededor hay miles de rocas volcánicas. A lo
lejos de la senda hay una entrada a un bosque.
-¿Después de ese bosque están los volcanes? .pregunta Sophie.
-Si, pero nosotros tenemos que quedarnos aquí, y Crold
comenzará su prueba desde allí –Les dice Ogmios a Sophie y a Deidre.
-¿Por qué? –pregunto, con nervios y gritando un poco.
-Si alguien de un elemento distinto al de la zona prohibida
acude a esta, su vida correría un gran riesgo. y ni Catrin ni yo querríamos que
perdieseis la vida tan pronto.
“Si hombre, y ¿el que se examina qué? ¿Acaso no está en
peligro su vida al ponerla a prueba contra la naturaleza?” pienso.
-Además la concentración en solitario aumenta más rápido que
en grupo… -continua explicándonos Ogmios. Terminamos de escucharle y me despido
de él, Deidre y Sophie.
Ha llegado la hora de que se sepa si puedo luchar
verdaderamente por ella.
[…]
Hace un buen rato que llevo caminando por estos secos,
quemados y desgastados árboles y cada vez que intento salir de este bosque
interminable, me es imposible. Parece como si estuviera en un laberinto sin
salida. Hago que mis patas empiecen a cubrirse
de fuego y corro sin saber hacia dónde, dejando el rastro de la llamas en el
suelo. Pero solo permanece uno minutos.
-No me lo puedo creer. –susurro. Solo me faltaba que
estuviera encantado.
Una fuerza desconocida me empuja por el costado y retrocedo
(o avanzo) unos metros. El suelo es duro y casi llego a descolocarme la
mandíbula. Me levanto y observo que hay unas marcas exactamente iguales a las
que habían dejado mis patas. Las mismas llamas son absorbidas por el suelo y
dejan un rastro color magenta. Me quedo un rato perplejo hasta que oigo una
risa. Es de una chica.
-¡Sal de tu escondite! –grito a pleno pulmón. Al hacerlo, mi
cuerpo lo interpreta como una carga de llamas y se cubre de ellas. Pero el
suelo las vuelve a absorber y me las lanza por debajo del estómago, haciendo
que me eleve por el cielo. Al descender, observo una sombra por las ramas de la
parte alta de los árboles. Lucho contra la fuerza de la gravedad y clavo mis
garras en ese mismo árbol donde está la anónima. Le lanzo una ráfaga de fuego y
veo que no le afecta, es más, algo las absorbe y se ilumina de un brillante
rojo anaranjado y hace que el enemigo escape con rapidez.
-Tiene que ser Dinaria. –susurro. Tengo la piel de gallina y
dudo si habrá más enemigos con armadura al acecho…
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