lunes, 29 de julio de 2013

Capitulo 23: El caballero de Cristal


["-!Sophie¡ -exclamó mi amigo, agachándose hacia mí, preocupado
-
¿Qué te ocurre? -N-nada grave... Es solo una herida que me hice en la montaña. -dije nerviosa y sonrojándome un poco. Mi corazón empezó a latir deprisa.
-Ven, siéntate aquí. -dijo él, ofreciéndose como apoyo para que me levantase y para que pudiese llegar hasta la otra litera." -Sophie]


Narra Deidre.

Sophie y yo nos detuvimos para esperar a Crold, pero mi amiga fue a buscar a Uko y me quedé yo sola esperando al hijo de Catrin. Después de que compartiese unos minutos con su madre, se acercó a mí y fuimos a la cocina.

-Te prepararé algún calmante, aunque no sé si te gustará -dije, abriendo uno de los armarios que había sobre las encimeras del lavabo y cocina. Cogí un cazo pequeño y un vaso.

-No te preocupes, con un vaso de agua, miel y azúcar es suficiente. -dijo Crold, acariciando una de mis piernas con su peluda cabeza y ronroneando. Le respondí con un "vale" y le preparé lo que me había pedido. A los pocos minutos de que el lobo del fuego hubiese terminado, me dijo que saldría a dar un paseo.

-Vale. Yo también saldré. ¿Nos vemos en algún punto concreto?

-Sí. En el bar de mi amigo Chris, su padre humano es muy amigo del mío.- salió afuera y me dijo dónde estaba el establecimiento. Nos despedimos, y tras arreglar un poco la cocina y decirle a Catrin que Crold y yo salíamos a dar un paseo, salí de la casa de Ogmios.


Era una tarde con pocas nubes y con poca gente en la calle, la verdad, ya que la mayoría de las familias estarían preparando ya la cena a sus familiares o descansando de un día agotador.
Me dirigí hacia la plaza, no muy lejos de la casa de Ogmios, y observé la fuente y su escultura situadas en el centro de la plaza mayor. La escultura era de una especie de caballo mediano con unas herraduras de madera maciza, y unas hojas y ramas debajo de este. Un chorro de agua salía de su mandíbula abierta. "Qué bonita" pensé. Me acerqué un poco más para poder contemplarlo mejor y vi que en el letrero que estaba en el círculo de piedras con madera que daban forma a la fuente ponía:

"In onóir Mother Nature: Epona, bandia an dúlra agus capaill'

Pude entender un poco hasta la palabra Epona, todo lo demás me parecía a chino. Toqué la descripción con mi mano izquierda e intenté traducirlo, aunque me bastó con la imagen que me vino en mente: una jovenzuela de túnica verde y marrón montada en un caballo y las plantas rejuvenecían a su paso. "Eso solo puede llegar a hacerlo un dios" pensé asombrada.


Continué con mi paseo hasta llegar a la entrada de la ciudad. No parecía estar vigilada y las puertas estaban cerradas. Me quedaba una poca magia restante del duro entrenamiento y la usé para traspasar las enormes puertas. Las atravesé sin dificultad y deshice el agujero. Me adentré un poco hacia la senda que llevaba al bosque que conectaba Bradford con Provency y busqué el bar que me había dicho Crold. "Está fuera de la ciudad, un poco alejado y cerca del bosque que traspasamos. El padre de mi amigo es un humano, por eso no están instalados dentro de la ciudad, para que no les arresten o sean humillados por la gente anti-humanos de aquí." Por fin ví un pequeño establecimiento y corrí hacia este, ya que si estaba mucho tiempo allí fuera, podrían atacarme. Era de madera algo pobre, pero con unas bonitas vidrieras de colores vivos. Entré con algo de temor y duda, pero el dependiente pareció sonreír al verme.


-Pasad, no tengáis miedo. Crold ha estado hablándome de ti desde que ha llegado. –dijo, señalándome uno de los altos taburetes de madera barnizada que tenía en su barra. Crold, estaba tumbado en la barra, masticando algo de color oscuro, unas galletas del lugar, imaginé. Estuvimos un buen rato hablando y comiendo comidas hechas por el señor Benor, hasta que fui a los aseos a despejarme un poco del calor que daban algunas comidas calientes, y empezaba a dolerme la tripa. 

Todo iba bien hasta que escuché una explosión y que varios objetos se rompían al chocar con el suelo. Salí del aseo inmediatamente y lo que mis ojos vieron era inexplicable: todo (o la mayoría) de los objetos de cristal estaban hechos añicos.

-¡Señor Benor! ¡Crold! –grité, esperando alguna respuesta de ellos, pero no sucedió. Un enorme silencio era lo que había, hasta que escuché unos pasos y los ruidos de que restos de cristales se rompían aún más. Deseaba con todas mis fuerzas que fuese el amigo del padre de Crold y este mismo, y que todo hubiese sido un accidente por la explosión de alguna bombona de gas. Pero no fue así, fue algo peor. Un hombre vestido con una armadura de cristal salió de la cocina, Fue verle y preguntarle que dónde se encontraban mis amigos, poniendóme en posición de guardia.

El hombre no respondió, hasta que dijo, tras esbozar una pícara sonrisa:

-Búscalo por ti misma.

Eso fastidiaba, pero aparte de dirigirle una mirada de odio, la desplacé hacia los muebles que habían detrás de la barra: El enorme espejo de pared aún contenía algunos trozos de cristales. Corrí con miedo hacia allí y me encontré al señor Benor tumbado con algunas manchas de sangre y pequeños trozos de sangre incrustados en su espalda y pecho.

-Ya no tendrás que preocuparte más por él. –dijo el caballero de cristal, riéndose.
Apreté fuertemente los nudillos de mis dedos en forma de puño y cerré con fuerza mis ojos, expresando dolor y rabia. Sabía que en ese momento, enfadarme complicaría aún más mi situación.

-¿Y Crold? –le grité, levantándome del suelo y volviendo a mi posición de guardía.

-No está aquí.

-¿Cómo?

-Observa y verás. –dijo el caballero, sacándose de su cinturón una cajita plateada y la abrió. Temía que fuera alguna de sus armas letales, y tragué saliva. Pero mi hipótesis fue incorrecta. Lo que había en su cajita era… bueno, no lo supe exactamente hasta que  acercó los dedos índice y corazón hacia sus ojos y estos cambiaron de color. “¿Unas lentillas?” pensé. El color al que habían cambiado no era uno cualquiera… eran del mismo color que los ojos de Crold.

jueves, 18 de julio de 2013

Cápitulo 22: Una mentira

[“Cogí el mineral transparente con mi mandíbula y la apreté fuertemente, pero fue inútil, hasta que… me tragué el cuarzo. No tuve más remedio que hacer que entrase en mi estómago si no quería que me ahogase. Cerré los ojos y acumulé toda mi energía mágica en el centro del mineral, para que se deshiciese en trocitos calcinados por el fuego. Lo logré: dentro de mí tripa noté como una explosión de los trozos del cuarzo quemados, aunque estos fueron como una delicia para mí. Le conté lo sucedido al agricultor, que este estaba pensando en otras formas de destrozar la piedra preciosa, y volvimos a la aldea.” –Crold]

Narra Catrin.

Ya habían pasado 3 horas desde que los jóvenes novatos habían empezado su primer entrenamiento. Ogmios y yo esperábamos pacientemente, pero empezaba a ponerme nerviosa. Aunque tenía que mostrarme y ser fuerte, ya que mi viejo amigo y yo éramos e íbamos a ser a partir de los siguientes días, unos importantes ejemplos para estos jóvenes provenientes de la Tierra.

-¿Sucede algo?

-¿Eh? No, no…

-Venga, no intentes ocultarlo más, se que estás preocupada por los chicos ¿No quieres que ocurra lo que pasó en nuestros años de juventud, la traición de Slak, no?

Eso me pilló por sorpresa. Sabía que Ogmios era como una caja de sorpresas, siempre aprendía e investigaba cosas nuevas, y en estos momentos supuse que habría aprendido alguna habilidad de los pensamientos.

-Es tu rostro quien me lo ha dicho. Tus ojos mostraban tus nervios escondidos.

-Has estado en lo correcto. Sí, es por eso. Slak fue el único que tardó más en volver, y cuando volvió, parecía estar sin alma.

-Sí, lo recuerdo. No hace falta que volvamos a hablar de él, ni mucho menos delante de los adolescentes. Llegarían a dudar sobre ellos mismos.

-Si, en eso estoy de acuerdo, pero ojalá lleguen sanos y salvos…

-Catrin, Catrin –dijo Ogmios con un suspiro y una voz algo graciosilla –Te preocupas demasiado por la gente, y deberías de quitarte un poco de preocupación.

-Tal vez. –le respondí con una voz un poco débil.

Esperamos otra hora más hasta que por fin, las pequeñas pirámides daban el aviso de finalización. Parpadeaban brillantemente hasta que dieron un enorme destello. Si nos quedábamos mirando fijamente a estos instrumentos de entrenamiento, podían producirnos ceguera u otros daños, según nuestro viejo maestro en nuestra juventud. Nos tapamos los ojos hasta que por fin todo volvió a la normalidad: los 3 muchachos y mi hijo estaban sentados en el suelo, con una expresión de agotamiento. Ayudamos a levantarlos y les sentamos en las sillas de la mesa de madera dónde nos habíamos reunido anteriormente.

Los cuatro jóvenes reposaron allí durante un momento y se alimentaron bien de unas galletas tradicionales de aquí, Bradford. Expresaban agotamiento y sabíamos que necesitaban reposo después de su dura prueba.

-Cuando termineis de comer, id a descansar a vuestros cuartos. Os veremos en la hora de la cena.

Sophie, Deidre, Uko y Crold asintieron y se disponían a subir a su dormitorio cuando Crold se detuvo. Empezó a toser fuertemente hasta que escupió algo pequeño y transparente al suelo.

-¡Alejaos de él! -dije, extendiendo los brazos y poniendolos en forma de cruz para impedir que las pocas ascuas que brotaban del diminuto elemento hiriese a los humanos.

Se retiraron a unos tres o dos pasos de mi y estaban sorprendidos y algo preocupados por el mini incidente. Crold dejó de toser al fin y dijo con una voz débil:

-L-lo siento...Creia que lo había desintegrado totalmente...

Me acerqué a él y le abracé.

-Hijo mio. -le dije, dándole un beso en su frente.  Intercambiamos unas miradas de hijo y madre y se fue con los tres humanos. Me fijé en que Uko se separó de las chicas y fue hacia el pasillo que llevaba a las escaleras.

Narra Sophie.

Era una suerte que hubieramos vuelto ya. La batalla contra aquellas enormes águilas parecía interminable: conseguí terminar con casi todas pero 2 se salvaron de mis ataques. Recuerdo que me tropecé y descendí de la alta montaña hasta chocarme con una saliente de roca en la ladera de esta. Recibí un gran impacto en la rodilla derecha que esta no dejó de dolerme ni de sangrar. Medité sobre mi situación: estaba herida y esos malditos depredadores no dudarian en comerme cuando me hubiesen encontrado.
Miré hacia abajo y el suelo arenoso que daba con el mar no estaba muy abajo. Aún conservaba tres de las flechas que estaban con el arco. Clavé una en la pared rocosa y la quité al minuto siguiente, no fue complicado. Fui descendiendo de la ladera hasta que solo unos pocos metros me separaban del suelo. Quité las flechas clavadas y cai de culo a la arena. Hice una mueca de dolor: la herida seguia abierta y parecia que la sangre de esta no se secaría facilmente.

Parpadeé dos veces seguidas y volví a la realidad. Este hecho anterior parecía que se quedaría bien almacenado en mi mente. Vi que Uko se alejaba de nosotros y fui tras él. El dolor de la maldita herida de la pierna hacía que fuese más despacio.

-!Uko¡ !Espera¡ -dije, mientras avanzaba y ponía mi mano derecha sobre el vendaje de hojas que hice para la lesión.

Por fin llegué a nuestro cuarto y observé que Uko estaba sentado en su cama y con las manos en la cabeza.

-Uko ¿Estás bien?

-Dejame solo. -soltó a la defensiva.

-Te dejaré solo cuando me digas lo que te sucede. En cualquier momento podrían subir Deidre y Crold, y te agobiaríamos aun más. Por favor dímelo, me tienes preocupada y... Aarg -me agaché, apoyando la rodilla izquierda en el suelo y ocultando fuertemente con las dos manos la sangre que se deslizaba por el gemelo derecho.

-!Sophie¡ -exclamó mi amigo, agachándose hacia mi, preocupado -¿Qué te ocurre?

-N-nada grave... Es solo una herida que me hice en la montaña. -dije nerviosa y sonrojandome un poco. Mi corazón empezó a latir deprisa.

-Ven, sientate aquí. -dijo él, ofreciendose como apoyo para que me levantase y para que pudiese llegar hasta la otra litera.

Di un largo suspiro y miré con temor a hacia la puerta. Uko pareció darse cuenta y se levantó de mi lado para cerrarla.

-Uko... por favor, dime por qué estás así. -le dije, con una mirada estremecida.Él suspiró y me dijo que de acuerdo, pero a cambio de que le contase a Catrin y Ogmios mi estado de salud. Asentí y me contó lo que le pasaba. Nada más terminar, le dí mi opinión sobre lo que le habían contado:

-Creo que lo que te ha contado esa tal muchacha de la cueva no es verdad. Te han engañado.

Uko hizo una mueca de enfado.

-No se para que te cuento esto, si no confías en mi...

-Eso es lo que quieren que pienses. Te han contado esa trola para que les creas y dudes de nosotros y de tí. -le contesté, preocupada. No quería discutir con él ni que él se separara de nosotros.

Uko no dio respuesta alguna y salió de la habitación para decirle a Catrin y Ogmios lo de la herida de mi rodilla, y para ver también que qué pasaba con Deidre y Crold, supuse.