domingo, 27 de octubre de 2013

Capítulo 30: El coliseo


[“Thask le manda algo en irlandés y el inhumano me coge de la muñeca, no muy amablemente. Me lleva a un pasillo con una puerta en el final de este. Es una celda, lo sé porque tiene unas barras en la ventanilla de la puerta. La abre y me quedo por unos instantes mirando al esclavo, y este, con una cara horrible me empuja al interior de la mazmorra.

Está oscuro y no puedo ver muy bien, pero mis ojos se acostumbran a la oscuridad y me parece ver a 3 individuos. Uno de ellos enciende una llama y me la lanza.” –Uko]


Narra Uko.

No digo nada y el sacerdote repite su comentario: “Tu tío y yo éramos grandes amigos”, añadiendo un “Es verdad”. Esto último se queda retumbando en mi mente y me alejo de ese hombre lo suficiente como para tener el valor para negárselo.

-No le creo. –digo.

-Perdóname por no haberme presentado. Mi nombre es Gorb y soy el Maestro de Artes Oscuras. Tú debes de ser el sobrino de mi examigo de la infancia, Shep. Te he reconocido por los ojos, son idénticos a los de tu tío.

-¿A qué viene esto?

-Sigues sin creerme, por lo que veo. Entonces observa atentamente a esto. –dice con una voz serena, tocando el círculo de su colgante. Este se ilumina y proyecta una pantalla gigante. La pantalla está de color negro hasta que el Maestro Gorb vuelve a tocar su colgante y se sienta en el sillón de su mesa de escritorio. Aparece una imagen de dos chicos jugando a las damas.

-Aquí estábamos tu tío y yo jugando a las damas de críos.

Aparecen más imágenes y el maestro Gorb las va describiendo.

-Y esta es la última de mis recuerdos antes de la guerra de “Mad Thured”. Mis padres y familia murió y Shep vino a calmarme. Después de la discusión que tuvimos, ambos estuvimos en distintos bandos. Yo Fomóre y él Tiatha Dé Dannan. –la pantalla se apaga y el hombre se acerca a mí, quitándose el collar de su cuello.

Mi cuerpo retrocede hasta chocarme con la puerta y las dos estatuillas de murciélagos emiten un chillido tan largo y agudo que tengo que taparme los oídos. El chillido dura lo suficiente para que el sacerdote negro esté delante de mí y cuando se acaba ya no puedo hacer nada para impedir lo que me va a suceder: me cuelga el collar y recibo una descarga eléctrica que me adormece y en mi mente noto como si algo espirase todos mis recuerdos.

-N…no podrán manipularme para siempre. –susurro.

Cuando me despierto, me encuentro en una habitación con poca luz y de paredes oscuras con la puerta igual a la de la celda. El recuerdo de la muerte de mi tío aparece en mi cabeza y me vuelvo a arropar con la sabana que tenía, quedándome dormido de nuevo. La segunda vez que me despierto es por la escasa luz que ilumina la pared y proviene de fuera. Un esclavo entra con una antorcha colgante sobre su hombro derecho. Me desarropo y me levanto para que me saque de aquí. El sin alma me esposa las manos de nuevo y salimos de esa habitación. Me conduce hasta el pasillo de la mazmorra y me mete en la celda. No hay nadie y pienso que se han confundido de celda. Me quedo esperando a los demás, cuando veo que algo metálico refleja unos pocos rayos de luz. Lo cojo y observo que tiene forma de llave. Compruebo metiéndola en la cerradura para saber si cabe en esta, y sí. Sí que cabe asique abro con cuidado la puerta y miro a mí alrededor: ningún guardia en mi camino. Me dirijo hacia el pasillo central y de este al gran portal del final. Pongo mi mano derecha para abrirla y se abre, gracias a la estrella negra que tengo tatuada. Cuando la veo, me trae un mal recuerdo, no el de mi tío, sino en el que discuto con una chica de pelo rubio, Las dos puertas se abren al mismo tiempo y lo que había allí, detrás de esas puertas tan altas es enorme: un coliseo.

En el centro hay una chica de pelo rojo llamativo luchando contra un monstruo gigantón. La bestia le lanza una especie de moco grande y la chica lo esquiva con facilidad. El moco se dirige hacia mí y cuando veo que está cerca, retrocedo mi pierna izquierda,  me agacho de espaldas y levanto mis brazos, separándolos para que la cadena de las esposas se tense. Voy a perder el equilibrio cuando la pegajosa y ácida sustancia de moco consigue destrozar la cadena. Caigo al suelo y me levanto, y veo que la chica pelirroja me mira enfadada. La reconozco por la cara: es Dinaria.

-¿Qué diablos haces aquí? –exclama. Se gira hacia la bestia y cuando llega a su vientre, le lanza una gigantesca onda de calor. Dinaria gana. Se oyen unas risas y aplausos desde arriba. Entro a la arena y veo que son Gorb y Thask. Estan juzgando y comentando en combate de Dinaria contra aquel monstruo gigante y baboso, pero se quedan callados cuando me ven. La joven pelirroja acaba con los minutos de silencio, exigiendo:

-¡Eh! ¿Y mi comida?

-La tendrás si derrotas a vuestro nuevo compañero de la mazmorra. –le responde Thask, desafiante.
Dinaria se queja y flexiona sus manos juntas hacia delante estirando sus brazos. –De esta no saldrás con buena cara, novato. Pero te lo pondré algo fácil. –me masculla con voz ganadora. Genial. Acabo de llegar a aquí y solo me tratan malamente. La chica corre hacia a mí, con su puño derecho preparado para soltarme un puñetazo, pero se lo esquivo por poco. Usa su otro puño y consigue darme en la cara, pero le agarro con fuerza su brazo izquierdo y ahora soy yo quien pega un puñetazo, en su tripa.

Este combate será complicado para mí, ya que estoy en desventaja y no tengo ningún poder para atacar a Dinaria como ella hace.

domingo, 13 de octubre de 2013

Capítulo 29: Los jóvenes de la mazmorra.


[“-El objetivo de ellos ahora es hacer que Uko sea invencible contra nosotros. Yo creo que deberíamos de ir avanzando y fortaleciéndonos a la vez.
-Tu opinión es buena, pero nos pondríamos en peligro más aún. No descarto lo de avanzar, pero opino que deberíamos de entrenar en vuestra tierra. –Nos dice nuestra maestra a los 3. Mis amigos y yo compartimos unas miradas de aceptación a las propuestas y asentimos a Catrin y Ogmios.” –Sophie]


Narra Uko.

No sé cuánto tiempo llevaríamos bajando por esa senda de escaleras en forma de espiral o caracol. Están sujetas por un enorme cilindro de carbón. El caballero va detrás de mí con una antorcha, lo sé porque me he girado para ver qué había a mis espaldas, y ahora sé también que cualquier huida hacia el exterior es inútil, ya que los escalones que voy pisando se evaporan como el humo. Thask acerca su antorcha al carbón y tengo que ponerme en el borde de las mareantes escaleras para no quemarme por culpa de las chispas que salten. Me saltan una a la mejilla izquierda y tengo que acercar mi mano izquierda mojada a la quemadura para aliviar el dolor. Poco tiempo puedo usar mi poder por que este se evapora rápidamente. Seguimos bajando hasta que veo una luz a lo lejos. Es morada e ilumina con poca intensidad. Nos acercamos más y veo que sale de una especie de arco de bóveda, decorado con una estatua de una extraña especie de dragón, fino y estrecho, con el cuerpo de gallo, patas de paloma, cara de Fomóre (la raza del bando enemigo), cuernos de minotauro y lengua de serpiente. Cruzamos el arco y oigo un rugido. Se me pone la piel de gallina, trago saliva y no quiero ni pensar que el bicho de la entrada tiene vida propia. El caballero Thask llama a un esclavo, tocando la campanilla que hay a nuestra izquierda, y un ser sin alma se acerca a nosotros. Thask le manda algo en irlandés y el inhumano me coge de la muñeca, no muy amablemente. Me lleva a un pasillo con una puerta en el final de este. Es una celda, lo sé porque tiene unas barras en la ventanilla de la puerta. La abre y me quedo por unos instantes mirando al esclavo, y este, con una cara horrible me empuja al interior de la mazmorra.

Está oscuro y no puedo ver muy bien, pero mis ojos se acostumbran a la oscuridad y me parece ver a 3 individuos. Uno de ellos enciende una llama y me la lanza.

-Cógela con cuidado. –dice, y así hago, aunque la llama se humedece a causa del agua húmeda mojada en mi mano de antes. La pongo en el centro e ilumina un poco como para que pueda ver el aspecto de los demás. No tienen pinta de ser monstruos o seres diferentes a los humanos. Intento hacer una llama flotante de agua, pero lo único que hace es que gotee. Unas poquitas gotas caen a la llama central y la voz de antes se queja. Por la voz, es una chica. Extingo mi llama y la dueña de la llama calorífica hace que esta sea más luminosa y potente. Por fin puedo ver las caras de los otros “presos”. Son dos chicos y una chica.

-¿Quiénes sois? –pregunto, sentándome en el suelo.

-Me llamo Golm. Hace unos meses que me encerraron aquí. –dice el chico que está a la izquierda de la chica. Coge una piedra del suelo y se la pasa a su compañera.

-Yo soy Dinaria. Soy la que más tiempo lleva aquí, 5 meses. Termina y le pasa la piedra a su compañero restante. Se parecen en la cara.

-Mi nombre es Hirun y soy mellizo de Dinaria. Yo llevo 2 meses aquí.

La información que me han dado no es muy útil, ya que mi mente está llena de preguntas. Hirun me pasa la piedra, tirándomela y da en una de mis mejillas. Me sangra un poquito. Los 3 se quedan mirándome y comienzo:

-Yo… yo me llamo Uko y estoy aquí desde hoy. ¿Por qué estáis aquí?

Dinaria va a hablar y le lanzo la piedrecilla.

-Eso es algo que no te podemos contar ahora.

Se hace el silencio hasta que un esclavo abre la puerta y me saca de allí. Me pone unas esposas y me lleva hasta unas escaleras que están al final del pasillo principal, al lado de un portal enorme. Son más anchas y hay antorchas que las iluminan. Subo, tirado por el sin alma, y rápidamente llegamos al final de los escalones y a un portal rojizo. El esclavo golpea a la puerta unas cuantas veces y se abre.

La habitación donde me encuentro ahora es enorme y más luminosa que la mazmorra y pasillos de esta base, además de tener una terraza enorme en el fondo y 7 estatuillas de murciélagos en las paredes de mi izquierda y derecha. También hay 1 en cada lado del ventanal que comunica la habitación con la terraza, y 2 en la pared de la entrada, en cada lado del portal. Doy unos pasos hacia delante y las plantas de mis zapatos notan un suelo diferente: una enorme alfombra granate con una estrella idéntica a la que tengo tatuada en su centro. Me acerco al ventanal y cuando estoy a punto de abrirlo, oigo unos chillidos de las estatuillas. Inexplicablemente, cobran vida, salen de la pared y se mueven rápidamente sin control. Me agacho cerca de la mesa para que no me vean y a los pocos minutos el alboroto aéreo cesa. Me levanto y no veo a ninguno de los 20 murciélagos en sus estatuillas. Parpadeo y doy unos pasos hacia atrás, cuando me choco con alguien. Suelto un mini grito de susto y me giro para saber quién es.

Es un hombre mayor, alto, de pelo gris liso y largo. Sus ojos son negros (no se le ve el iris ni la parte blanca del ojo, asique parece que solo lleva la pupila) y no tiene cejas. Viste una túnica morada oscura y dos mechones largos de pelo destacan de ella. Por último, veo que lleva un colgante, dónde un círculo negro cuelga de este. Sus ojos opacos se clavan en mí y me dice, con un tono extraño:

-Tu tio y yo éramos grandes amigos.