domingo, 13 de octubre de 2013

Capítulo 29: Los jóvenes de la mazmorra.


[“-El objetivo de ellos ahora es hacer que Uko sea invencible contra nosotros. Yo creo que deberíamos de ir avanzando y fortaleciéndonos a la vez.
-Tu opinión es buena, pero nos pondríamos en peligro más aún. No descarto lo de avanzar, pero opino que deberíamos de entrenar en vuestra tierra. –Nos dice nuestra maestra a los 3. Mis amigos y yo compartimos unas miradas de aceptación a las propuestas y asentimos a Catrin y Ogmios.” –Sophie]


Narra Uko.

No sé cuánto tiempo llevaríamos bajando por esa senda de escaleras en forma de espiral o caracol. Están sujetas por un enorme cilindro de carbón. El caballero va detrás de mí con una antorcha, lo sé porque me he girado para ver qué había a mis espaldas, y ahora sé también que cualquier huida hacia el exterior es inútil, ya que los escalones que voy pisando se evaporan como el humo. Thask acerca su antorcha al carbón y tengo que ponerme en el borde de las mareantes escaleras para no quemarme por culpa de las chispas que salten. Me saltan una a la mejilla izquierda y tengo que acercar mi mano izquierda mojada a la quemadura para aliviar el dolor. Poco tiempo puedo usar mi poder por que este se evapora rápidamente. Seguimos bajando hasta que veo una luz a lo lejos. Es morada e ilumina con poca intensidad. Nos acercamos más y veo que sale de una especie de arco de bóveda, decorado con una estatua de una extraña especie de dragón, fino y estrecho, con el cuerpo de gallo, patas de paloma, cara de Fomóre (la raza del bando enemigo), cuernos de minotauro y lengua de serpiente. Cruzamos el arco y oigo un rugido. Se me pone la piel de gallina, trago saliva y no quiero ni pensar que el bicho de la entrada tiene vida propia. El caballero Thask llama a un esclavo, tocando la campanilla que hay a nuestra izquierda, y un ser sin alma se acerca a nosotros. Thask le manda algo en irlandés y el inhumano me coge de la muñeca, no muy amablemente. Me lleva a un pasillo con una puerta en el final de este. Es una celda, lo sé porque tiene unas barras en la ventanilla de la puerta. La abre y me quedo por unos instantes mirando al esclavo, y este, con una cara horrible me empuja al interior de la mazmorra.

Está oscuro y no puedo ver muy bien, pero mis ojos se acostumbran a la oscuridad y me parece ver a 3 individuos. Uno de ellos enciende una llama y me la lanza.

-Cógela con cuidado. –dice, y así hago, aunque la llama se humedece a causa del agua húmeda mojada en mi mano de antes. La pongo en el centro e ilumina un poco como para que pueda ver el aspecto de los demás. No tienen pinta de ser monstruos o seres diferentes a los humanos. Intento hacer una llama flotante de agua, pero lo único que hace es que gotee. Unas poquitas gotas caen a la llama central y la voz de antes se queja. Por la voz, es una chica. Extingo mi llama y la dueña de la llama calorífica hace que esta sea más luminosa y potente. Por fin puedo ver las caras de los otros “presos”. Son dos chicos y una chica.

-¿Quiénes sois? –pregunto, sentándome en el suelo.

-Me llamo Golm. Hace unos meses que me encerraron aquí. –dice el chico que está a la izquierda de la chica. Coge una piedra del suelo y se la pasa a su compañera.

-Yo soy Dinaria. Soy la que más tiempo lleva aquí, 5 meses. Termina y le pasa la piedra a su compañero restante. Se parecen en la cara.

-Mi nombre es Hirun y soy mellizo de Dinaria. Yo llevo 2 meses aquí.

La información que me han dado no es muy útil, ya que mi mente está llena de preguntas. Hirun me pasa la piedra, tirándomela y da en una de mis mejillas. Me sangra un poquito. Los 3 se quedan mirándome y comienzo:

-Yo… yo me llamo Uko y estoy aquí desde hoy. ¿Por qué estáis aquí?

Dinaria va a hablar y le lanzo la piedrecilla.

-Eso es algo que no te podemos contar ahora.

Se hace el silencio hasta que un esclavo abre la puerta y me saca de allí. Me pone unas esposas y me lleva hasta unas escaleras que están al final del pasillo principal, al lado de un portal enorme. Son más anchas y hay antorchas que las iluminan. Subo, tirado por el sin alma, y rápidamente llegamos al final de los escalones y a un portal rojizo. El esclavo golpea a la puerta unas cuantas veces y se abre.

La habitación donde me encuentro ahora es enorme y más luminosa que la mazmorra y pasillos de esta base, además de tener una terraza enorme en el fondo y 7 estatuillas de murciélagos en las paredes de mi izquierda y derecha. También hay 1 en cada lado del ventanal que comunica la habitación con la terraza, y 2 en la pared de la entrada, en cada lado del portal. Doy unos pasos hacia delante y las plantas de mis zapatos notan un suelo diferente: una enorme alfombra granate con una estrella idéntica a la que tengo tatuada en su centro. Me acerco al ventanal y cuando estoy a punto de abrirlo, oigo unos chillidos de las estatuillas. Inexplicablemente, cobran vida, salen de la pared y se mueven rápidamente sin control. Me agacho cerca de la mesa para que no me vean y a los pocos minutos el alboroto aéreo cesa. Me levanto y no veo a ninguno de los 20 murciélagos en sus estatuillas. Parpadeo y doy unos pasos hacia atrás, cuando me choco con alguien. Suelto un mini grito de susto y me giro para saber quién es.

Es un hombre mayor, alto, de pelo gris liso y largo. Sus ojos son negros (no se le ve el iris ni la parte blanca del ojo, asique parece que solo lleva la pupila) y no tiene cejas. Viste una túnica morada oscura y dos mechones largos de pelo destacan de ella. Por último, veo que lleva un colgante, dónde un círculo negro cuelga de este. Sus ojos opacos se clavan en mí y me dice, con un tono extraño:

-Tu tio y yo éramos grandes amigos.

1 comentario:

  1. SU TIO!?? O.o uy madre...que esta relacionado O.O por que lo cortas jussssssssssssssto ahi!? eres cruel xD sabes mantener enganchada a la gente x3

    ResponderEliminar