domingo, 12 de mayo de 2013

Capítulo 18: El pantano



[“Cerré los ojos, cogí aire lentamente y fui relajando poquito a poquito mi cuerpo. Lo siguiente fueron unas milésimas de segundo, pero sentí que algo me absorbía, un aire muy potente… Un aire que hizo que casi me ahogase por su ausencia. Abrí muy grande la boca e inspiré todo el aire que pude, hasta expulsarlo por la nariz. Apoyé mi mano derecha en el suelo y noté algo húmedo y rocoso. Me levanté y estudié el entorno con mi vista. Estaba en la parte más alta de una montaña enorme, y parecía estar sobre las nubes, en el cielo.” –Sophie]

Narra Uko.

En estos instantes me encontraba frente a un lago rodeado de más y más abetos con un cielo nublo y un aire algo gélido. Por unos minutos no sabía qué hacer y me quedé inmóvil hasta que un potente remolino salido del centro del lago, me absorbió. Sinceramente, me había dejado, mi elemento era el agua, y tenía que estar en un sitio de agua, o sino ¿dónde? Aunque, también había sido por el recuerdo de mi tío… El clima del pantano era parecido al clima continental de Irlanda y eso hizo que acordase de los acantilados Mother. Me dejé llevar por la corriente que se deslizaba bajo el mar, hasta que decidí nadar, si las fuerzas me lo permitían, por mi cuenta. Nadé en dirección hacia la superficie para coger aire. Saqué mi cabeza bruscamente que me dio un poco de dolor en la frente, y además un reflejo a lo lejos me daba totalmente a los ojos. Nadé hacia la orilla cercana al reflejo y pude ver que eran la ballesta y las flechas. Me estiré para cogerlos y sentí que algo agarraba a una de mis piernas. Me giré para ver con qué me había enganchado pero no pude ver nada, solamente el reflejo de la luz distorsionada en las aguas del pantano. Agaché mi cabeza hasta ocultarla bajo mis brazos apoyados en la tierra. Estaba empezando a ponerme nervioso, e intenté calmarme. Escuché un agudísimo sonido a mis espaldas, y me iba a girar cuando algo salió del agua y me cogió por el cuello con su especie de brazos. Su ataque me había pillado sorpresa y caí por sorpresa al agua sin coger aire y me atraganté, tragándome el agua, hasta que cerré la boca, por fin. La presión cada vez aumentaba más y mis brazos se movieron lentamente hasta que pude coger los brazos del desconocido y separarlos un poquito de mi cuello. Unas ultimas burbujas salían de mi nariz y boca y me estaba quedando sin oxigeno. “Burbuja” pensé. Junté los dedos pulgares e índices de mis manos, haciendo una forma de gota y dejé que unas cuantas burbujas pasasen por el arco. Funcionó: las mini burbujitas se unieron y formaron otra más grande, del tamaño justo para mi cabeza. La cogí con un infinito sumo cuidado y me la metí en la cabeza, como con los cascos de submarinismo. Lo normal habría sido que se explotase, pero no, por fin tenía aire para respirar, Cogí con más fuerza los brazos de la otra persona y pude separarlos. Después, nadé con toda la velocidad que pude hacia la tierra firme, intentando escapar del sujeto “x” hasta que pude salir de nuevo a la superficie. Me apoyé en la hierba y me levanté, alejándome un poco del lago. Me agaché, apoyando las manos en las rodillas para calmar mi respiración, y tras recuperarme, me mantuve en guardia. Sucedió lo que me esperaba: la persona extraña estaba saliendo del lago, aunque… no era una persona exactamente, sino… una silueta de agua. Es decir, parecía una persona, era como una persona de agua. Me eché hacia unos pasos atrás y noté que me faltaba algo en mis manos. “Mierda, las armas” pensé. No quería ni pensar que las tendría la silueta del lago, pero por desgracia sí que las tenía. Las agarraba con mucha fuerza, alzó la ballesta hacia mí y tensó la flecha. No me iba a dejar morir tan pronto así que hice la misma acción que había hecho en el agua con las burbujas. Estiré mis brazos y tensé mis manos con la misma forma de gota de antes. El ser acuático soltó la cuerda y la flecha vino disparada hacia mí. Cerré los ojos con temor y deseé que pudiera parar aquella veloz flecha. A los pocos segundos después, abrí los ojos y pude ver que la pequeña lanza estaba congelada frente a mí, entre mis manos. La cogí con mis manos, congelada aún y la señalé hacia mi enemigo. La lancé como una jabalina y rápidamente atravesó su cuerpo, haciendo que se destruyese. Cogí mi ballesta y las flechas restantes. A continuación, unas enormes burbujas salieron del lago y se elevaron hacía casi la misma altura que la mía. Supuse que era una prueba de disparar al objetivo y así hice.  Los primeros intentos me fueron fallidos pero poco a poco pude ir dando a algunas de la gran cantidad de burbujas. Me quedé sin flechas y me paré un rato, esto me agotaba un poco. Después de descansar y buscar otra forma de destrozar las burbujas restantes, junté las palmas de mis manos y las fui separando poco a poco, creando pequeñas dagas de agua rigidas. Fui realizando esta acción hasta haber destrozado todas las burbujas, pero algunas esquivaban rápidamente mis proyectiles, e incluso me lanzaban como piedras de hielo. Decidí elevarme para poder llegar a su altura, creando una torre de agua estable y que se pudiera mover sin desplazarse de su base.  Conseguí destrozar a la mayoría, pero mientras, el poder de mi torre de agua se iba debilitando, hasta que desapareció y caí al fondo del mar. No sé cuánto tiempo habría pasado, pero me desperté en una especie de cueva extraña. No estaba llena de agua y tenía un agujero dónde algunos potentes rayos del sol pasaban y se veía un cielo despejado, diferente al del pantano. 
 

lunes, 6 de mayo de 2013

Cápitulo 17: Inicio a los entrenamientos


 

[“-Os hospedareis una semana en mi casa, como los clientes que erais según mi asistenta, que veníais a por unas armas que me habíais encargado. Pues bien, entrenareis con estas armas. –Ogmios”]

 

Narra Catrin.

Sophie, Dreidre, Uko y Crold se habían marchado ya a dormir, después de que la asistenta de mi viejo amigo nos hubiera enseñado la casa y que cenáramos. Era el doble, casi el triple de grande que la mía, y algunas cosas estaban cambiadas, como el orden de las habitaciones o el lugar de algunos muebles, desde la última vez que vine. Ese detalle me cogió por sorpresa, aunque el que sorprendió a los jóvenes no. Que tuvieran que entrenar con unas armas y mantener en secreto una misión muy importante les ilusionó y preocupó un poco, en cambio, yo ya lo sabía y me lo esperaba. Desde los años de mi infancia me habían entrenado para aumentar mis poderes en caso de otra guerra, como a Ogmios y a Gráinne. Y de no ser por eso, ahora no estaríamos aquí vivos y los nuevos y novatos “héroes” ya habrían caído en manos de la Reina de la Muerte, Morrigan. En estos momentos, estaba sentada en una de las sillas del comedor con Ogmios delante de mí, tomándonos una taza de té bradforense. Apoyé mi mano a la taza y me quemé la palma de la mano. Junté mi otra mano con la mano afectada y pude aliviar el dolor, eliminando el calor restante de la quemadura usando el conjuro de “Helignt corp”, “Cuerpo Helado”.

-Pareces preocupada. –Dice Ogmios, dando un largo sorbo a su taza de té.

-Lo estoy un poco. –respondo, cogiendo la taza de su asa. –He de admitir que al escuchar el relato que les contaste a los humanos, se me vinieron los recuerdos de la batalla de Mag Tured en la que luchamos y se me puso la piel de gallina.

Ogmios se rió y dijo: -Estarás mintiendo ¿no? Porque la Catrin que yo conocía no era así. Tú eras fuerte y valiente y no se dejaba llevar por algo tan simple.

-Si…Tienes razón. Supongo que será uno de los efectos de cuidar a tus hijos y preocuparte por ellos. –A continuación, Ogmios me preguntó que si era por mi hijo Crold y le respondí que no, no era solamente por él, sino también por los humanos y por Grainné. Desde que vinieron los jóvenes, no dejo de preguntarme cómo será el día en el que nieta y abuela se encuentren…

-No te preocupes por eso, aún queda mucho para que llegue ese día. Además, antes de eso, los jóvenes humanos y el lobo ya habrán superado retos importantes.

Asentí moviendo mi cabeza y dije. –Sí, pero… Tengo una pregunta desde hace unos días, sobre el conjuro de la transformación de Crold, y creí que era buena idea consultártelo. ¿Hay alguna solución?

-Sí y no. –Ogmios terminó de tomarse su taza de té y continuó diciendo –En el centro de Éire se esconde uno de los 5 ejemplares del “Libro MIgnic”. Por lo poco que sé sobre ese libro, es que tiene todos los conjuros y sus soluciones para deshacerlos, y que se renueva cada vez que aparece un nuevo hechizo y su posible solución.

-Entonces eso quiere decir que tendré que ir a buscarlo para deshacer la transformación de mi hijo, pero no puedo dejar a los jóvenes solos…

-Solo puedo decirte que lo mejor es que esperes a que transcurra el tiempo y ya verás el momento adecuado.

 

                                                           ************

Narra Sophie.

Aun estaba arropada con las sabanas aunque ya hubiera salido el sol. Hacía como media hora que me había despertado y vi que las camas de mis amigos ya estaban deshechas. Tenía pereza de levantarme y empezar con los entrenamientos, pero quedarme despierta en la cama hizo que meditase algunas cosas con respecto a la charla que nos dio el amigo de Catrin ayer. “¿Por qué mi abuela no quería verme, si desde los 4 años no la veo?” o “¿Tan arriesgadas estarán nuestras vidas cuando comenzase la guerra contra los nuevos Fomóre?” eran algunas de las preguntas que me rondaban por la cabeza. “La verdad es que podía habérselo preguntado ayer a Ogmios y a Catrin”.

Vi que la puerta se abrió y me giré hacia la pared, haciendo que aun dormía. Por la silueta de la sombra que pude ver, era la asistenta de Ogmios, que estaba haciendo las camas. Me levanté y disimulé un bostezo. Finalmente fui a la cocina a desayunar.

Después de haber desayunado y vestido adecuadamente con ropajes de Bradford, Dreidre, Crold, Uko y yo estábamos en el mismo patio donde habíamos estado el día anterior. Ogmios estaba delante de nosotros, y en la mesa que estaba detrás de él estaban nuestras armas correspondientes junto a 4 pequeñas pirámides de color verde, rojo, azul y gris plateado. Ogmios nos explicó lo que teníamos que hacer con las pirámides y cómo teníamos que manejar las armas. Su asistenta dibujó en el suelo con una tiza blanca cuatro grandes cuadrados y situó la pirámide correspondiente de cada uno en frente de nosotros,
apoyándolas en el suelo por una de sus cuatro caras laterales, dejando la base hacia nosotros. Según Ogmios, para comenzar solo teníamos que relajar nuestro cuerpo y cerrar los ojos para que el poder de las pirámides funcionase. Cerré los ojos, cogí aire lentamente y fui relajando poquito a poquito mi cuerpo. Lo siguiente fueron unas milésimas de segundo, pero sentí que algo me absorbía, un aire muy potente… Un aire que hizo que casi me ahogase por su ausencia. Abrí muy grande la boca e inspiré todo el aire que pude, hasta expulsarlo por la nariz. Apoyé mi mano derecha en el suelo y noté algo húmedo y rocoso. Me levanté y estudié el entorno con mi vista. Estaba en la parte más alta de una montaña enorme, y parecía estar sobre las nubes, en el cielo. Vi un pequeño reflejo de luz cercano a mí y me acerqué. Eran el arco y las flechas. Fue tocarlo y notar un terremoto bajo mis pies. Cogí el arco e intenté mantenerme en equilibro. El terremoto cesó y vi unas siluetas marrones a lo lejos. Eran unas águilas inmensas, con unas alas llenas de plumas enormes y con unas garras gigantescas. Cogí una de las flechas y la puse junto al arco, tensando su cuerda. Apunté hacia una de las águilas y la lancé. La flecha salió disparada, envuelta de un manto de círculos de aire. El disparo dio a un águila y esta se echó hacia atrás, pero volvió a retomar su camino hacia su objetivo, yo. Esto se estaba poniendo complicado, e incluso dudaba de mi misma en estos instantes… Pero no debía fallar, mis poderes debían de aumentar si o si.