sábado, 28 de septiembre de 2013

Capítulo 28: Nuevos planes


[“Entré al comedor y vi que Sophie se disponía a lanzarle un ataque a Uko, y este iba a protegerse.

-¡Parad!

[…] Detengo la pelea mágica lanzando una bola de absorción al punto de colisión entre los dos ataques, y esta los absorbe.

[…]

-¡Ya vale los dos! –digo enfadada. –Sophie sal de aquí. –la chica gruñe entre dientes y sale del comedor. –Y voy a hablar seriamente contigo. –digo refiriéndome a Uko.
 “-Catrin]


Narra Sophie.

Los rayos de sol que traspasaban las ventanas me ciegan los ojos. He estado en vela no sé cuánto tiempo, pero las lágrimas que derramaba ayer han desaparecido, ahora soy diferente. He asumido los hechos y eso me ha hecho más fuerte. Soy la segunda en bajar y desayuno con Deidre, mientras charlamos. Los chicos bajan y miro con otros ojos a Uko. Deidre y Crold salen del comedor para preguntarle a Catrin sobre lo  ue haríamos hoy y aprovecho para soltarle algunas cosas al traidor. Empiezo la discusión levantándome haciendo ruido y le suelto lo primero que se me viene a la cabeza. Discutimos hasta que Catrin detiene la pelea con magia y me ordena que salga de allí. Mi ira no ha desaparecido aún y decido descargarla en mi pirámide de preparación. Acabo con todas las bestias que se ponen delante de mis ojos hasta que Catrin me sava de allí y me ordena que vaya al comedor con los demás. No veo a Uko y relajo mis músculos tensos. Me siento con mi amiga e hijo de Catrin y comienza la charla. El bando de Morrigan nos pisa los talones (literalmente) y tenemos que adelantarnos y vigilar nuestros pasos. Habla de que estaremos unos días en la Tierra para repostar y practicar.

-Pero ¿no sería mejor que continuásemos con nuestra misión? –la interrumpo.

-La chica tiene razón. –le dice Ogmios a Catrin. Miro a la mesa por unos instantes y digo:

-El objetivo de ellos ahora es hacer que Uko sea invencible contra nosotros. Yo creo que deberíamos de ir avanzando y fortaleciéndonos a la vez.

-Tu opinión es buena, pero nos pondríamos en peligro más aún. No descarto lo de avanzar, pero opino que deberíamos de entrenar en vuestra tierra. –Nos dice nuestra maestra a los 3. Mis amigos y yo compartimos unas miradas de aceptación a las propuestas y asentimos a Catrin y Ogmios.

Y llega el tema tabú del día: Uko y su traición.

Catrin les cuenta a Crold y Deidre que Uko ha cambiado de bando y que no debemos confiar en él bajo ninguna circunstancia y razón. Oír eso es como si alguien me clavase un puñal en el corazón o en la espalda, o el mismísimo ex camarada quien lo hace. Antes de que acabe el debate, decido contarles a los demás lo que sucedió ayer en el restaurante derrumbado. Termino de contarles mi relato y Deidre y Crold me abrazan. Les sonrío, aunque en mi mente, quiero olvidar lo sucedido ayer. Los dos magos me agradecen por contarlo y me preguntan si hice algún movimiento en falso. Les digo que no, exceptuando lo que hice para salir y entrar de Bradford. Catrin nos manda que volvamos a nuestro dormitorio para recoger nuestras pertenencias y así hacemos.

Una duda me paraliza un momento:” ¿Y si los malvados consiguen llegar a uno de los portales entre Éire y la Tierra? Eso sería catastrófico. Destrozarían nuestro mundo y si fuéramos a impedirlo sería inútil, ya que destruirían este mundo.” Recojo mis cosas, como así hacen Deidre y Crold y bajamos al jardín de entrenamiento, donde esta Ogmios sacando las armas del armario y Catrin colocando nuestras pirámides en forma de triángulo sobre la mesa. Ogmios se nos acerca con nuestras armas y las clava en el césped.

-Quedaos con la imagen de vuestro objeto y con la magia de vuestro elemento cread una réplica de esta. –nos dice el viejo amigo de Catrin. Obedecemos y la primera vez nos salen algo defectuosas. Lo intentamos varias veces y cuando por fin sale idéntica a la original, Ogmios nos pide que la usemos: atacamos con un arma de nuestro propio elemento, utilizándolo. Supongo que esa es una de las ventajas que tenemos ahora. Ogmios nos da unos cuantos consejos y nos acercamos a Catrin. Nos pide que sujetemos con cuidado la pirámide de nuestro elemento y coloca una piedra preciosa de color verde parecido al del césped. Una esmeralda. Pronuncia un conjuro y una especie de agujero sale de la piedra.

-Lanzaos. –nos ordena. Deidre y yo compartimos unas miradas de duda y me separo de mi pirámide.
Me subo a la mesa con la ayuda de una silla y me lanzo al agujero: una corriente de aire me aspira.

Caigo de pie al suelo y mis camaradas aparecen segundos después de mí. El lugar en el que estamos me es familiar, ya que estamos en el comedor de mi casa. Me acerco hacia una de las ventanas y observo la calle. Tiene pinta de haber niebla.

Narra Uko.

Tras recoger mis cosas, salí de allí con discreción, mientras los demás estaban en el comedor. Me dirigía hacia el lugar de anoche, intentando no pensar en mis ex compañeros y lo que podrían haber visto ayer. Llego al restaurante derrumbado y no veo a nadie. Me siento en una de las mesas a esperar, cuando pasados unos minutos aparece Thask.

-Vaya, que  pronto que estés aquí ¿ya te han echado?

-Algo así. –susurro. -¿Cómo sabias que estaba aquí?

-Te tenemos vigilado gracias al collar. –responde. Pongo mi mano sobre en colgante. –Ni aunque te lo quitases estarías libre de nosotros. Tienes la estrella también. –dice, señalando mi mano derecha.
Deja caer algo al suelo y sale humo, formando un circulo en el propio suelo.

-Baja.

Trago saliva y me acerco al círculo. Hay un agujero en el suelo y unas escaleras que descienden.

-¡Que bajes! –me repite el caballero, cansado de esperar. Empiezo a bajar, con un único pensamiento en mente: “¿A dónde me llevan?”

viernes, 20 de septiembre de 2013

Cápitulo 27: La discusión.


[“-Está bien, soy vuestro.

“¡Mierda, mierda, mierda!” susurro para mis adentros, apunto de llorar. Congelo las lágrimas que descendían por mis mejillas y las destrozo, tirando los restos al suelo. Corro todo lo que puedo para llegar antes que el imbécil de Uko, y durante el recorrido no quiero pensar en nada más, solamente en una buena razón que excuse mi tardanza.”-Sophie.

“Soy vuestro” eran las dos peores palabras que había dicho en mi vida. Ambar rio malvadamente y me quitó el veneno como había “prometido”. No dije nada más y salí de allí como si el mismísimo diablo me hubiese dejado sin alma.” –Uko.]


Narra Catrin.

Otro nuevo día había comenzado, y Ogmios y yo éramos los primeros en levantarnos. Después de que desayunáramos y que hablásemos sobre el día anterior, escuchamos unos pasos desde las escaleras. Era Deidre. Los rayos del sol la habrían despertado cuando yo había corrido las cortinas de su habitación. Aún era pronto para que se levantasen, pero Deidre me ayudó con la cocina y en el comedor, Ogmios y yo le preguntamos que cómo se encontraba.

-Algo mejor, solo me escuecen las cicatrices de los brazos y piernas, -nos dice con una expresión en la cara de que esperaba que le preguntásemos que qué pasó ayer.

-Tal vez sea pronto para preguntarlo, pero ¿recuerdas algo de lo que ocurrió ayer, después de los entrenamientos? –le pregunta Ogmios. Vemos que está callada durante unos minutos, y responde:

-No me acuerdo mucho, pero un hombre con una armadura de cristal nos atacó al señor Benor, dependiente del restaurante fuera de la ciudad y a mí. Crold había desaparecido e imaginé que era un clon, pero ya era demasiado tarde.

-¿Y dónde estaba el verdadero? –le pregunto.

-Eso no lo sé, pero sí sé que vino a salvarme.

-El señor Benor, el padre del amigo de tu hijo, era un humano ¿no? –me pregunta mi viejo compañero y asiento. –El objetivo de aquel sujeto era acabar con los humanos de Éire. El objetivo de Morrigan ahora es aniquilar a los cuatro elementos humanos.

-Tiene razón. Deidre, después de que desayunéis, Ogmios y yo hablaremos con vosotros sobre los próximos acontecimientos.

La chica de la tierra asiente y se marcha a su dormitorio, a esperar que sus compañeros se despertasen. Finalmente los demás jóvenes se levantaron y desayunaron junto a su amiga de pelo oscuro. Terminaron y cuando me dirigía al comedor, vi que Deidre Y Crold salían de allí y se escuchaban voces.

“¿Dónde estabas ayer?” Esa voz era la de Sophie.

“Fui a buscar a Crold y Deidre” Y esta, la de Uko.

-Estan discutiendo, por favor madre, deténgalos o sino llegarán a las manos. –me dice mi hijo, preocupado.

Les doy media hora de tiempo libre y los dos se van al jardín. Yo sigo escuchando la discusión de los jóvenes de Aire y Agua.

-Porque quería investigar el lugar de combate. –dice Uko levantando la voz. Llegarán a los gritos
dentro de nada.

-¿Y qué es eso que llevas? Te lo dio Ambar ¿verdad?

-¿El qué?

-¡Eres un mentiroso y un…!

Entré al comedor y vi que Sophie se disponía a lanzarle un ataque a Uko, y este iba a protegerse.

-¡Parad!

-¡Traidor! –termina de decir Sophie y le lanza los platos, tazas y cubiertos a su amigo. Este trata de protegerse con un escudo de agua. Detengo la pelea mágica lanzando una bola de absorción al punto de colisión entre los dos ataques, y esta los absorbe. Los dos adolescentes me miran con una cara que no sé si es de odio o sorpresa.

Sophie le lanza una ráfaga de aire al cuello de Uko y cae algo al suelo. La chica se acerca al objeto del suelo y ve que es un collar con una pila fina y oscura.

-Eres oscuro. –dice con desprecio.

-¡Ya vale los dos! –digo enfadada. –Sophie sal de aquí. –la chica gruñe entre dientes y sale del comedor. –Y voy a hablar seriamente contigo. –digo refiriéndome a Uko.

Uko se sienta en la mesa y yo cierro la puerta, lanzando un conjuro de aislamiento. Me siento frente él y le digo:

-Pon el colgante encima de la mesa. –El chico obedece y observo con cuidado el collar y la cápsula sin llegar a tocarla. –Enséñame  tus manos y brazos.

Me enseña solamente su lado izquierdo y no lleva nada maligno. Le pido que me de su mano derecha y el chico se opone, diciendo que tenía una herida.

-Vale, pues enséñamela.

Uko no responde ni obedece y tengo que vérsela por la magia. Le lanzo una mini descarga eléctrica y retira su mano izquierda de su muñeca derecha. Una estrella negra destacaba de su piel.

-Sophie tenía razón, Uko, ya no eres uno de los nuestros, sino uno de ellos. Eres oscuro. –hago una pausa y termino: -Recoge tus cosas al salir de esta habitación y márchate con tu nuevo bando. No volveremos a confiar en ti.

El joven se levanta y sale del comedor sin decir ni una sola palabra y con una expresión de dolor. No sé si lo hace para que me lastime por él o por culpa que sentiría en estos momentos. Observo que sus compañeros le preguntan que qué ha pasado, les da una respuesta simple y se marcha a su cuarto. Me acerco a mi hijo y Deidre y les pregunto por Sophie.

-Está en el jardín de los entrenamientos. Nos ha dicho que iba a entrenar más. –responde su amiga.

Les digo que entren al comedor y que cuando vuelva con Sophie empezaremos la “clase”. Ya en el jardín, veo que la pirámide grisada, el elemento Elios (Aire) está encendida, en funcionamiento. Me acerco y toco la cúspide con mi dedo índice izquierdo y una escena en movimiento sale de esta. Es Sophie con su arco a la ofensiva con las bestias más feroces de su alrededor. La observo unos minutos y siendo sincera, admiro su potencial y ataque con el arco y flechas.

-¡Detrás de ti! –le digo. Oye la voz y se queda dudando por unos segundos, pero se gira y da al
blanco: un oso pardo de 1,80 m.

Toco el logo y los 4 triángulos se separan, con un pequeño tornado en el interior de la pirámide. Se va haciendo más grande hasta que Sophie pone pies en tierra.

-Antes de que digas algo, dentro de nada quiero que estés en el comedor con Deidre y Crold, os vamos a hablar Ogmios y yo de asuntos importantes.

-Ahora voy. Y gracias por la ayuda. –dice dejando el arco y las flechas en el armario de las armas.

martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo 26: Un chantaje al traidor


[“-¡Estaba a esto de acabar con ellos! –dice su aliado algo enfadado.

-Caaalmate –le dice la mujer pasando cerca de él y deslizando su mano por la espalda del hombre. –las cosas son más sencillas ahora: en vez de que nosotros tengamos que malgastar nuestras fuerzas con unos críos taaan especiales, dejaremos que uno de ellos lo haga por todos nosotros.” –Narrador Externo  […]

“-¿Y Uko? ¿No había venido a buscaros?

-Sí, hace poco he hablado con él y le he dicho lo mismo que a ti. Solo me ha dicho que iría a asegurarse de que no habría más enemigos cerca del lugar dónde habíamos estado.” –Sophie]



Narra Sophie.

Me agaché cerca de alguna ventana con el cristal roto para escuchar mejor lo que decían:

Anónimo 1: ¡¿Quiénes sois vosotros?! ¡¿Qué queréis de mí?!

“Uko… Mierda, tengo que hacer algo antes de que…” pero mi pensamiento se detuvo porque sabía que era muy arriesgado, y por la voz que escuché de la respuesta:

Anónimo 2: Soy Ambar, no sé si te acordarás de mí, y este es mi secuaz. Queremos proponerte algo benigno para ambos: si te unes a nosotros, podremos encontrar a tu tio y devolverle la vida.

Uko: ¿Y mis compañeros, eh? ¿Cómo voy a fiarme de vosotros, si sé que les haréis lo mismo que habéis hecho anteriormente?

Ambar: Puedes estar seguro de que no les tocaremos ningún pelo si nos obedeces. ¿Qué me dices?

El silencio duró durante unos minutos hasta que la traidora siguió con su “discursillo”.

Ambar: Tus amigos no confían mucho en ti ¿no? Ya que no tuviste un pasado muy social ¿eh?
Mi curiosidad ardía y quería ver lo que iba a suceder, asique me asomé un poquito y pude ver que Uko le contestaba de malas maneras a Ambar, y esta le cogía fuertemente del hombro.

Ambar: Te soltaré si aceptas el trato, o sino morirás dentro de nada por el veneno que te he inyectado en tu organismo, y además de quemar parte de Bradford con tus compañeros incluidos y el bosque. ¿Qué dices ahora?

Veo que Uko se sienta en una de las mesas, cabizbajo y con las manos en la frente. Dice algo que no llego a oírlo y se queda callado. Al cabo de unos minutos, le oigo decir, con una voz muy débil, que parece que se iba a quedar ahogado por el veneno:

-Está bien, soy vuestro.

“¡Mierda, mierda, mierda!” susurro para mis adentros, apunto de llorar. Congelo las lágrimas que descendían por mis mejillas y las destrozo, tirando los restos al suelo. Corro todo lo que puedo para llegar antes que el imbécil de Uko, y durante el recorrido no quiero pensar en nada más, solamente en una buena razón que excuse mi tardanza.

Al llegar, la primera persona con la que me encuentro es Crold, que me saluda y dice:

-Cuánto tardabais, pero ¿y Uko, no volvía contigo?

Al oir eso, noté una doble puñalada en el corazón: me recordaba a la discusión de esta tarde y el duro suceso de hace poco.

-No lo he encontrado. Estoy agotada, asique me iré a dormir sin cenar. –le digo caminando hacia las escaleras. Me giro hacia él y le pregunto:

-¿Cómo está Deidre? Por como la vi antes, no parecía estar muy bien ni muy malherida.

-Mi madre y Ogmios están curándola. Cuando la han visto, sus caras expresaban que tardaría en recuperarse de las cicatrices posteriores a sus heridas.

Le dije que se recuperasen ambos y le deseé buenas noches para todos. Subí a nuestro dormitorio y me quité los zapatos con desgana y sin cambiarme la ropa, me arropé con la sabana. Volví a llorar en silencio mientras algunos recuerdos con Deidre y Uko mareaban a mi cabeza. Por suerte, me quedé dormida antes de que alguno de mis compañeros entrase, aunque ya era demasiado tarde: el dolor ya había atravesado  mi débil corazón.

Narra Uko.

“Soy vuestro” eran las dos peores palabras que había dicho en mi vida. Ambar rio malvadamente y me quitó el veneno como había “prometido”. No dije nada más y salí de allí como si el mismísimo diablo me hubiese dejado sin alma.

-¡Eh! ¡No tan deprisa! –me grita el secuaz de Ambar y me lanza algo. Lo cojo, ignorándole y veo que se trata de una cadena con un frasquito oscuro y alargado.-Abrelo y será de tu firma de que eres uno de los nuestros. Y asi hago, sin gana ni queja alguna y vi que el sello del trisquel que tenía tatuado desaparecía como la sangre que se derrama de una herida. Del frasquito sale un hilillo de humo negro y forma una estrella de 5 estrellas que se adhiere a mi piel con el dolor de como si estuviesen haciéndome un tatuaje.

-Ya puedes marcharte. –me ordena la traidora de la mujer blanca. Lo único que hago es lanzarle una mirada llena de odio hacia ella y todo su bando, y me alejo de allí-Me odio a mí mismo, al mundo entero y a la gente de este extraño mundo. Mi cabeza no deja de repetir la misma pregunta “¿Por qué has hecho esto, imbécil?”

Llego a la casa de Ogmios y veo que la luz de la cocina encendida. Me acerco y saludo muy cansado a Ogmios y Catrin, y también por los demás. Deidre estaba muy enferma como para cenar y necesitaba reposo; Sophie estaba agotada, según Crold y este último había cenado un poco de carne  y también se había marchado a dormir. Yo hago lo mismo que los demás, ya que cenar con las personas que me habían ayudado a formarme un poco como mago no ayudaría mucho.

Me pongo el pijama y en vez de dormirme, me pongo a estudiar el día de hoy, porque sé que no podría dormitar aunque hubiese luchado igual que mis amigos, o compañeros. No dejo de culparme, mis amigos han luchado contra bestias terribles, y yo…yo solo me he dejado engatusar por gente engañadora.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Capítulo 25: Un mal presentimiento.


[“-¡Deidre! ¡Deidre! – dije nervioso, temiendo por su vida. No quería perderla, era la única persona que me había tratado y querido tal y como yo era o aunque fuese un lobo, jabalí, u otro animal…
-Por favor, no...
Un silencio ahogador permaneció allí por unos minutos hasta que percibí unos golpecitos en la barra. Era un señor que vestía una clase de armadura cristalina.
-Parece que la quieres mucho, a esa muchachita ¿eh? -dijo burlonamente.
Eso fue como una puñalada para mi corazón. Ignoré mirarle a la cara y le pregunté que si se llamaba Thask. Él asintió y me dijo que si quería salvar a “mi querida doncella” debía de luchar contra él en un duelo de caballeros. “- Crold]


Narrador Externo.

Los dos jóvenes del fuego y tierra marcharon del restaurante destrozado por uno de los súbditos del Capitán Silver a la casa de su anfitrión  para contarle a Catrin lo sucedido allí.

-¿Cuánto tiempo te vas a quedar ahí tumbado, Thask? –preguntó una voz femenina desde la puerta de la cocina. El caballero se levantó y dijo:

-¿Por qué les habéis dejado ganar?

-Ha habido cambios de planes. –le responde la mujer de piel, pelo y vestido blanco con una sonrisa
malvada.
 


-¡Estaba a esto de acabar con ellos! –dice su aliado algo enfadado.

-Caaalmate –le dice la mujer pasando cerca de él y deslizando su mano por la espalda del hombre. –las cosas son más sencillas ahora: en vez de que nosotros tengamos que malgastar nuestras fuerzas con unos críos taaan especiales, dejaremos que uno de ellos lo haga por todos nosotros.

-Vale, pero ¿y si –le corta su secuaz

-¡Eh! ¡Aquí solo hablarás cuando a mí me concierna y te convenga, así que a callar! –le grita la mujer con un tono autoritario. –Además, te recuerdo que aunque seas uno de los más fuertes caballeros de Silver, ahora estás y estarás bajo mis órdenes hasta que él lo diga.

-Mis disculpas, Srta. Ambar. –le dice el caballero de cristal, arrodillándose frente ella.

-Bien, no perdamos más tiempo. Como decía antes, uno de los jóvenes elementales podría acabar con los tres restantes, y ya lo tengo fichado, -dice la malvada de Ambar con una sonrisa pícara. –Bueno, nuestro plan será…

Mientras tanto, en la casa de Ogmios


Narra Catrin.

Ya estaba oscureciendo y mi hijo y la humana no habían aparecido, asique le había pedido a Uko que fuese a buscarlos por la parte del bosque más cercana a Bradford.
En estos momentos, estaba curándole la herida de la rodilla a Sophie, Tardaría cómo mucho una semana en cicatrizar, y al decírselo, noté que estaba algo desanimada.

-¿Qué te pasa? No tienes muy buena cara.

-El dolor de la herida, que es insoportable ¿y los demás?

-Vendrán dentro de poco.

-Ah. –responde mirando hacia la ventana que mostraba el cielo azulado de la noche. Parecía que esperaba que alguno de sus amigos se hubiese quedado con ella, pero no había sido así, Deidre y Crold se habían ido a dar un paseo pensando en que Uko estaría con Sophie, pero parecía que habían discutido. Esa era mi impresión.

-.¿Habéis discutido?

-¿Eh? ¿Quién?

-Tú y Uko. –respondo con duda. Podría estar equivocada.

-Sí, sí. Por una estupidez. –dice, sin darle importancia.

-Lo mejor será que lo arregléis lo más pronto posible, sino os distanciareis y habrá un momento en el que ya no podréis hacer nada…

La joven rubia volvió a asentir y volvió a ver la noche tras el cristal. Pareció ver algo extraño y se levantó con rápidez.

-Creo que voy a ir con los demás. –dice, corriendo con cuidado hacia la planta baja.

-¡Sophie! ¡No te vayas, espera a que vengan! –le ordeno con intención de que no le pasase nada malo, pero fue tarde: ya salía de casa, con un candelabro de luz nocturna y una túnica.

-A estos jóvenes de ahora no se les puede decir nada, nunca sabrás lo que piensan y harán.


Narra Sophie.

No sé si era un sexto sentido que tenía o esa especie de estrella parpadeante que había visto, pero tenía un mal presentimiento. Mientras salía con mucho cuidado para que nadie sospechase quien era tras la capucha de la túnica, rezaba para que a Crold, Uko, y Deidre no les hubiese pasado nada durante el resto del duro día que habíamos tenido. Pude llegar hasta la calle cercana a la muralla que rodeaba la ciudad y vi que estaba bien vigilada con 2 guardias merodeando las calles cercanas a la enorme puerta y un vigilante patrullando en la torre que había sobre la muralla, e imagino que también habría uno al otro lado de la puerta. No tenía mucho tiempo y quería actuar deprisa: alcé al aire un cesto con agua que vi y lo acerqué a los guardias, que estos lo siguieron hasta que lo coqué con una colmena ¿de lagartijas con alas? Por un momento dudé de mi vista, pero al ver que estos “insectos” atacaban sin cesar a los guardias, aproveché para salir de allí y esconderme detrás de unos arbustos. Después de alejarme de allí, me encontré con Crold llevando a mi mejor amiga sobre sus espaldas.

-¡Chicos! –Dije al acercarme a ellos.-¿Qué os ha pasado?

-Es una larga historia, pero tengo que llevar a Deidre a casa de Ogmios para que la curen lo antes posible. –me responde Crold con prisa.

-¿Y Uko? ¿No había venido a buscaros?

-Sí, hace poco he hablado con él y le he dicho lo mismo que a ti. Solo me ha dicho que iría a asegurarse de que no habría más enemigos cerca del lugar dónde habíamos estado.

-Ah vale, no os entretengo más. Voy a buscar a Uko y volveremos lo más pronto posible. –le digo, mientras cojo rumbo hacia un edificio casi destruido que había cerca.

Me pareció ver unas siluetas de unas personas y una poca luz que emanaba de aquel lugar. Escuché unas voces y me pareció que la de Uko estaba entre ellas.

Pero… ¿Qué hacía Uko allí?

lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 24: Un duelo entre caballeros



[“Todo iba bien hasta que escuché una explosión y que varios objetos se rompían al chocar con el suelo. Salí del aseo inmediatamente y lo que mis ojos vieron era inexplicable: todo (o la mayoría) de los objetos de cristal estaban hechos añicos.

-¡Señor Benor! ¡Crold! –grité, esperando alguna respuesta de ellos, pero no sucedió. […]   Me encontré al señor Benor tumbado con algunas manchas de sangre y pequeños trozos de sangre incrustados en su espalda y pecho. […]

 -¿Y Crold? –le grité, levantándome del suelo y volviendo a mi posición de guardía.
-No está aquí.   “-Deidre]


Narra Crold.

Salí a dar un paseo cerca del bosque entre Provency y Bradford, cuando un caballo de ¿cristal? se interpuso en mi camino de regreso hacia el restaurante del señor Benor. Sus ojos de carbón negro expresaban odio y ganas de pelear. El caballo bufó y relinchó, corriendo hacia mí y traté de esquivar su golpe. Frenó en seco y levantó algo de polvo del suelo. Se giró hacia mí y lo intentó de nuevo.  Me desvié de la trayectoria de su ataque y este volvió a girarse hacia mí. Mágicamente, le salieron unos grandes picos de cristal afilado en sus dos patas delanteras y uno en su frente. Volvió a correr, e intenté esquivarlo saltando por encima  de él, estúpidamente, ya que fue en vano: el caballo levantó su cabeza e incrustó la punta de su cuerno en mi tripa y me tiró por los aires. Aterricé en el suelo de espaldas y eso me dolió aún más, pero había tenido una idea en mente. Me levanté y esta vez era yo el que atacaba. Corrí hacia mi enemigo con todas mis fuerzas, sacando las zarpas de mis patas delanteras y esperando el momento oportuno para atacarle duramente. Llegué hasta el caballo  y clavé mis uñas en los conos de sus patas. Lo tenía en el bote. Este se dispuso a darme una cornada directa, pero la esquivé velozmente. Intentaba retroceder, pero se lo impedí, Levanté la cabeza y escupí todo el fuego que tenía acumulado en mi interior gracias al cuarzo transparente, ya descompuesto en los entrenamientos. Sus ojos de carbón quedaron hechos cenizas y derretí parte de su cabeza. El caballo de cristal se quejó y relinchaba con todas sus fuerzas hasta que por fin cayó al suelo, derrotado.

Relajé mi cuerpo hasta que escuché un grito femenino que salía del restaurante. Noté un gélido escalofrío por todo mi cuerpo y me apresuré como una centella a mi destino.
Se notaba un ambiente oscuro y solitario desde la entrada y aquel escalofrío volvió cuando vi que a una chica de pelo negro, tumbada en el suelo boca abajo, con trocitos de cristal calvados en sus manos, brazos y piernas.

-¡Deidre! – grité corriendo hacia ella. Intenté reanimarla lamiendo con cuidado una de sus mejillas y luego una de sus manos. Al fin pareció reaccionar débilmente. Levantó su cabeza y su mirada débil de sus ojos se posó sobre los míos.

-Tienes que salvarte, Thask es mu-muy fuerte… -dijo débilmente.

-¡Deidre! ¡Deidre! – dije nervioso, temiendo por su vida. No quería perderla, era la única persona que me había tratado y querido tal y como yo era o aunque fuese un lobo, jabalí, u otro animal…

-Por favor, no...

Un silencio ahogador permaneció allí por unos minutos hasta que percibí unos golpecitos en la barra. Era un señor que vestía una clase de armadura cristalina.

-Parece que la quieres mucho, a esa muchachita ¿eh? -dijo burlonamente.

Eso fue como una puñalada para mi corazón. Ignoré mirarle a la cara y le pregunté que si se llamaba Thask. Él asintió y me dijo que si quería salvar a “mi querida doncella” debía de luchar contra él en un duelo de caballeros. No me quedó otro remedio que aceptarlo y combatir. Sabía que tendría las de perder, ya que era un lobo y difícil me resultaría luchar sin ninguna arma. Solamente tenía el fuego de mi interior pero sería un arma inofensiva para mi enemigo.
El caballero Thask desfundó su espada y se puso en guardia, esperando a que yo le atacase, pero no me inmuté y me quedé estudiándole con la vista durante unos minutos.

-Vaya, vaya ¿No tienes muchas ganas de empezar, no?

No le respondí y corrí hacia él con la intención de saltar hacia su cara y quemarla, ya que era  la única parte de su cuerpo que estaba desprotegida. Salté y empecé a escupirle fuego cuando este se protegió su enorme espada de cristal, mientras retrocedía unos pasos atrás dejando la misma distancia que había entre nosotros antes. Jadeé y vi que el caballero corría hacia mí con su espada señalándome. Tenía que alejar a Deidre de allí para que no acabasen con ella por un fallo mío, pero tenía que distraer al enemigo para poder realizar la acción anterior. Cogí aire por la boca y escupí bolas de fuego explosivas al suelo. Explotaron y levantaron el humo suficiente para esconder a mi amiga en un lugar seguro y cercano, el baño. La llevé allí y había restos de cristales, traté de fundirlos pero tardaría demasiado, así que me giré y volví a lanzar algunas bolas de humo, que hacían efecto mientras me tragaba los cristales más pequeños para desintegrarlos en mi estómago ardiente y apartaba los más grandes a un lado. Metí con sumo cuidado a Deidre en el aseo arrastrándola y tirando poco a poco de ella por la parte de la espalda de su camiseta, hasta que la acurruqué en la esquina frente a la puerta. ”Tranquila, te salvaré” le susurré y volví al combate.

El caballero Thask estaba apoyado en la pared cercana al aseo, y al verme dijo:

-Cuanto tardabas, pensaba que habíais escapado como unos cobardes.

Mi paciencia y calma ya sobrepasaban mis límites y deseaba que la ira no me descontrolase, Para ello, acumulé todo mi odio y rabia hacia el enemigo en mi interior.
El caballero me atacó con dagas de cristal afilado y retrocedí esquivándolas. A continuación, corrí hacia él como tal cual perro rabioso y le tiré al suelo, arañándole parte de su armadura y dejando que por fin mi ira estallase: todo mi pelaje ardía de fuego, de un fuego tan abrasador que llegaba a derretir la armadura del caballero de Cristal y su dueño no dejaba de gritar de dolor. No quise llegar a matarlo, pero si a que sufriese el mismo daño que habían sufrido mis amigos. Finalmente, pareció quedar inconsciente.

Me alejé de él y volví al lugar donde había dejado a mi amiga, que no parecía haber sufrido ningún otro nuevo daño. Hice un agujero en la ventana del aseo, derritiendo su cristal y llevando a Deidre sobre mis lomos, salimos de aquel lugar destrozado por uno de los innumerables aliados de Morrigan.