sábado, 27 de abril de 2013

Capítulo 16: La misión.


[“Estuvimos caminando alrededor de unas dos horas más hasta que por fin divisamos la ciudad de Bradford. Era una enorme ciudad, donde sus casas estaban construidas sobre una pequeña y no muy elevada montaña, dándole así, una forma de semiesfera. A sus alrededores, se hallaba una gigantesca muralla de piedra cubierta de ramas con hojas, que estas se elevaban y se unían en un mismo punto, en la Éiceloíochta Túr (Torre Ecologica)” –Catrin]


Narra Catrin.

-Bueno, supongo que sabréis la razón por la que estais aquí y por la que habéis venido aquí. ¿O no? – les preguntó Ogmios a los jóvenes. Ellos respondieron con una cara de extrañados y algo nerviosos. Ogmios se quedó unos segundos mirándome, como preguntándome si ellos sabían parte de la historia, a través de su mirada. Le respondí con un si, moviendo mi cabeza hacia arriba y abajo, asintiendo.

-Vuestra canguro, Catrin, os contó sobre Éire, el mundo antiguo y mitológico de la Irlanda actual. Ella os contó el pasado y el presente de nuestro mundo, pero no el futuro y nuestra historia exactamente. –Continuó. Cogió aire y lo expulsó rápidamente. – Como en todas las mitologías del mundo, su principal punto está en los dioses. Bueno, pues la de Irlanda no iba a ser menos. –En ese momento, me di cuenta de que Sophie tragó saliva y el interés de ella y sus amigos aumentó. –La mitología irlandesa/celta se divide, como en todos los demás mitos del mundo, en dos bandos: Los buenos, Tuatha Dé Danann, de la luz y los malos, Fomóre, de la oscuridad. Los Tuatha Dé Danann lucharon contra los Fomóre en la batalla de “Mag Tured” con su rey Nuada, que perdió un brazo y Diancecht, el dios de la medicina, le creó uno de plata y Nuada lleva a sus aliados a la victoria en la 2º batalla. Tras varias batallas más, los Tuatha Dé Danann fueron exiliados al subterráneo en los montes de Sidne por Dagda, el dios-druida y señor de los elementos y conocimiento. Él ayudó en la 2º guerra de “Mag Tured” con sus objetos mágicos: su arpa mágica que toca por si misma aires de lamento, sueño, risa, ect… y su enorme maza, dónde por un extremo podía matar y por el otro, resucitar. Dagda, también era el dios de la vida y muerte, y poseía fuerzas temiblemente malvadas o buenas. Los Tuatha Dé Danann eran las tribus de Dana, la diosa de los dioses y la madre de Dagda. –
Hicimos una pausa de unos cinco minutos para beber agua y descansar un ratito. –Y ahora pasamos a los Fomóre, que son los dioses de la Muerte, del Mal y de la Noche. Eran seres con formas monstruosas, aunque el dios Elatha era rubio y hermoso, Habitaban más allá del océano, en una oscura región, aunque ahora han ocupado gran parte de Éire. Su rey era Balor y la corneja y el cuervo anunciaban su presencia. Antes de que llegaran a aquí, lucharon contra Partholón y tras acabar con él y sus descendientes, los fomorianos ocuparon nuestras tierras. Después, lucharon contra los Nemeds, descendientes de los Tuatha Dé Danann, 4 veces. Ganaron todas, pero después de que se apoderaran de Irlanda, solo pudieron ser derrotados por los últimos Tuatha Dé Danann. Finalmente, cuando por fin habían terminado los años de guerra, siendo los Tuatha Dé Danann los vencedores en la última, Dagda decidió que en caso de que el enemigo volviera a ocupar nuestras tierras, 4 personas recibieran uno de los 4 elementos: aire, agua, tierra y fuego; y  recuperaran su condado correspondiente con su elemento para derrotar a Morrigan, la reina de la muerte, y a sus aliados. Teneis que recuperar vuestro condado correspondiente y obtener los objetos necesarios para La Batalla.

Hubo unos minutos de silencio, aunque solo se escuchaba el sorber del agua al beberla, hasta que Sophie dijo:

-Pero… Catrin nos contó que Uko, Dreidre y yo habíamos nacido de padres importantes- dijo haciendo una señal de comillas con sus manos. –Y que mi abuela, Gráinne había sido una gran guerrera en una de las batallas de los Tuatha Dé Danann contra los Formóre. ¿Eso quiere decir que lo que nos contó era mentira?

Su pregunta no me incomodó y me llamó la atención.

-Humm, chica inteligente. –respondió  Ogmios con tranquilidad, acariciando su blanca barba de la barbilla. –Lo que os contó Catrin es verdad. Lo de tu abuela es verdad, Gráinne era una de las personas que con su gran poder, nos ayudó a derrotar a los enemigos hace unos años. Ahora está en uno de los pueblecitos del condado de Arvach, Northhold.

-Y… ¿Ella sabe que estamos aquí? –le preguntó ahora Dreidre, adelantándose a Sophie, que ella iba a
preguntar lo mismo.

-No, no lo sabe- contesto. –Es lo mejor para todos, si se enterase, os impediría que lucharais y puede que estuviéramos perdidos. Nosotros somos muy mayores para volver a luchar con el mismo poder y energía que hace 15 años más o menos-

-Pero, ¿Cómo es que vosotros sabéis esto y toda la demás Éire no? –preguntó Uko.

Ogmios terminó de beberse su té y dijo:

-Se debe a que yo, soy el espíritu de un dios situado en un cuerpo viviente. –los jóvenes, al escuchar esto, se asombraron. –Soy el dios, que a través de mi magia atraigo a los fieles, en este caso, vosotros. Y os he traído hasta aquí, gracias a Catrin. –dice, sonriéndome. –para que os preparéis antes de comenzar una misión muy arriesgada. Os hospedareis una semana en mi casa, como los clientes que erais según mi asistenta, que veníais a por unas armas que me habíais encargado. Pues bien, entrenareis con estas armas. –termina de hablar y se levanta hacía un armario que estaba situado detrás de él. De este, saca unos trapos envueltos y los desenvuelve encima de la mesa: eran un arco con varias flechas, un báculo, unas garras de metal y una ballesta (una especie de arco diferente).
 

domingo, 21 de abril de 2013

Capítulo 15: Bradford


[“-¡Ataquemos a la vez! –dije. Los tres extendimos nuestros brazos y lanzamos un rayo de nuestro elemento desde las palmas de nuestras manos. Funcionó, pero caímos al suelo, y nos dimos un buen golpe en el culo. Cuando quisimos volver a atacar, el Capitán Silver y Ambar ya habían desaparecido.” –Uko ]


Narra Catrin.

La batalla había finalizado y descansamos al aire libre en unos metros más hacia delante, protegidos por una burbuja transparente formada por mi poder. Los humanos durmieron tarde e inseguros, mientras yo me hallaba pensativa frente al fuego de luz verde. Había gastado gran parte de mis poderes en curar a Crold y los demás jóvenes, así que me quedé reposando despierta por la noche, pensando sobre varias cosas. “En estos momentos, estamos en desventaja,  Morrigan y sus aliados saben de la existencia de los humanos e intentarán aniquilarlos por los poderes de los dioses celtas” Este pensamiento me comía la cabeza, pero tenía que idear algún plan para protegerles. Lo más sensato que se me ocurrió fue que mi gran y viejo amigo  Ogmios nos contase lo que sucederá en las siguientes semanas y que nos explicase nuestro objetivo para salvar nuestro mundo y el mundo de los humanos. Yo ya suponía lo que va a pasar, pero los jóvenes se sentirían más seguros si alguien con muchos años de experiencia y vividos en la historia de Éire se lo contase.
 
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Andábamos por un camino lleno de rocas y pedruscos y Sophie y Dreidre tenían que apoyarse entre ellas mientras que Uko les decía que cómo podían desequilibrarse en este terreno tan corriente en algunos bosques.

-Será porque tú has andado por estos suelos más veces que nosotras, persona de campo. –le dice Sophie, contestándole sin gracia.

-Bueno chicos ya está, no quiero que os paséis toda la mañana discutiendo como niños pequeños. Se supone que ya sois maduros. –Digo seriamente,  a veces, de tanto escuchar quejas y contestaciones de los hijos o adolescentes, me mareaba y hacía que me sintiese mal psicológicamente.

Ellos asintieron y me sonrieron. Delante de nosotros, caminaban Dreidre y Crold. Estaban hablando del tiempo diferente en su mundo y en el nuestro, Observé que cada vez que Crold hablaba, la joven de pelo oscuro le escuchaba atentamente y tras terminar, ella daba su opinión. “Serán buenos amigos” pensé.

Estuvimos caminando alrededor de unas dos horas más hasta que por fin divisamos la ciudad de Bradford. Era una enorme ciudad, donde sus casas estaban construidas sobre una pequeña y no muy elevada montaña, dándole así, una forma de semiesfera. A sus alrededores, se hallaba una gigantesca muralla de piedra cubierta de ramas con hojas, que estas se elevaban y se unían en un mismo punto, en la Éiceloíochta Túr (Torre Ecologica).

-! Ya estamos llegando! –dijo Sophie, esbozando una sonrisa.

-Las vistas desde aquí son maravillosas. –añadió Dreidre, quedándose contemplando el maravilloso paisaje que nos mostraba la naturaleza.

Descansamos un rato largo, para coger fuerzas antes de que llegásemos por fin. Terminamos y retomamos el camino. Tras caminar por unas altas y bajas cuestas seguidas, nos encontramos frente la puerta de la muralla. El guardia nos vio y nos dejó entrar. Si la capital era sorprendente por fuera, también lo era por dentro. La ciudad tenía cuatro anchas calles que se unían en la torre ecológica, en el centro de Bradford, y cada casa tenía su propio jardín. Saqué del bolsillo de mi abrigo un papel y lo abrí, era la dirección de la casa de Ogmios: “Calle Este, casa número 14 (lado derecho)”. Según el arco de orientación de la Torre, estábamos en la Calle Norte, asique tendríamos que girar a la derecha cuando llegásemos al centro de la ciudad, y eso hicimos.  Por lo que aparentaba esa calle, era la parte más vieja de todo Dokumb y de Bradford. No esque fuera pobre, sino que en esta calle se encontraba la gente más mayor. Recorrimos toda la calle hasta llegar al final y llamamos a la puerta de la casona 14.

-¿Ogmios? –pregunté, mientras daba golpecitos a la puerta de madera barnizada. Alguien la abrió y nos recibió-

-Ah, son ustedes, los que nos habían encargado las armas para la escuela de sus chicos, pasen, por favor.- nos dijo una mujer joven que vestía un delantal verde y una diadema del mismo color, sería una asistenta. Asentimos, extrañados por lo que nos había dicho. La mujer nos llevó hacia el jardín del patio y llamó a la puertita verde.
 

-Señor Ogmios, ya han llegado sus clientes.

-Bien, hágales pasar-respondió tranquilamente.- Ahora, por favor, Marian, puede irse tranquila a hacer la compra, tiene todo el tiempo del mundo, y no se preocupe, aun se cuidarme, y además no creo que estos simpáticos jovenzuelos vayan a hacerme daño.

La asistenta asintió y se despidió de nosotros y se marchó. Ogmios nos hizo pasar a su parcela de jardín.

-Cuánto tiempo, Catrin. Hacía muchos años que no te veía, desde…

-Sí, desde…- dije dando un suspiro triste.

-Bueno, no recordemos ese momento histórico por ahora. Veo que estos son aquellos humanos de los que te referiste en la carta que me escribiste. –dijo acercándose a Uko, Dreidre y Sophie. Ogmios no había cambiado desde la última vez que nos luchamos juntos en la guerra de los Tuatha Dé Danann contra los Fómore. Su forma de pensar, sus modales de caballero, su forma de razonar… Ahora era un anciano de piel marrón y arrugada, más bajo y vestido con su túnica de piel de León.

-¿Una carta? pero ¿cuándo...? -preguntó Crold, extrañado.

-El día en el que os fuisteis a ver Provency, aproveché para mandarla sin que os enteraseis, para no preocuparos ni poneros nerviosos.-le contesté a mi hijo. -Y este es mi hijo, Crold. Fue envenenado por un lobo, pero así pudo obtener los poderes del fuego. -le dije a Ogmios.

Los jóvenes y el lobo de fuego se presentaron y nos sentamos en la mesa de cristal y metal.
-Bueno, supongo que sabréis la razón por la que estais aquí y por la que habéis venido aquí. ¿O no? –preguntó Ogmios.

sábado, 13 de abril de 2013

Cápitulo 14: Un nuevo enemigo


[“Pasaron unos minutos y Ambar le dijo algo al lobo: -Nos has fallado, asi que este será tu castigo, morir… El Capitán Silver ya te dio una oportunidad y tú la desperdiciaste, asi que es hora de que te vayas al otro mundo. –gruñó y se lanzó contra el débil lobo. Las escenas siguientes fueron muy sangrientas, pero lo que pude ver era que Ambar había matado al lobo blanco enemigo, y era uno más del enemigo.” –Dreidre]


Narra Uko.

Hacían ya como unos 30 minutos en los que Dreidre se había marchado al bosque.

-Cuánto tarda esta chica. –dice Sophie.

-Creo que lo mejor será que recojamos ya y partamos a Bradford, pero antes avisemos a vuestra amiga y a mi hijo. –nos dijo Catrin, limpiándose las manos con la falda del delantal y quitándoselo después.

Terminamos de recoger la mesa y salimos de casa. Sophie vio unas pisadas en el suelo, y las continuamos. Fuimos despacio y silenciosamente, sin hablar en voz alta, y entramos en el verdoso bosque que estaba cerca de la casa de Crold y Catrin. Esperaba que nuestros amigos no se encontrasen en problemas, y que pudiéramos acabar ya el comienzo de esto. Nos habíamos introducido bastante en el centro del bosque y parecía que nos habíamos perdido. Sophie y yo pusimos una cara de preocupación, y Catrin nos dijo que nos dejásemos guiar por los sonidos. Nos quedamos callados los tres durante unos cinco minutos y pusimos toda nuestra atención a los sonidos de la naturaleza, si Dreidre estuviera aquí, seguro que los habría entendido y traducido.

-Lo único que puedo entender del mensaje del viento es que nos dirijamos hacia la derecha y luego, todo recto sigilosamente. –comenta Sophie.

-Iba a decir lo mismo, pero veo que tus poderes han aumentado. –le dijo Catrin, esbozando una sonrisa. –Pero lo único que os pido ahora, es que seamos muy serios y prudentes, no sabemos lo que nos vamos a encontrar por este camino y lo más importante, manteneros alerta, tened todos vuestros sentidos y los míos muy abiertos y si tenéis que usar los poderes, usadlos, pero antes de atacar, pensad. En todo esto que os he dicho, me incluyo yo, no me voy a separar de vosotros, ni vosotros de mí, espero.

Di un largo suspiro, por un momento, creía que nos iba a dejar solos por nuestra cuenta y nos iba a decir que nos buscásemos la vida, luchando. Si soy sincero, a  veces tengo un poco de miedo, miedo de que aquí me traten, o nos traten como me trataban a mí cuando vivía con mi tío, pero prefiero olvidarme de ese pasado de una vez por todas. Si la madre de Crold  no estuviera, no sé qué seríamos de nosotros en estos momentos. Fuimos por el camino correspondiente y de repente oímos un grito.

-¡Dreidre! –dijimos los tres al unísono. Corrimos  hasta encontrarnos con dos caminos divididos.

-¿Qué hacemos ahora? ¡No hay tiempo que perder! –exclamó Sophie, deteniéndose y respirando fuertemente.

-¡Vayamos por la izquierda! –dice Catrin, señalando el camino correspondiente. Comenzamos a correr de nuevo intentando hacer el menor ruido posible, hasta que nos acercamos a la zona de dónde provenía el grito de nuestra amiga. Frente a nosotros se encontraban un chico agarrando a una chica por la espalda y dos lobos. Nos acercamos aún más, hasta que nos escondimos detrás de los troncos de unos árboles próximos.

-Cuánto tardan en venir tus amiguitos, ¿verdad? –le dijo el chico joven de pelo gris a la chica, estrujándola aún más y haciendo que esta gimiera de dolor.

-¡Suéltala ya mismo! –gritó el lobo rojo. No dudé en que sería Crold.

-Já, como si fuera tan fácil. –le contestó el chico, estirando su brazo y apuntando su mano hacia él, lanzándole un conjuro de parálisis.

-¡Crold! –dijo Catrin, saliendo de su escondite. Le hice una seña a Sophie y ambos fuimos con nuestra canguro. No nos separamos de ella.

-Vaya, por fin, ya me estaba aburriendo. –dice el joven, soltando a Dreidre. –Mi nombre es Silver, Capitán Silver.

-¡No nos hace falta saber tu nombre, maldito! –le contradijo Sophie, ayudando a Dreidre a recuperarse. -¿Estas bien?

-Sí, A-Ambar nos ha traicionado…- le respondió, casi sin aire. Vi que Sophie la tumbó en el suelo, y con su poder del viento, hizo que Dreidre se recuperase ya definitivamente. Ambas se levantaron y nos quedamos juntos, mientras Catrin intentaba curar a su hijo de la parálisis.  También observamos que Ambar, la loba que nos había traicionado, se hallaba sin inmutar un paso o movimiento alguno hacia nosotros.

-Bueno, no desperdiciemos más tiempo.- dijo Silver con una sonrisa sarcástica y apretándose los nudillos de las manos. Extendió sus brazos hacia nosotros, y rápidamente, separando los dedos de sus manos, nos lanzó un rayo oscuro, que por suerte pudimos esquivarlo. Nosotros respondimos atacándole con nuestros poderes a toda potencia, que malditamente, nuestro enemigo pudo esquivar. Nos respondió con su mismo ataque y nosotros de diferente manera: Sophie le lanzó una ventisca y yo un potente rayo de agua. Esto congeló sus pies y le bloqueó. Dreidre lanzó su ataque, unas gruesas y grandes zarzas rodearon al Capitán Silver y le estrujaron tan fuerte como hizo él con ella. Pero el joven enemigo pudo librarse, y nos atrapó en una esfera morada a los tres.

-¡Ataquemos a la vez! –dije. Los tres extendimos nuestros brazos y lanzamos un rayo de nuestro elemento desde las palmas de nuestras manos. Funcionó, pero caímos al suelo, y nos dimos un buen golpe en el culo. Cuando quisimos volver a atacar, el Capitán Silver y Ambar ya habían desaparecido,

-¿Estáis todos bien? –nos preguntó Catrin. Nosotros asentimos. –Hoy vamos a dormir aquí, será como una acampada.

-Pe-pero ¿Y si nos vuelven a atacar? –preguntó Crold, que ya parecía encontrarse mejor.

-Tranquilos, estaremos protegidos por una esfera invisible.

Todos asentimos y nos preparamos la acampada. Si queríamos llegar bien a Bradford, teníamos que reponernos de las heridas del combate.


                                           Silver.

sábado, 6 de abril de 2013

Cápitulo 13: ¿Enamorada y Traicionados?


[“Los adolescentes y yo nos acercamos hacia Crold y el otro lobo. Mi hijo se nos acercó, e igual que nosotros, estudió al lobo con la mirada. Crold iba a abrir la boca, pero el extraño se percató de la intención del lobo del fuego y contestó:
-Soy Ambar, soy un lobo, pero en realidad soy una ciudadana de Northold, en Arvach. Fui hechizada por un mago muy poderoso, cuando estaban destrozando mi ciudad, y ahora soy un lobo. –mientras lo contaba, un brillo morado brotaba de sus vistosos ojos. Expresaban nostalgia.” –Catrin]


Narra Dreidre.

Después de cenar, cogí la ropa prestada de la madre de Crold de encima de la cama donde dormiría y fui al baño a ducharme. Necesitaba relajarme un poco. La pelea contra el enemigo y la extraña aparición de Ambar me habían agotado, aparte de… ese extraño sentimiento que aterrizó en mi cuerpo. Celos, supongo. Abro el agua del grifo de la ducha hasta que veo que está a una temperatura cómoda para mi cuerpo, y levanto el tapón superior al grifo para que el agua saliese por el cabezal de la ducha. El agua caliente corría por mi espalda, e hizo que me sentara mejor. Volví a pensar en lo de antes: ¿Era celos lo que sentía? La verdad es que dudaba, pero el dolor inexplicable de mi corazón parecía demostrármelo. Un pensamiento se me cruzó por la cabeza “¿E-estaré enamorada?” pero al segundo siguiente intenté quitarle importancia y olvidarme, pero no podía, mi corazón y mi cabeza parecían afirmarlo. Salí de la ducha y cogí uno de los albornoces que estaban colgados en un estrecho armario que había al lado de la encimera con el lavabo. Había tres: verde, azul y rojo. Pasé mi mano por la textura de cada uno y sin pensármelo, cogí el albornoz rojo. Me recordó a Crold. Mis pensamientos parecían actuar de otra forma, y sin pensármelo, me golpeé la cabeza con la mano, así el dolor desconcentraría un poco a mi mente. Me senté en la tapa del váter y comencé a vestirme. Por culpa del dolor que producían esos extraños sentimientos de mi corazón y cerebro, tardé más de lo habitual.

-¿Hay alguien? –dijeron detrás de la puerta, golpeándola suavemente. Eso hizo que me despertase del embobamiento que estaba teniendo al mirar fijamente un cuadro del baño, era de unos jarrones blancos con unas amapolas rojas.

-Sí, estoy yo, Deirdre. –respondí. –Ya acabo. Salí del baño y me encuentro con Sophie.

-¡Cuánto tardabas! ¿Te había absorbido del desagüe de la bañera? –dice bromeando.

-Jajaja, no.- digo con una mini sonrisita. –Siento haber tardado tanto, estaba relajándome de toda esta tarde que hemos tenido.

-Bien hecho, ¿estas mejor ahora, que antes?

-Sí. –respondo poniendo mi mano derecha en mi tripa. “Puede”  Dejo pasar a mi amiga y le deseo unas buenas noches, como a Uko también, que estaba sentado en su litera leyendo un libro prestado de Catrin. Me meto en mi cama y me acurruco mientras cierro los ojos y dejo volar la imaginación de mi testaruda cabeza.


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Un olor a dulce llegó hasta nuestra habitación e hizo que todos nos despertásemos.

-Mmm No sé a qué huele pero debe de ser delicioso. –dijo Uko cerrando los ojos y dejándose llevar por ese exquisito olor.

-A lo mejor son tortitas. –comento.

-Si, en el internado todo era muy escaso y soso -dice Sophie, poniéndose sus leggins negros del día anterior.

Ya estábamos terminando de bajar de las escaleras, cuando vimos que un pequeño humo salía de la cocina. Sophie deshizo el humo con su poder del aire y pudimos ver lo que sucedía: al parecer, los dulces que estaba cocinando Catrin se les había quemado, no todos pero unos pocos.

-Oh, buenos días chicos, pasad y sentaros en la mesa, el desayuno estará listo en cuanto acabe con estas dos últimas torrijas. –nos dijo mientras giraba una torrija con su espátula para que se friese su lado restante. Eso hicimos.

-¿Qué era ese humo? –pregunté, aunque supuse la respuesta. -¿Se le habían quemado algunas torrijas?

-Si. –nos respondió, dejándonos en la mesa un vaso de cacao para cada uno y su acompañante, un zumo de mora. Estaban deliciosos, nunca había tomado un zumo de mora ni leche con cacao juntos. Catrin nos entregó las torrijas en unos platitos de color plateado y las probamos. Más rico no podía estar este enorme desayuno.

-Este desayuno está suculentamente rico. –dijo Uko, mientras se limpiaba los labios con la servilleta.

–Por cierto, ¿Dónde está Crold?

No se si fue por haberme tragado un trozo muy grande de mi torrija o por escuchar su nombre, pero empecé a dar pequeños tosidos sin control, que casi escupo el último trozo de torrija que me había comido.

-¿Estas bien? –me preguntó Sophie dándome unas palmaditas en la espalda y ofreciéndome un vaso de agua.

-S-si, no es nada. No os preocupéis. –digo, antes de dar sorbitos al agua del vaso.

-Ahora que lo decís, se fue a dar una vuelta por el bosque y a hacerme un recado.

Automáticamente me imaginé cual sería ese recado. Me levanté de la mesa y dije:

-Yo-yo... Necesito salir a que me dé un poco el aire.

Salí corriendo de la casona y me paré en seco. Frente a mí se encontraba el bosque y no sabía por dónde empezar en ese verdoso laberinto. Me agaché y puse mis manos sobre la hierba, separando mis dedos. “Tierra, indícame por donde fueron las pisadas del lobo rojizo, por favor” Sé que sería una estupidez pero tenía que tener la esperanza de encontrarle, y el hechizo funcionó. Me levanté y seguí a las pisadas que fueron apareciendo poco. Llegué hasta un punto donde vi que esas huellas se juntaban con otras dos más. Corrí lo más rápido posible hasta que escuché unas voces. Me acerqué hasta esconderme detrás de un árbol con unos arbustos. Eran Ambar y Crold luchando contra el lobo blanco.

-Será mejor que vuelvas a casa ya, estarán preocupados por ti.

-Sí, pero…

-Tranquilo, puedo yo con esto. –dijo Ambar, lanzándose contra el lobo blanco. Crold asintió y se marchó. Pasaron unos minutos y Ambar le dijo algo al lobo: -Nos has fallado, asi que este será tu castigo, morir… El Capitán Silver ya te dio una oportunidad y tú la desperdiciaste, asi que es hora de que te vayas al otro mundo. –gruñó y se lanzó contra el débil lobo. Las escenas siguientes fueron muy sangrientas, pero lo que pude ver era que Ambar había matado al lobo blanco enemigo, y era uno más del enemigo.
Iba a correr para advertirle a Crold, pero escuché el ruido de unas ruedas y animales acercarse al lugar donde estaba. Era un campesino con su carreta y bueyes. Parecía joven, al juzgar por su altura y color de ojos (morado) y pelo (plata). Pensé que la traidora de Ambar, si se quiere decir así, iba a atacarle y este huiría, pero no, no ocurrió lo que esperase que pasara, sino todo lo contrario: el joven campesino se acercó al lobo fallecido y murmuró algo de que era un inútil.

-Uno de ellos está aquí, en el bosque. El único sitio débil para él, Capitán Silver. –dijo Ambar.

-Bien, ya va siendo hora de que acabemos con esto.

Crold estaba en peligro y tenía que avisarle antes de que le hicieran algo o sino…