domingo, 21 de abril de 2013

Capítulo 15: Bradford


[“-¡Ataquemos a la vez! –dije. Los tres extendimos nuestros brazos y lanzamos un rayo de nuestro elemento desde las palmas de nuestras manos. Funcionó, pero caímos al suelo, y nos dimos un buen golpe en el culo. Cuando quisimos volver a atacar, el Capitán Silver y Ambar ya habían desaparecido.” –Uko ]


Narra Catrin.

La batalla había finalizado y descansamos al aire libre en unos metros más hacia delante, protegidos por una burbuja transparente formada por mi poder. Los humanos durmieron tarde e inseguros, mientras yo me hallaba pensativa frente al fuego de luz verde. Había gastado gran parte de mis poderes en curar a Crold y los demás jóvenes, así que me quedé reposando despierta por la noche, pensando sobre varias cosas. “En estos momentos, estamos en desventaja,  Morrigan y sus aliados saben de la existencia de los humanos e intentarán aniquilarlos por los poderes de los dioses celtas” Este pensamiento me comía la cabeza, pero tenía que idear algún plan para protegerles. Lo más sensato que se me ocurrió fue que mi gran y viejo amigo  Ogmios nos contase lo que sucederá en las siguientes semanas y que nos explicase nuestro objetivo para salvar nuestro mundo y el mundo de los humanos. Yo ya suponía lo que va a pasar, pero los jóvenes se sentirían más seguros si alguien con muchos años de experiencia y vividos en la historia de Éire se lo contase.
 
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Andábamos por un camino lleno de rocas y pedruscos y Sophie y Dreidre tenían que apoyarse entre ellas mientras que Uko les decía que cómo podían desequilibrarse en este terreno tan corriente en algunos bosques.

-Será porque tú has andado por estos suelos más veces que nosotras, persona de campo. –le dice Sophie, contestándole sin gracia.

-Bueno chicos ya está, no quiero que os paséis toda la mañana discutiendo como niños pequeños. Se supone que ya sois maduros. –Digo seriamente,  a veces, de tanto escuchar quejas y contestaciones de los hijos o adolescentes, me mareaba y hacía que me sintiese mal psicológicamente.

Ellos asintieron y me sonrieron. Delante de nosotros, caminaban Dreidre y Crold. Estaban hablando del tiempo diferente en su mundo y en el nuestro, Observé que cada vez que Crold hablaba, la joven de pelo oscuro le escuchaba atentamente y tras terminar, ella daba su opinión. “Serán buenos amigos” pensé.

Estuvimos caminando alrededor de unas dos horas más hasta que por fin divisamos la ciudad de Bradford. Era una enorme ciudad, donde sus casas estaban construidas sobre una pequeña y no muy elevada montaña, dándole así, una forma de semiesfera. A sus alrededores, se hallaba una gigantesca muralla de piedra cubierta de ramas con hojas, que estas se elevaban y se unían en un mismo punto, en la Éiceloíochta Túr (Torre Ecologica).

-! Ya estamos llegando! –dijo Sophie, esbozando una sonrisa.

-Las vistas desde aquí son maravillosas. –añadió Dreidre, quedándose contemplando el maravilloso paisaje que nos mostraba la naturaleza.

Descansamos un rato largo, para coger fuerzas antes de que llegásemos por fin. Terminamos y retomamos el camino. Tras caminar por unas altas y bajas cuestas seguidas, nos encontramos frente la puerta de la muralla. El guardia nos vio y nos dejó entrar. Si la capital era sorprendente por fuera, también lo era por dentro. La ciudad tenía cuatro anchas calles que se unían en la torre ecológica, en el centro de Bradford, y cada casa tenía su propio jardín. Saqué del bolsillo de mi abrigo un papel y lo abrí, era la dirección de la casa de Ogmios: “Calle Este, casa número 14 (lado derecho)”. Según el arco de orientación de la Torre, estábamos en la Calle Norte, asique tendríamos que girar a la derecha cuando llegásemos al centro de la ciudad, y eso hicimos.  Por lo que aparentaba esa calle, era la parte más vieja de todo Dokumb y de Bradford. No esque fuera pobre, sino que en esta calle se encontraba la gente más mayor. Recorrimos toda la calle hasta llegar al final y llamamos a la puerta de la casona 14.

-¿Ogmios? –pregunté, mientras daba golpecitos a la puerta de madera barnizada. Alguien la abrió y nos recibió-

-Ah, son ustedes, los que nos habían encargado las armas para la escuela de sus chicos, pasen, por favor.- nos dijo una mujer joven que vestía un delantal verde y una diadema del mismo color, sería una asistenta. Asentimos, extrañados por lo que nos había dicho. La mujer nos llevó hacia el jardín del patio y llamó a la puertita verde.
 

-Señor Ogmios, ya han llegado sus clientes.

-Bien, hágales pasar-respondió tranquilamente.- Ahora, por favor, Marian, puede irse tranquila a hacer la compra, tiene todo el tiempo del mundo, y no se preocupe, aun se cuidarme, y además no creo que estos simpáticos jovenzuelos vayan a hacerme daño.

La asistenta asintió y se despidió de nosotros y se marchó. Ogmios nos hizo pasar a su parcela de jardín.

-Cuánto tiempo, Catrin. Hacía muchos años que no te veía, desde…

-Sí, desde…- dije dando un suspiro triste.

-Bueno, no recordemos ese momento histórico por ahora. Veo que estos son aquellos humanos de los que te referiste en la carta que me escribiste. –dijo acercándose a Uko, Dreidre y Sophie. Ogmios no había cambiado desde la última vez que nos luchamos juntos en la guerra de los Tuatha Dé Danann contra los Fómore. Su forma de pensar, sus modales de caballero, su forma de razonar… Ahora era un anciano de piel marrón y arrugada, más bajo y vestido con su túnica de piel de León.

-¿Una carta? pero ¿cuándo...? -preguntó Crold, extrañado.

-El día en el que os fuisteis a ver Provency, aproveché para mandarla sin que os enteraseis, para no preocuparos ni poneros nerviosos.-le contesté a mi hijo. -Y este es mi hijo, Crold. Fue envenenado por un lobo, pero así pudo obtener los poderes del fuego. -le dije a Ogmios.

Los jóvenes y el lobo de fuego se presentaron y nos sentamos en la mesa de cristal y metal.
-Bueno, supongo que sabréis la razón por la que estais aquí y por la que habéis venido aquí. ¿O no? –preguntó Ogmios.

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