sábado, 6 de abril de 2013
Cápitulo 13: ¿Enamorada y Traicionados?
[“Los adolescentes y yo nos acercamos hacia Crold y el otro lobo. Mi hijo se nos acercó, e igual que nosotros, estudió al lobo con la mirada. Crold iba a abrir la boca, pero el extraño se percató de la intención del lobo del fuego y contestó:
-Soy Ambar, soy un lobo, pero en realidad soy una ciudadana de Northold, en Arvach. Fui hechizada por un mago muy poderoso, cuando estaban destrozando mi ciudad, y ahora soy un lobo. –mientras lo contaba, un brillo morado brotaba de sus vistosos ojos. Expresaban nostalgia.” –Catrin]
Narra Dreidre.
Después de cenar, cogí la ropa prestada de la madre de Crold de encima de la cama donde dormiría y fui al baño a ducharme. Necesitaba relajarme un poco. La pelea contra el enemigo y la extraña aparición de Ambar me habían agotado, aparte de… ese extraño sentimiento que aterrizó en mi cuerpo. Celos, supongo. Abro el agua del grifo de la ducha hasta que veo que está a una temperatura cómoda para mi cuerpo, y levanto el tapón superior al grifo para que el agua saliese por el cabezal de la ducha. El agua caliente corría por mi espalda, e hizo que me sentara mejor. Volví a pensar en lo de antes: ¿Era celos lo que sentía? La verdad es que dudaba, pero el dolor inexplicable de mi corazón parecía demostrármelo. Un pensamiento se me cruzó por la cabeza “¿E-estaré enamorada?” pero al segundo siguiente intenté quitarle importancia y olvidarme, pero no podía, mi corazón y mi cabeza parecían afirmarlo. Salí de la ducha y cogí uno de los albornoces que estaban colgados en un estrecho armario que había al lado de la encimera con el lavabo. Había tres: verde, azul y rojo. Pasé mi mano por la textura de cada uno y sin pensármelo, cogí el albornoz rojo. Me recordó a Crold. Mis pensamientos parecían actuar de otra forma, y sin pensármelo, me golpeé la cabeza con la mano, así el dolor desconcentraría un poco a mi mente. Me senté en la tapa del váter y comencé a vestirme. Por culpa del dolor que producían esos extraños sentimientos de mi corazón y cerebro, tardé más de lo habitual.
-¿Hay alguien? –dijeron detrás de la puerta, golpeándola suavemente. Eso hizo que me despertase del embobamiento que estaba teniendo al mirar fijamente un cuadro del baño, era de unos jarrones blancos con unas amapolas rojas.
-Sí, estoy yo, Deirdre. –respondí. –Ya acabo. Salí del baño y me encuentro con Sophie.
-¡Cuánto tardabas! ¿Te había absorbido del desagüe de la bañera? –dice bromeando.
-Jajaja, no.- digo con una mini sonrisita. –Siento haber tardado tanto, estaba relajándome de toda esta tarde que hemos tenido.
-Bien hecho, ¿estas mejor ahora, que antes?
-Sí. –respondo poniendo mi mano derecha en mi tripa. “Puede” Dejo pasar a mi amiga y le deseo unas buenas noches, como a Uko también, que estaba sentado en su litera leyendo un libro prestado de Catrin. Me meto en mi cama y me acurruco mientras cierro los ojos y dejo volar la imaginación de mi testaruda cabeza.
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Un olor a dulce llegó hasta nuestra habitación e hizo que todos nos despertásemos.
-Mmm No sé a qué huele pero debe de ser delicioso. –dijo Uko cerrando los ojos y dejándose llevar por ese exquisito olor.
-A lo mejor son tortitas. –comento.
-Si, en el internado todo era muy escaso y soso -dice Sophie, poniéndose sus leggins negros del día anterior.
Ya estábamos terminando de bajar de las escaleras, cuando vimos que un pequeño humo salía de la cocina. Sophie deshizo el humo con su poder del aire y pudimos ver lo que sucedía: al parecer, los dulces que estaba cocinando Catrin se les había quemado, no todos pero unos pocos.
-Oh, buenos días chicos, pasad y sentaros en la mesa, el desayuno estará listo en cuanto acabe con estas dos últimas torrijas. –nos dijo mientras giraba una torrija con su espátula para que se friese su lado restante. Eso hicimos.
-¿Qué era ese humo? –pregunté, aunque supuse la respuesta. -¿Se le habían quemado algunas torrijas?
-Si. –nos respondió, dejándonos en la mesa un vaso de cacao para cada uno y su acompañante, un zumo de mora. Estaban deliciosos, nunca había tomado un zumo de mora ni leche con cacao juntos. Catrin nos entregó las torrijas en unos platitos de color plateado y las probamos. Más rico no podía estar este enorme desayuno.
-Este desayuno está suculentamente rico. –dijo Uko, mientras se limpiaba los labios con la servilleta.
–Por cierto, ¿Dónde está Crold?
No se si fue por haberme tragado un trozo muy grande de mi torrija o por escuchar su nombre, pero empecé a dar pequeños tosidos sin control, que casi escupo el último trozo de torrija que me había comido.
-¿Estas bien? –me preguntó Sophie dándome unas palmaditas en la espalda y ofreciéndome un vaso de agua.
-S-si, no es nada. No os preocupéis. –digo, antes de dar sorbitos al agua del vaso.
-Ahora que lo decís, se fue a dar una vuelta por el bosque y a hacerme un recado.
Automáticamente me imaginé cual sería ese recado. Me levanté de la mesa y dije:
-Yo-yo... Necesito salir a que me dé un poco el aire.
Salí corriendo de la casona y me paré en seco. Frente a mí se encontraba el bosque y no sabía por dónde empezar en ese verdoso laberinto. Me agaché y puse mis manos sobre la hierba, separando mis dedos. “Tierra, indícame por donde fueron las pisadas del lobo rojizo, por favor” Sé que sería una estupidez pero tenía que tener la esperanza de encontrarle, y el hechizo funcionó. Me levanté y seguí a las pisadas que fueron apareciendo poco. Llegué hasta un punto donde vi que esas huellas se juntaban con otras dos más. Corrí lo más rápido posible hasta que escuché unas voces. Me acerqué hasta esconderme detrás de un árbol con unos arbustos. Eran Ambar y Crold luchando contra el lobo blanco.
-Será mejor que vuelvas a casa ya, estarán preocupados por ti.
-Sí, pero…
-Tranquilo, puedo yo con esto. –dijo Ambar, lanzándose contra el lobo blanco. Crold asintió y se marchó. Pasaron unos minutos y Ambar le dijo algo al lobo: -Nos has fallado, asi que este será tu castigo, morir… El Capitán Silver ya te dio una oportunidad y tú la desperdiciaste, asi que es hora de que te vayas al otro mundo. –gruñó y se lanzó contra el débil lobo. Las escenas siguientes fueron muy sangrientas, pero lo que pude ver era que Ambar había matado al lobo blanco enemigo, y era uno más del enemigo.
Iba a correr para advertirle a Crold, pero escuché el ruido de unas ruedas y animales acercarse al lugar donde estaba. Era un campesino con su carreta y bueyes. Parecía joven, al juzgar por su altura y color de ojos (morado) y pelo (plata). Pensé que la traidora de Ambar, si se quiere decir así, iba a atacarle y este huiría, pero no, no ocurrió lo que esperase que pasara, sino todo lo contrario: el joven campesino se acercó al lobo fallecido y murmuró algo de que era un inútil.
-Uno de ellos está aquí, en el bosque. El único sitio débil para él, Capitán Silver. –dijo Ambar.
-Bien, ya va siendo hora de que acabemos con esto.
Crold estaba en peligro y tenía que avisarle antes de que le hicieran algo o sino…
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