[“Cogí el mineral transparente con mi mandíbula y la apreté fuertemente, pero fue inútil, hasta que… me tragué el cuarzo. No tuve más remedio que hacer que entrase en mi estómago si no quería que me ahogase. Cerré los ojos y acumulé toda mi energía mágica en el centro del mineral, para que se deshiciese en trocitos calcinados por el fuego. Lo logré: dentro de mí tripa noté como una explosión de los trozos del cuarzo quemados, aunque estos fueron como una delicia para mí. Le conté lo sucedido al agricultor, que este estaba pensando en otras formas de destrozar la piedra preciosa, y volvimos a la aldea.” –Crold]
Narra Catrin.
Ya habían pasado 3 horas desde que los jóvenes novatos habían empezado su primer entrenamiento. Ogmios y yo esperábamos pacientemente, pero empezaba a ponerme nerviosa. Aunque tenía que mostrarme y ser fuerte, ya que mi viejo amigo y yo éramos e íbamos a ser a partir de los siguientes días, unos importantes ejemplos para estos jóvenes provenientes de la Tierra.
-¿Sucede algo?
-¿Eh? No, no…
-Venga, no intentes ocultarlo más, se que estás preocupada por los chicos ¿No quieres que ocurra lo que pasó en nuestros años de juventud, la traición de Slak, no?
Eso me pilló por sorpresa. Sabía que Ogmios era como una caja de sorpresas, siempre aprendía e investigaba cosas nuevas, y en estos momentos supuse que habría aprendido alguna habilidad de los pensamientos.
-Es tu rostro quien me lo ha dicho. Tus ojos mostraban tus nervios escondidos.
-Has estado en lo correcto. Sí, es por eso. Slak fue el único que tardó más en volver, y cuando volvió, parecía estar sin alma.
-Sí, lo recuerdo. No hace falta que volvamos a hablar de él, ni mucho menos delante de los adolescentes. Llegarían a dudar sobre ellos mismos.
-Si, en eso estoy de acuerdo, pero ojalá lleguen sanos y salvos…
-Catrin, Catrin –dijo Ogmios con un suspiro y una voz algo graciosilla –Te preocupas demasiado por la gente, y deberías de quitarte un poco de preocupación.
-Tal vez. –le respondí con una voz un poco débil.
Esperamos otra hora más hasta que por fin, las pequeñas pirámides daban el aviso de finalización. Parpadeaban brillantemente hasta que dieron un enorme destello. Si nos quedábamos mirando fijamente a estos instrumentos de entrenamiento, podían producirnos ceguera u otros daños, según nuestro viejo maestro en nuestra juventud. Nos tapamos los ojos hasta que por fin todo volvió a la normalidad: los 3 muchachos y mi hijo estaban sentados en el suelo, con una expresión de agotamiento. Ayudamos a levantarlos y les sentamos en las sillas de la mesa de madera dónde nos habíamos reunido anteriormente.
Los cuatro jóvenes reposaron allí durante un momento y se alimentaron bien de unas galletas tradicionales de aquí, Bradford. Expresaban agotamiento y sabíamos que necesitaban reposo después de su dura prueba.
-Cuando termineis de comer, id a descansar a vuestros cuartos. Os veremos en la hora de la cena.
Sophie, Deidre, Uko y Crold asintieron y se disponían a subir a su dormitorio cuando Crold se detuvo. Empezó a toser fuertemente hasta que escupió algo pequeño y transparente al suelo.
-¡Alejaos de él! -dije, extendiendo los brazos y poniendolos en forma de cruz para impedir que las pocas ascuas que brotaban del diminuto elemento hiriese a los humanos.
Se retiraron a unos tres o dos pasos de mi y estaban sorprendidos y algo preocupados por el mini incidente. Crold dejó de toser al fin y dijo con una voz débil:
-L-lo siento...Creia que lo había desintegrado totalmente...
Me acerqué a él y le abracé.
-Hijo mio. -le dije, dándole un beso en su frente. Intercambiamos unas miradas de hijo y madre y se fue con los tres humanos. Me fijé en que Uko se separó de las chicas y fue hacia el pasillo que llevaba a las escaleras.
Narra Sophie.
Era una suerte que hubieramos vuelto ya. La batalla contra aquellas enormes águilas parecía interminable: conseguí terminar con casi todas pero 2 se salvaron de mis ataques. Recuerdo que me tropecé y descendí de la alta montaña hasta chocarme con una saliente de roca en la ladera de esta. Recibí un gran impacto en la rodilla derecha que esta no dejó de dolerme ni de sangrar. Medité sobre mi situación: estaba herida y esos malditos depredadores no dudarian en comerme cuando me hubiesen encontrado.
Miré hacia abajo y el suelo arenoso que daba con el mar no estaba muy abajo. Aún conservaba tres de las flechas que estaban con el arco. Clavé una en la pared rocosa y la quité al minuto siguiente, no fue complicado. Fui descendiendo de la ladera hasta que solo unos pocos metros me separaban del suelo. Quité las flechas clavadas y cai de culo a la arena. Hice una mueca de dolor: la herida seguia abierta y parecia que la sangre de esta no se secaría facilmente.
Parpadeé dos veces seguidas y volví a la realidad. Este hecho anterior parecía que se quedaría bien almacenado en mi mente. Vi que Uko se alejaba de nosotros y fui tras él. El dolor de la maldita herida de la pierna hacía que fuese más despacio.
-!Uko¡ !Espera¡ -dije, mientras avanzaba y ponía mi mano derecha sobre el vendaje de hojas que hice para la lesión.
Por fin llegué a nuestro cuarto y observé que Uko estaba sentado en su cama y con las manos en la cabeza.
-Uko ¿Estás bien?
-Dejame solo. -soltó a la defensiva.
-Te dejaré solo cuando me digas lo que te sucede. En cualquier momento podrían subir Deidre y Crold, y te agobiaríamos aun más. Por favor dímelo, me tienes preocupada y... Aarg -me agaché, apoyando la rodilla izquierda en el suelo y ocultando fuertemente con las dos manos la sangre que se deslizaba por el gemelo derecho.
-!Sophie¡ -exclamó mi amigo, agachándose hacia mi, preocupado -¿Qué te ocurre?
-N-nada grave... Es solo una herida que me hice en la montaña. -dije nerviosa y sonrojandome un poco. Mi corazón empezó a latir deprisa.
-Ven, sientate aquí. -dijo él, ofreciendose como apoyo para que me levantase y para que pudiese llegar hasta la otra litera.
Di un largo suspiro y miré con temor a hacia la puerta. Uko pareció darse cuenta y se levantó de mi lado para cerrarla.
-Uko... por favor, dime por qué estás así. -le dije, con una mirada estremecida.Él suspiró y me dijo que de acuerdo, pero a cambio de que le contase a Catrin y Ogmios mi estado de salud. Asentí y me contó lo que le pasaba. Nada más terminar, le dí mi opinión sobre lo que le habían contado:
-Creo que lo que te ha contado esa tal muchacha de la cueva no es verdad. Te han engañado.
Uko hizo una mueca de enfado.
-No se para que te cuento esto, si no confías en mi...
-Eso es lo que quieren que pienses. Te han contado esa trola para que les creas y dudes de nosotros y de tí. -le contesté, preocupada. No quería discutir con él ni que él se separara de nosotros.
Uko no dio respuesta alguna y salió de la habitación para decirle a Catrin y Ogmios lo de la herida de mi rodilla, y para ver también que qué pasaba con Deidre y Crold, supuse.
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