domingo, 26 de enero de 2014

Cápitulo 34: Respuestas

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[“La tristeza seguía invadiéndome por culpa de ese maldito brazalete, e incluso tenía ganas de destrozarlo y abandonar este tipo de vida. Pero no podía. No puedo abandonar a mis amigos y traicionarles, […]

Observo que se acerca (Uko) a una niebla espesa y escucho palabras o frases sueltas, como “es una suerte, […] el maestro […] alegrará […] plan […] estatua” –Deidre.]


Narra Crold.

Los tres nos quedamos sorprendidos ante los adolescentes del otro bando, no de miedo, sino más bien de odio. Se habían llevado a mi amigo  y habían matado a mi madre, y nosotros no íbamos a parar hasta darles su merecido. Sophie y Deidre y yo nos dimos cuenta de que la mirada de Uko era desafiante, llena de odio (que, comparado con el nuestro en estos momentos, no era más que vulgar) y a la vez inseguridad. ¿Qué le habrían hecho? Seguro que el precio que habría pagado por salvarnos era elevado, o más que eso. Clavé mis garras en el suelo y arañé la tierra para descargar mi ira de alguna manera antes de atacarles, porque si no me volvería loco.

-Ya os habéis calmado ¿Eh?, mejor. –dice el chico de la armadura del gas. –Soy Hirun y ella es mi hermana.

-Estúpido, ya me las valgo yo para hablar. –le contesta su hermana, que se miraba las uñas. –Soy Dinaria, la chica del calor, y será un placer luchar contra vosotros. –decía esbozando una malévola sonrisa.

Los trozos de cemento que yacían en el suelo se elevaron al aire y se pegaron a la armadura del chico del cemento, haciendo que su coraza se volviese más dura. –Mi nombre es Golm, e imagino que ya sabréis cómo se llama nuestro último compañero.

-¡Nos dan igual vuestros nombres! –les grité. -¿!Por qué matasteis a mi madre!?

-Se mató ella misma. –responde Uko, con una voz frívola. Nuestros oídos no daban crédito, y los ojos tampoco.

Que Uko, nuestro amigo diese esa respuesta era como si 100 cuchillos se clavasen en nuestras espadas. Aún no asimilábamos que se había unido al bando de Morrigan, pero el que mi madre se hubiese suicidado era aun más anormal. Y Deidre, Sophie y yo sabíamos que eso era mentira, pero por alguna razón, el ¿Por qué? paralizaba nuestras mentes. Concentré toda mi rabia y odio en mis garras y cogí carrerilla para lanzarles unas zarpas de fuego a los 4 aliados de la oscuridad, pero un círculo de agua pegajosa apagó mi fuego y me atrapó en una red de agua. Tampoco podía moverme. Una gran cantidad de volumen de aire se coló dentro de la red y formó una burbuja hasta que explotó. Aterricé ileso, y tuve tiempo para protegerme de las bolas de cemento que me lanzó Golm con un potente aliento de fuego, aunque Dinaria aprovechó para absorber parte de mi fuego y calentar la zona de nuestro territorio. Deidre empezaba a tener quemaduras en gran parte del cuerpo por culpa del gran ardor que sufría la hierba en esos momentos, y Sophie trató de elevarla para que no se quemase más. Yo era el único que salía ileso del calor de la chica pelirroja. Giré la cabeza hacia Uko y los demás pero una niebla nubló mi vista. Escuché un grito y a continuación otro. Salí de la niebla y observé que Sophie estaba en el suelo, levantándose y que Golm estaba colgado del cuello por un hechizo de Deidre. “Uno menos, por ahora” pensé. Uko y Dinaria estaban intentando hacer una niebla más potente, y avisé a Sophie para que lo impidiese. Su propio humo solo llegó a esconderlos de nuestros ojos, y cuando se desvaneció, habían desaparecido.

-Mierda, han huido... –dice Sophie, que se levantaba del suelo y gemía por el dolor de la espalda. Deidre bajó del árbol y corrió hacia su amiga para ayudarla. Me uní a ellas y dejamos a Sophie apoyada en un árbol.

-Ahora vengo. Voy a por unas bayas y hojas curativas para calmarte el dolor del moratón. –Nos dice Deidre. Sophie y yo asentimos y la chica de la naturaleza corre a buscar lo dicho.
Sophie estaba nerviosa o enfadada, o ambas cosas. Arrancaba la hierba cercana y la tiraba por delante de ella. A decir verdad, yo también estaba molesto, habíamos caído en una trampa de nuestro enemigo y nos habíamos dejado manipular por los sentimientos.

-Crold… Yo, yo sé el por qué Uko está con ellos. –me dice Sophie apenada. Abro mucho los ojos y le pregunto que cómo. Esperamos a Deidre y después de que curase la herida de su amiga, los dos prestamos mucha atención.

-Perdonadme por no habéroslo dicho antes, pero no quería que estuviésemos apenados, antes… de lo ocurrido. Pasó en aquel día, en el que llegasteis tarde a casa de Catrin, y cuando Uko fue a buscaros. Tenía un mal presentimiento, así que salí de la casa para buscaros también. Los enemigos contra los que luchasteis aún estaban en aquel bar, y Uko los vió. Ellos sabían lo que le pasó al tío de Uko y –Sophie se quedó unos minutos pensativa y callada. –y aparte de que fueran ellos los que acabaron con su tío, le hicieron un trato chantajista: si no se unía con ellos, arrasarían Bradford y con nosotros incluidos, pero si se aliaba con ellos, le ayudarían a “buscar” a su tío.

-No fastidies. Ahora estará bajo los hechizos de alguno de los sirvientes de Morrigan, y sería imposible hacerle entrar en razón. –dice Deidre.

-Al menos que consigamos derrotarla a ella y a todos sus aliados, pero para eso tenemos que hacer que los condados de nuestros elementos se revelen y así seremos más fuertes. –les digo.

- Si, es lo único que podemos hacer por él, y por Catrin. –dice Sophie, con un poco de ánimo. –No podemos ser débiles para nuestros enemigos, sino débiles para nosotros mismos.

-Buena reflexión, filosofa. –le bromea su amiga y los tres nos echamos unas risas.

1 comentario:

  1. Me encanta tu blog! Continua así
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