sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 32: Un día de descanso… inesperado


[“-En poco tiempo has conseguido estar a la altura de tus compañeros. Asique este es tu premio. –dice el maestro. La caja metálica se abre y las piezas metálicas se unen a mi cuerpo. Están cubiertas de un lodo escurridizo y marrón.

-Las armaduras protegen nuestro cuerpo, y cada una es de nuestro elemento. –Me explica Golm. Veo que la suya es de cemento, la de Dinaria de calor y la de su hermano mellizo, de gas. Estamos protegidos de pies a cuello, la cabeza no.

-Me gustaría probarla.“ –Uko]


Narra Catrin.

Ya habían pasado dos semanas desde que habíamos vuelto a la tierra para que los jóvenes se hiciesen más fuertes. Dentro de dos días regresaríamos a Éire para avanzar con nuestra misión. Las chicas y mi hijo se han hecho más fuertes y saben controlar mejor sus poderes y dominar con seguridad sus armas. Han seguido entrenando en sus correspondientes pirámides y también han aprendido unos cuantos trucos, como no sobrevalorar al enemigo ni dejarse manipular por él. Después de la “fuga” de uno de sus compañeros, tienen momentos de desánimo, pero intento animarles diciéndoles que si conseguimos reunir los condados de sus elementos y derrotar a Morrigan y su imperio, podremos salvar a Uko de las garras del mal.

Mañana, es por la mañana y me levanto, desayuno, me aseo y visto, y hago las tareas domésticas más tarde de lo habitual. Los chicos aún siguen en sus sueños, durmiendo, y pienso darles el día entero libre Se han esforzado demasiado y se merecen un día de relax. Si se quedan aquí, se preocuparán otra vez por su ex compañero, asique decido llevarles a los mejores balnearios de toda Éire, en un pueblecito que está en la frontera de Lucan (zona de Foyl, fuego) y Blau (zona de Ciam, agua) Después de que se despierten, vistan y desayunen les digo que tengo una sorpresa para ellos y eso hace que se animen un poco más. Abrimos el portal con las pirámides y aterrizamos en Blau, ciudad de Ciam.

-¿Y qué hacemos ahora? –pregunta Deidre. El conjuro de humano en Crold es temporal y tenemos que ocultarlo hasta que vuelva a su forma original.

-Sophie y tu poneros esto. –les respondo dándoles unas chaquetas y una pulsera a cada una, también a mi hijo. –No os las quitéis en ningún momento. Con ellas, sois gente de aquí que solo puede veros así la gente de aquí, pero en cambio, yo os veo con vuestro aspecto original.

-Entonces Uko podría vernos… -comenta Crold.

-Esa es una de las desventajas que hay, lo siento chicos.

Digo un conjuro de teletransporte rápido y llegamos a nuestro destino. Entro con ellos para inscribirlos  y pagar sus entradas, y antes de marcharme les digo:

-Voy a ir a hacer unos recados que me llevarán la mitad del día. Si os ocurre algo, esta pulsera me avisará, iluminando el trisquel de vuestro color según quien esté en peligro, pero no os preocupéis. Relajaos y disfrutad.

-¡Okey, no hay problema! ¡Vamos, chicos! –dice animada Sophie.

Por fin he encontrado tiempo para mí misma y para lo que pienso hacer, aunque tengo que pensármelo detenidamente. Si quiero buscar el libro para “salvar” a mi hijo, tengo que hacerlo mediante otra persona, pero eso implica abandonar a los jóvenes a su suerte y… no me gusta. Tengo que dejarles una señal o algo parecido. Recorro las calles de Blau para reorganizar mis pensamientos, cuando llego a la parte de la costa, que es en acantilado natural y debajo de este hay un trozo de playa desierta, asique bajo a esta para escribir mi mensaje sobre las piedras con la tinta mágica que sale de mis dedos. He terminado el paso principal de mi tarea y tengo que maniobrar el siguiente. Voy a comprarme el periódico del día para despejarme un poco, pero encuentro una noticia importante y de última hora. El bosque de Bradford y Provency ha sido quemado por el ardiente y extraño calor y se han perdido 1.000 hectáreas. Según los guardias del bosque, antes de que se produjese el incendio, vieron a tres sombras veloces por la senda cercana al restaurante destruido.

Salgo de la tienda y me teletransporto al lugar de los hechos. Estoy cerca del establecimiento, dónde se oyen carcajadas. Son los 3 anónimos. Lanzo un rayo hacia el tejado y este se derrumba, cayendo encima de sus cabezas. Como era de esperar, las 3 personas salen de allí rápidamente y se sitúan delante de mí.

-Tú debes de ser la tutora de nuestros objetivos. –dice uno de los chicos, el gordito.

-Será un placer acabar contigo. –dice la chica pelirroja.

-Está bien, pero no aqui. –digo tranquila y conjurando el hechizo de teletransporte y llego a la playa y el acantilado anteriores.

Los chicos y la chica aterrizan en el mar, mientras que yo estoy en la arena y con el acantilado natural a mis espaldas. Me pongo en guardia y el gordito grita su nombre y algo de la armadura de cemento, y unas piezas de cemento se unen a su cuerpo formando una armadura. Lo mismo hacen y les pasa a sus compañeros. Está claro que el enemigo ha querido protegerlos para que tengan más ventaja que nosotros. El chico de cemento me lanza un chorro hacia mis pies y lo esquivo, pero una niebla gaseosa bloquea mi vista. Intento moverme pero el cemento de mis pies me lo impide. “Acabemos con esto lo más rápido posible” oigo y veo una estela de lux que choca con el acantilado y hace que unas piedras enormes caigan sobre mí. El mensaje está intacto.

Narra Deidre.

Estábamos de maravilla en el balneario y pensamos en dar una vuelta por la ciudad cercana. Entramos a la zona de los vestuarios y Sophie se queda parada.

-¿Te pasa algo?

-No, no. Es solo que me ha parecido ver a Uko. –responde, con la mirada fija sobre un chico rubio lejos de nosotros.

-Vámonos, tal vez nos esté buscando. –le digo con miedo. Vamos a subir a las capsulas de cambio cuando alguien nos llama. Es Uko pero no parece él.

-Esperad. –dice sin apartar los ojos de mi amiga. –Tú ¿Tú eres la chica de mis recuerdos?

-¿Eh? –le responde sorprendida. Me mira y piensa su respuesta. –Sí. –dice dolida.

El chico se va y nosotras nos cambiamos y vamos con Crold a la salida. Le digo a mi amiga que no se preocupe, que nos tiene a nosotros y a Catrin, y ella asiente.

Vamos a buscar a nuestra tutora por las calles de Blau, cuando vemos un montón de gente agrupada cerca de la costa. Se oyen murmullos en irlandés pero Crold nos lo traduce: ha habido un derrumbamiento del acantilado natural.

-Y se han encontrado una pulsera parecida a la de mi madre. –dice, tragando saliva. Bajamos al lugar del derrumbamiento y la pulsera de Catrin está en el suelo, tirada… Un escalofrío lleno de tristeza recorre nuestros cuerpos y soy la única que tengo el valor de coger la pulsera de nuestra maestra fallecida. El trisquel de mi color se ilumina y la parte no dañada del acantilado también. Crold pone su pata en el brazalete y su trisquel brilla, haciendo que la luz del trisquel forme unas frases. Sophie se une y tras iluminarse su trisquel, las palabras borrosas se pueden ver perfectamente. Es un mensaje… ¿de Catrin?

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