[“Murmuré un encantamiento de vuelta sin Kin, que había muerto por uno de los lobos, y volví a Letterkeny. Tendría que inventarme una excusa para que Catrin no supiera dónde había estado…”-Dreidre.]
Narra Catrin.
Dejé a Dreidre en el internado y volvía casa. Antes de llegar, pasé por el supermercado cercano y compré lo suficiente como para dos semanas. No me tomé mucha prisa, ya que supuse que Sophie aun seguiría dormida. Estuve comprando durante una hora y finalmente, volví a casa. Dejé las bolsas cargadas de comida encima de la mesa del comedor y me senté a descansar en una de las sillas. Esto de aparentar ser otra persona me estaba agobiando, me sentía más débil y sin capacidad de poder hacer más cosas de las que mi cuerpo humano me permitía. Después de descansar un rato, fui a la cocina a hacerme un té. Entré y me encontré a Sophie sentada con su taza blanca de leche y cereales.
-Buenos días ¿Qué tal has dormido? –le pregunté amablemente, sentándome frente ella y con mi taza de té.
-¿Después de lo que sucedió? Al principio no pude dormir, la verdad, pero finalmente si que pude.
-Me alegro. –dije levantándome. Limpié las tazas y llené la nevera y despensa de la comida comprada. –Voy a terminar de ordenar y limpiar la casa ¿Quieres ayudarme? –Le ofrecí a la joven rubia.
-Vale. Me cambio y te ayudo. –me respondió.
Asentí y empecé a reordenar la cocina. A los 15 minutos pasados, Sophie bajó y le dije que limpiara el salón.
La mañana pasó muy rápido, limpiamos y ordenamos la casa entera, comimos y ambas hicimos nuestros hobbies durante toda la tarde. Sophie tocaba la guitarra y yo me quedaba haciendo ganchillo frente la lumbre del salón.
Sonó el timbre y fui a abrir. “¿Quién será a estas horas”? me pregunté, mirando hacia el reloj que había en la mesilla del pasillo. Dreidre. Parecía estar agotada y sedienta. La hice pasar y le di un vaso de agua.
-Será mejor que te des un baño y descanses un rato. A las siete y media, dentro de una hora, Sophie y tu bajad al comedor, tenemos que hablar. –Le dije tranquilamente, y noté que un escalofrío recorrió su cuerpo. Esperé hasta las siete y media, y Dreidre y Sophie bajaron al comedor.
-Sentaros. La razón por la que os he pedido que vengáis, es… -hice una pausa, tosí una vez y continué –es por vuestro pasado y futuro. –dije con un tono serio.
-Veréis, desde tiempos remotos, ha existido un subsuelo a Irlanda, otra dimensión bajo miles de metros de aquí. Éire. Está formado por los seis elementos: Érra (tierra), Icus (agua), Roxeg (fuego), Elios (aire), correspondiente a los Tuatha dé Danann; Geal (luminoso/luz); y Dorchaigh (oscuro), correspondiente a los Fomoré. Hace 58 años, los Fomoré despertaron del infierno, Olc fue su tierra de Éire. La antigua Irlanda estaba compuesta por 6 condados: Olc, campos malditos, Éadorm, cuevas de luz, Dokumb, bosques de la tierra, Foyl, lagos del fuego, Ciam, volcanes del agua y Arvach, montañas del aire. Desde la guerra de los Tuatha Dé Danann y los Fómore, con la victoria de los protectores del bien, los Fómore quedaron enterrados en los campos malditos del condado Olc, destrozado este también. Hasta que 50 años después, han despertado con su reina Mórrigan, entonces es cuando cuatro humanos de los cinco elegidos, vuelven a Éire para detener otra batalla de luz y oscuridad, obteniendo un trisquel de su elemento correspondiente. Por eso vine aquí.
-¿Entonces, ahora los Fómore intentarán matarnos lo antes posible, ¿no? –preguntó Sophie.
-Sí. Pero lo positivo de esto es que no pueden traspasar los pozos del tiempo para llegar aquí, entonces quiere decir que tenemos un poco de ventaja. Por ahora solo os tengo a vosotras, me faltan dos.
-Uno. –me cortó Dreidre. –Su hijo Crold, tiene el trisquel del fuego.
-¿Cómo?
-Si. –dijo desanimadamente –Esta tarde llegué hacia un lugar de Dokumb, Provenzy, y me encontré su casa y a su hijo. Me dijo algo sobre donde estábamos cuando, unos lobos blancos atacaron la casa, pero al final pudimos derrotarlos. Recuerdo que el más mayor mordió a Crold y en ese momento, el trisquel ardió en su brazo. Pero se encuentra bien, no se preocupe. –me dijo, algo decaída.
-Entonces tú ya sabias algo de esto, bueno, sigamos. Sophie, tu elemento es el aire, cómo pudiste ver ayer por la noche. Tú provienes de la Reina del aire, Vilv. En el fin de la batalla de los malignos y su pueblo de Arvach, tu madre se encontraba muy débil y estaba embarazada de ti. Después de que te diera a la luz y antes de morir, mandó a tu abuela Grainne, escoltada por uno de los siervos del aire, que te alejase de ese lugar en una nube de cristal. Ella te acompañó y se hospedó contigo y con tu supuesta familia, hasta que tuvo que volver a Éire a tu reino.
-¿En-entonces soy una reina? –preguntó asombrada.
-No, aún no. Después os explico el porqué. Y Dreidre, tus padres, por lo que me contó y se pudo enterar Grainne, eran unos comerciantes de joyas en Bradford, otra de las ciudades de Dokumb. Un día, tu padre se encontró un extraño colgante y te lo puso a ti, eso fue lo que hizo que obtuvieras el poder del trisquel en ti y tu elemento, la tierra. Tus padres también lucharon en la guerra e intentando darte la supervivencia en el blanco y fuerte invierno, te metieron en otro de los pozos del tiempo, pensando que te salvarías.
-Por eso siempre me quedé en el internado desde muy pequeña…
-Sí. Nuestra misión ahora, es poder encontrar los objetos místicos de cada elemento que se encuentran en su zona correspondiente de Éire y recuperar vuestros pueblos para poder hacer frente contra el enemigo.
-Mmm… Lo veo guay. ¿Tú qué opinas? –le preguntó Sophie a su amiga.
-Arriesgado pero valiente. –respondió sonriente.
-Bien, entonces ya mañana iniciaremos la misión.


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