domingo, 10 de marzo de 2013

Cápitulo 10: El encantamiento II


[“Llegué a mi ciudad y fui a mi casa. No parecía haber nadie, hasta que vi a mi marido e hijo Jake. Les pregunté por Crold y me dijeron que se había encerrado en el sótano. Me extrañó mucho y bajé a esta habitación.” –Catrin]



Narra Crold.

Desde la noche de aquel día en el que la chica humana había llegado a nuestra ciudad, mi cuerpo se había convertido en el de un lobo. Recuerdo que después de que Deidre se hubiera ido, me quité el vendaje de las hojas para ver si la herida había cicatrizado, y si, pero el trisquel del fuego aún seguía en mi piel. Pasaron unas horas y empecé a notar unos fuertes picores en la zona de la mordedura del lobo blanco. Se estaba haciendo tarde  y comencé a dudar del por qué tardaban mi hermano y mi padre, así que salí afuera. El cielo estaba oscuro e iluminado por la luna llena. Dirigí mi vista hacia la luna por unos segundos y me tapé un poco para que no me cegara con su blanca luz. Volví a notar escozores  en el brazo, y en la mano, además. Me la acerqué y vi que empezaban a salirme pelos castaños-rojizos largos del brazo y mano izquierda. Empezaron a aumentar hasta que cubrieron todo mi brazo izquierdo. Lo siguiente que recuerdo que pasara fue que iba encogiendo y me desmayé. Luego me desperté y vi a mi padre y a Jake. Les pregunté que qué me había pasado y ellos me dijeron que me había convertido en un lobo. Eso me asombró tanto que opté por encerrarme en el sótano  por el bien de mi familia, hasta que mi madre y los tres humanos me convencieron de que saliera de allí.
 
 


Según mi madre, la respuesta y solución a esta mutación que había  sufrido se podría encontrar en las escrituras de antiguos libros que tendríamos por casa. Ella y los tres chavales buscaron por todos los rincones, hasta que la chica de pelo rubio y ojos turquesa pareció encontrar algo.  Se sentaron en la mesa y yo me arrimé a esta, con mucho cuidado. Catrin abrió el libro y empezó a buscar entre todos los títulos de tipos de encantamientos que había allí escritos.

-Polvens, Nugtus, Sifnus, Metamforns. Aquí está. –dijo señalando el título de la última palabra mencionada. –“Metamforns es un conjuro que puede ser transmitido mediante un montón de formas: mordeduras, pinchazos, rozamiento de saliva y sangre, ect… Es transmitido por veneno mediante estas formas ya mencionadas, o también por pócimas de las plantas sobrenaturales en escasas zonas de Éire. Para poder deshacer el hechizo………….” –hizo una pausa, y dijo. –Después no hay nada escrito, debe de haber estado pintado con tinta invisible. Mmm… Es extraño, pero tendremos que ir a hacerle una visita al señor Ogmios, en Bradford.

-¿Ogmios? –preguntó Uko.

-Sí, es un antiguo compañero mío. Será bueno que vayamos, podrá conoceros finalmente, y además, hace mucho que no lo veo… -dijo mi madre, levantándose de la silla. –Será mejor que recojáis, ahora mismo partiremos hacia la capital de Bradford.

-Mama, ¿no crees que sería mejor que fuerais mañana, es decir, que vieran la ciudad hoy y que mañana partiéramos? –pregunté, aconsejando.

-No es mala idea, pero ¿a qué ciudad te refieres? –dijo Sophie.

-A esta, Provenzy. ¿Qué te parece, madre?

-Una buena idea. Voy a preparar los dormitorios, y chicos, no hagáis ninguna tontería.

Los tres humanos asintieron y salimos de casa. Hacía una buena tarde para poder salir a pasear.

-¡Uauh! –dijeron Dreidre, Sophie y Uko al vez.

-¿Os habéis asombrado por las haditas, no? Es normal, son muy hermosas, aunque actúan como los insectos de vuestra tierra.

-¡Ala! Mirad que bonita. –dijo Dreidre, mirando fijamente a una hadita que estaba posada sobre su mano. -¡Es preciosa!


Todos la rodeamos y observamos al pequeño ser mágico. Sophie intentó acariciar su rubio pelo, pero la hadita alzó el vuelo.

-Jo, qué pena, y yo que quería saber cómo era su piel…

Continuamos andando, hasta llegar a la capital Provenzy. Era enorme y abundaba de gente cargada de bolsas.

-Parece que aquí compra mucha gente, ¿no? –comentó Uko.

-Sí. En esta ciudad, se encuentra una gran variedad de tiendas de medicamentos y pociones de plantas mágicas, libros de hechizos y lo básico, alimentos, vestimentas, ect…
Bajamos a la plaza mayor y fuimos a uno de los puestos del mercadillo donde vendían alimentos. Sophie sacó la lista que le había dado mi madre y pidió los productos correspondientes de la lista. Terminamos la tarea y les enseñé parte de la ciudad a los humanos.


Narra Dreidre.

Llegamos a Provenzy, la capital y después de hacer la tarea que nos había encomendado Catrin, Crold nos enseñó un poco la ciudad. Las calles eran muy anchas y estaban llenas de gente. Había un montón de establecimientos de todo tipo y gente saliendo y entrando de ellos, y los edificios eran de baja altura y de madera.

Estábamos de camino a casa de Crold y unos aullidos provinieron de la parte alta de la enorme ciudad. La gente se desesperó y el pánico surgió entre los ciudadanos de Provenzy. Era una manada de lobos blancos.

-¡Rápido, esconderos! – nos gritó Crold, dando vuelta atrás y dirigiéndose hacia la ciudad de nuevo.

-¡Pero...! –Grité yo. No me dio tiempo a terminar la frase porque Sophie había tirado de mi brazo e hizo que siguiera corriendo. Los tres nos escondimos en una especie de cueva. Miré disgustada hacia atrás y solo pude ver la silueta de nuestro amigo corriendo hacia los enemigos…

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